agosto 21, 2026

Venezuela, campo de batalla

La agresividad del Imperio sólo irá en aumento. Esta es la conclusión a la que podemos llegar tras un mes de la suspensión del mandato de Dilma en Brasil. La invocación de la Carta Democrática por Luis Almagro en la OEA debe ser tomada de esa forma, como una advertencia de lo que se viene durante los próximos meses.

Aquellos que esperaban una intervención militar por parte de los EE.UU. en Latinoamérica tendrán que esperar. En estos tiempos las cosas ya no funcionan así. Con una economía en declive y gastos ya demasiado altos por sus actuaciones bélicas en Medio Oriente, es poco probable que la Casa Blanca vaya a autorizar una arremetida directa contra nuestro continente.

Ahora las intervenciones se darán mediante agentes locales, oposiciones políticas, medios de comunicación o el sistema financiero que ellos controlan. Lastimosamente es una modalidad para la cual no estábamos preparados.

Luego de resistir estoicamente años de asedio comercial, el pueblo de Venezuela comienza a sentir las heridas de la batalla, y duelen. No obstante, dolerán mucho más si es que la comunidad internacional permite que el ministerio de colonias de EE.UU., la OEA, imponga su voluntad contra este hermano país.

Afortunadamente la iniciativa de Almagro se vio truncada a poco de ser expresada, pero eso no quiere decir que no haya tenido consecuencias. Con la idea sobre la mesa, es muy probable que se siga tratando de sancionar de diversas formas a la Revolución Bolivariana de Venezuela ya no sólo en la OEA sino en otros organismos multilaterales, a la par que la oposición dominante en su congreso seguirá impulsando la desestabilización.

Bolivia fue el primer país del mundo en sufrir esta clase de intervenciones, no violentas, pero basadas en la agresividad de los operadores internos al servicio del Imperio. La soberanía económica, en ese sentido, es fundamental, y en un mundo de economía globalizada, con empresas transnacionales operando en esferas políticas, mantener esa soberanía es muy difícil.

Otro aspecto que resulta preocupante es la pasividad con la que la intervención estadounidense es asumida por los pueblos. Aunque ciertamente no hay un silencio total, tampoco puede decirse que hay una condena explícita en las calles. Aunque por otra parte, en un país tan explosivo como Venezuela, es probablemente una buena idea que sea así.

Venezuela es el frente más activo de la batalla contra el imperialismo en estos momentos, y Bolivia su última trinchera. Los próximos años serán críticos y dependerá de la lucidez de nuestros líderes que no se vuelva hacia atrás.

A pesar de lo desfavorable del contexto económico internacional, la consigna por el momento parece ser simplemente resistir. Después de todo, la hegemonía estadounidense también está en crisis, tanto en lo económico como en lo militar.

La realidad nos acaba de enseñar que nada parece ser posible hasta que sucede y esta capacidad para sorprendernos que tiene la vida podría estar a nuestro favor dentro de poco.

Aguante Venezuela, la solidaridad de los pueblos oprimidos está con ustedes.

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