agosto 22, 2026

La mentira, esa herencia colonial

Los directores de medios de comunicación que fueron aludidos por una autoridad de gobierno respondieron con sus notas, pretendiendo desvirtuar el adjetivo de “cártel de la mentira” ensayada por la autoridad. Uno de ellos, un tal Rafael Archondo, hasta escribió en La Razón una nota mofándose del adjetivo.

Sobran los ejemplos para demostrar la existencia de una agrupación de medios que mienten, entre los nombrados están ERBOL, Página Siete, ANF y El Deber, que tienen los mismos objetivos, editoriales, agendan los mismos temas, son fuente y emisores al mismo tiempo; por otra parte, la reiteración en mostrarse como “objetivos o neutrales” es una ofensa a las neuronas del sentido común.

La existencia de periodistas con un pensamiento ideológico contrario a los procesos revolucionarios no es nueva, forma parte de nuestra historia, y si tomamos en cuenta a los cronistas que justificaban el proceso colonial diremos que son la base de una forma de comunicar la realidad.

Los periodistas de hoy, afincados a la oposición política, algunos oficiando de voceros disimulados, son ese continuum colonial que se encuentra desesperado por la existencia y consolidación de un gobierno indígena.

Durante años hacer una lectura exclusivamente de clase de la realidad boliviana fue el pretexto para mantener una ideología teñida de cierto izquierdismo, que se condolía de la situación de los indígenas, mentalidad que se mantiene sobre todo en ese núcleo de “tipnistas”, los intelectuales orgánicos del apartheid ecológico.

Evo Morales no es el “poder”, apenas ejerce una porción del poder político, esta es la dudosa confusión que presentan muchos que pretenden ocultar su ideología, sentenciando que “un buen periodismo siempre cuestiona al poder”.

El poder en nuestro país sigue en manos de la vieja oligarquía acunada por el sistema colonial, y a ese poder jamás lo hemos visto que se cuestione, es evidente que nadie reniega del padre, porque de los citados por lo menos tres tienen vínculos con la Iglesia Católica, una punta de lanza del sistema colonial histórico.

Resulta hasta de mal gusto el citar a Luis Espinal como guía del trabajo periodístico de ERBOL, medio que en este último tiempo ha destilado odio y vileza en sus opiniones; en otras notas ya hemos señalado los mecanismos que definen su ideología basada en la mentira que deja que circule a través de sus inocentes llamadas telefónicas, para decir luego que “es la opinión del pueblo”, una práctica mentirosa en tanto cobija el insulto fácil, el juzgamiento y condena extrajudicial.

Todo lo anotado es un atentado al conjunto de la sociedad, una falta de ética en la práctica periodística, por lo tanto, no deben rasgarse las vestiduras porque se les señale sus defectos.

Los medios de comunicación siempre han jugado un rol político, no es ningún descubrimiento, pero su importancia se encontraba en su capacidad de generar el debate, de contrastar las opiniones e investigar los hechos. Hoy se ha remplazado la investigación seria por un cliché de moda, por una declaración visceral, y el caso Valverde es el más ilustrador ya que sirvió como base de las más variadas especulaciones divulgadas por los medios que nos ocupan.

La credibilidad, piedra angular en el trabajo periodístico, está siendo minada por el trabajo irresponsable de periodistas militantes de la oposición política. El viejo Marx nos recomendaba que para definir lo que una persona es solamente había que ver lo que hacía, en nuestro caso lo que dice.

Ninguno de los medios citados como integrantes de ese cártel de la mentira pueden soportar una revisión de sus actos y demostrar su inocencia, todos han mentido, han formado parte de una mentira, ese es el hecho incontrastable de la realidad, es el dato de la realidad misma.


* Escritor e historiador potosino.

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