La semana pasada se realizó la Cumbre de Justicia en la ciudad de Sucre. El evento fue noticia en todos los medios, tapa en muchos periódicos y motivo de múltiples columnas. Se han dicho muchas cosas sobre la Cumbre, y es posible que se sigan dedicando sendas columnas a sus resultados.
Lo que intento a continuación no es tanto un ensayo sobre los contenidos de la cumbre, aunque la aprobación de la cadena perpetua merece un tratamiento y un análisis específico, por tanto esta vez me concentraré en contarles mi propia experiencia y percepciones respecto a la cumbre, donde participé como observador, en calidad de investigador social del fenómeno jurídico.
Bitácora de viaje
Primero, alisté mi viaje para el viernes 3 de junio, si bien temía la conflictividad de los paros y bloqueos del transporte pesado, me preocupaba más el conjunto de acuerdos que se tenían que tejer en la cumbre, sobre todo los relativos a la modificación de la Constitución, en tanto si se quería modificar la forma de elección de las altas autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional se tenía que cambiar algunos artículos de la segunda parte de la Constitución. Finalmente, el jueves 2 de junio se cancelaba la fecha y el lugar de realización de la cumbre, primero mudándola a Cochabamba para el 6 y 7 de junio, para luego regresarla una vez más a la ciudad de Sucre para las fechas 10 y 11 de junio.
Llegó el día y arribé a Sucre el viernes 10 de junio a las 10:45 de la mañana, por primera vez al aeropuerto de Alcantarí, bastante alejado de la ciudad. Este aeropuerto lo inauguraron recientemente y por ello no se registran retrasos en los vuelos a Sucre.
Tras casi una hora de viaje del aeropuerto a la ciudad en taxi, a un costo de 50 bs la carrera, después de dejar mi equipaje en un hotel, tomé otro taxi en dirección al Centro Internacional de Convenciones y Cultura (CICC) ubicado en el sector de La Glorieta, a 7 km de la ciudad. En el hotel me decían que el precio del taxi desde Sucre a la Glorieta es generalmente 10 bs, pero como había mucha gente dispuesta a participar en la cumbre ahora costaba 15 o 20 bs. También el bus n.4 lo lleva a uno a la puerta del Centro de Convenciones (CICC).
Al llegar me sorprendió el tamaño de la Centro Internacional de Convenciones, es gigante. Me comentaba un chuquisaqueño que sólo se lo usó dos veces, para la reunión de Alcaldes de Iberoamérica hace unos meses y para la Cumbre de Justicia en este mes de junio.
La Cumbre de Justicia
Al llegar al CICC vi una inmensa cantidad de personas que se arremolinaban alrededor de la puerta de ingreso, a la par que otro grupo muy grande se manifestaba en contra de la celebración de la cumbre, con pancartas y megáfonos portátiles. Pude reconocer al ex magistrado Cussi acompañado de otros manifestantes. No vi represión ni violencia alguna, ambos, los contrarios y los participantes de la cumbre, convivían en el mismo espacio. La policía sólo miraba de lejos, y en la puerta también se podía ver a algunos ministros dando entrevistas y comentando a los medios sus criterios respecto al evento.
Solicité colaboración de los organizadores de la cumbre, funcionarios del Ministerio de Justicia, los cuáles me dieron una credencial con el denominativo de “Observador”, después de corroborar mi inscripción a la cumbre bajo este criterio. La mayoría de la gente que participaba tenía otras credenciales que explicitaban el número de mesa a la que estaban inscritos. Habían 6 mesas, cada una de ellas trataba un conjunto de lineamientos y temáticas; en ello se repetía la metodología de las pre cumbres.
Luego de hacer otra fila muy larga pude ingresar al Centro de Convenciones, a una especie de hall que tenía hasta tres espacios de verificación de la autenticidad de la credencial, a la primera persona que vi fue a la Ministra de Justicia, que estaba trabajando con el personal de verificación de credenciales, aunque debo manifestar que luego la vi en cada una de las mesas. Los medios de comunicación buscaban entrevistas y había muchas cámaras y micrófonos.
Dado que llegué después de la inauguración y del discurso del Vicepresidente del Estado, las mesas se estaban organizando, exponiendo sus metodologías y presentando al equipo responsable. En cada mesa se podía ver a ministros y viceministros que coadyuvaban al desarrollo de cada espacio de debate.
Impresiones
Mi primera impresión fue la amplia pertenencia corporativa de los asistentes, en la medida en que se presentaban como representantes de una Fejuve, de la CSUTCB, de colectivos y asociaciones de víctimas, de centrales departamentales, de gremios varios. Eran muy pocos los abogados o los jueces o fiscales en las mesas. Es más, a riesgo de equivocarme, podría decir que los abogados pasaban desapercibidos. De esta manera las participaciones de los asistentes tenían esta carga corporativa en sus contenidos y las referencias a que participaban a nombre de x o z organización social. Se hacía mucho énfasis en los acuerdos previos de las pre cumbres, pero también respecto a las deliberaciones que parece se hubieran llevado a cabo en cada organización social respecto a los temas a tratar. Incluso en la mesa que se ocupaba de las directrices para la reforma de la currícula de enseñanza del Derecho, la referencia a que pertenecían a una universidad, a una junta de vecinos, a una federación, o incluso al CEUB, eran características de cada participación.
La característica general de cada participación consistía en una crítica muy dura a los abogados, en sus distintas labores, ya sea como jueces, fiscales, patrocinantes, docentes, académicos, políticos, y un largo etc. La Cumbre de Justicia había logrado desplazar el discurso jurídico de la justicia, por ello habían muchas contradicciones, por ejemplo aprobar la acumulación de penas hasta un máximo de 30 años, esto para no modificar la Constitución, al tiempo que inmediatamente después se aprobaba la cadena perpetua, la misma que no era problematizada como una de las razones para una modificación de la Constitución.
En los descansos que me daba entre una y otra mesa, podía comentar con colegas abogados, ellos muy molestos reclamaban que la cumbre había abandonado el debate jurídico, que pedían decenas de reformas que ya estaban consignadas en la misma Constitución y las leyes, y que por ello posiblemente la cumbre no iba a ir muy lejos.
Es posible que mis amigos juristas tengan o no razón, aunque lo que creo que debería llamarnos la atención no es tanto las propuestas o lo que se aprobó o no en la cumbre, que en última instancia deberá tratarse en otros niveles políticos y en otros espacios de competencia burocrática (como ejemplo la cumbre no podía legislar ni realizar cambios en la legislación mucho menos en la CPE), sino la existencia de una buena parte de la sociedad molesta con el sistema jurídico, con la no aplicación de las normas y con la fabricación de abogados como ladrillos por parte de las universidades. Esta parte de la sociedad que propugna un rechazo a la cultura jurídica boliviana y que nos está mostrando sólo la punta del iceberg en el tema de justicia.
Personalmente creo que la cumbre no es punto de llegada, sino un punto de partida para pensar una reforma judicial mucho más comprensiva.
* Abogado constitucionalista. Participó en la Cumbre de Justicia en calidad de observador.

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