diciembre 5, 2021

Mesa: Neoliberal, expresidente e intelectual

Carlos Mesa no tuvo ni tiene una propuesta alternativa a la de ese voraz programa neoliberal que representó Goni.

Carlos Mesa es una ficha clave para entender nuestra historia política contemporánea y el estertor de los representantes del neoliberalismo, justamente y cuando por sus últimas apariciones mediáticas y sus opiniones queda manifiesta su capacidad de reinventarse una y otra vez, dejando –como decía un amigo– todo lo que hace con un manto de olvido. Pero: ¿Quién es Carlos D. Mesa Gisbert? ¿Qué representa en la escena política boliviana?

Mesa, el gonista

El ingreso de Mesa a la arena política, digamos –en rigor– de participar directamente en la política, fue el año 2002, cuando decide acompañar a Gonzalo Sánchez de Lozada en el binomio presidencial como candidato a vicepresidente. Sobre su postura, él mismo declaraba “[…] Yo siempre he expresado clara e inequívocamente mi posición con honestidad y sin sesgo, entonces me sorprende que alguien diga: ‘¡caramba, había sido gonista!’…” (Oblitas, entrevista a Carlos Mesa, “Carlos Mesa: ‘El concepto es para quién trabajas’”, en: Revista Oh!, 24 de febrero 2002, Nº 144).

Entre las razones de su candidatura sobresale su simpatía con las reformas gonistas del periodo 93-97, mismas que apoyó desde el periodismo que ejercía (Mesa, 2008: 34) [1]. Según Mesa, su conexión con Sánchez de Lozada se remite a su infancia-juventud, de 1960 a 1964, en donde nació su admiración por el MNR y por Paz Estenssoro (Oblitas, entrevista a Carlos Mesa…). Así, aunque hoy se esfuerce por dejar sepultado su pasado de admiración, propaganda y militancia con el gonismo, lo cierto es que no tuvo ni tiene una propuesta alternativa a la de ese voraz programa neoliberal que representó Goni [2].

El 2002 participó de las elecciones con el MNR en binomio con Sánchez de Lozada, como candidato a vicepresidente, logrando el triunfo el 22,46 % de votos, lo que obligó a su partido a un pacto en el Congreso con el MIR, la ADN, UCS y el PS, para al final lograr que tanto Sánchez de Lozada como él asuman la Presidencia y la Vicepresidencia respectivamente. Comenzaba una historia de tormento y traición.

Mesa Presidente, “un objetivo largamente anhelado”

Mesa deja traslucir, en algún lado de su libro-memoria, que lograr la silla presidencial fue “un objetivo largamente anhelado”. El 17 de octubre 2003, en medio de la “guerra del gas”, asumió la presidencia de la República tras la renuncia y huida de Goni. Poco antes se había desmarcado de su mentor y promotor, lo que los MNRistas califican, y puede entenderse tal cual, como traición

Su gestión se caracterizó porque muy rápidamente se desgastó pese a que (auto) asumió un rol de estabilizador frente a la conflictividad de la “guerra del gas” y la efervescencia social. Sus políticas económicas no se diferenciaron de su antecesor, excepto que abierto al diálogo terminó con una actitud conservadora frente a la “agenda de octubre” e impulsó el tema autonómico regional y la elección de prefectos, sobre todo en Santa Cruz, en un claro intento de “equilibrar fuerzas”, además de buscar que su gobierno saliera fortalecido.

Tal vez el rasgo más notorio fue el hecho de que en su gestión chantajeó a la población varias veces con renunciar y antes de hacerlo efectivamente intentó ganarse apoyo social convocando a las “clases silenciosas” a manifestarse en contra de lo irracional de los bloqueos, en una mezcla de fascistización populismo [3] en contra de los sectores movilizados [4]. La gente que vitoreaba a Mesa y denigraba a los entonces dirigentes sociales y pedía “mano dura” para ellos y los bloqueadores, expresaban un pedido de “orden” sobre “el desorden de los movimientos sociales”. No es en vano que Mesa señale como culpable de la “conversión” de los pañuelos blancos de paz a los pañuelos blancos de la violencia a “Evo Morales y sus seguidores” (sic) y que la reacción muchas veces organizada de los grupos de pañuelos hayan caído en expresiones de odio racial.

Mesa, en su papel de estabilizador, logró con su renuncia y pedido a los presidentes de senadores y diputados de seguirle en su “desprendimiento”, salvaguardar la institucionalidad de la democracia liberal [5], aunque, como demostrarían los resultados de las elecciones generales de 2005, la credibilidad de los llamados “partidos tradicionales” quedó mal parada.

De ropaje de intelectual

Vestido con los ropajes de intelectual, de historiador, Mesa se ha “adjudicado” la palabra oficial, la palabra colegida, o como diría Bourdieu, del doxósofo para avalar todo su actuar, así, de Presidente de gestión fallida, de manipulador de “las clases silenciosas”, de quien le dio la espalda a Goni, porque “no sería capaz de matar”(!), pese a que ya había conllevado el febrero negro, de periodista promotor de las maravillas de Ley de Participación Popular y la Reforma Educativa y –por qué no decirlo– del mismísimo libre mercado, del neoliberalismo, eso de “menos Estado y más sociedad”, ahora reaparece como omnisapiente del tema del mar mientras le escuece la posibilidad de ser presidenciable y ganarle a un Evo Morales al que de a poco, según el escozor aumentaba, le iba subiendo el tono de la crítica.

No hay nada nuevo en Mesa, incluso no es nuevo el hecho de que como historiador se dé la potestad de la verdad, como otros historicistas vienen haciendo, incluso en funciones de gobierno, para hacerse un caminito para su proyecto personal.

Es más que seguro que, en este caso, la historia no absolverá a Mesa y sus intentos por ser el mesías de la patria terminarán en donde termina su ego: en su biblioteca ya que eso sí: el dinero permite publicar libros.


* Sociólogo.

1 Ver el libro: Mesa, Carlos, Presidencia Sitiada. Memorias de mi gobierno, Fundación Comunidad/Plural Editores, 2008, Bolivia. Que viene a ser una especie de cursi descripción autobiográfica del periodo de gobierno de Mesa, en donde un acongojado Mesa se justifica infinitamente frente a los –lo diremos así– “malos y poco racionales movimientos sociales” que le exigían nacionalización de los hidrocarburos y Asamblea Constituyente y su ex jefe Goni, que no lo supo escuchar. El tono melancólico de mesías incomprendido y siempre justo, un poco ajeno a la verdad, llega a su máxima exacerbación en el documental del mismo título, que cumplo con dejar la advertencia para que otros incautos no queden atrapados en algo así como 101 minutos de llantos de un no tan honesto Mesa.

2 En algún lado Mesa dijo algo así como que su apoyo a la primera gestión de Goni se refería a la Ley de Participación Popular y la Reforma Educativa del 94, pero obvia que hubo un programa de gobierno, el “Plan de Emergencia 2002-2007”, mismo que aceptó al ser candidato y que estipula la opción neoliberal como receta.

3 Mesa buscó cautivar a la población con su “saber actuar frente a mucha gente” (sic); en su propio relato se pueden rescatar varias expresiones al respecto. Fue populismo porque trató de absorber tras de sí a los sectores de la clase media con discursos y llamados a la acción callejera en contra de los irracionales protestantes, cual estrategia fascista.

4 En este intento logró movilizar a la clase media con “pañuelos blancos” pidiendo “paz social” y vociferando consignas como “mano dura” para los bloqueadores, “mueras” contra los entonces dirigentes Abel Mamani y Evo Morales, además de despertar el latente racismo heredado desde la Colonia española.

5 Aunque el desenlace tomaría caminos más por acuerdo político que por seguimiento a la normativa constitucional ya que se adelantaron las elecciones tanto para diputados y senadores como para vicepresidente y presidente.

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