por: Edmundo J. Nogales Arancibia
Luego de que salieran a la luz las denuncias por corrupción en el Fondo Indígena, muchas cosas han sucedido, como la detención preventiva de la exministra Nemesia Achacollo, demostrándose que no debe haber impunidad para nadie; sin embargo, no todo lo que ha acaecido en este tiempo ha sido positivo.
Muchos se han sumado y prestado al racismo y discriminación contra los trabajadores campesinos e indígenas, por el prado paceño, a personas que andaban con poncho, aguayo o pollera, comenzaron a gritarles “donde está la plata”, “devuelvan el dinero del Fondo Indígena”, muchas de nuestras compañeras y compañeros indígenas se han visto golpeados por algo que tal vez ni siquiera conocieron.
Con los actos de quienes tuvieron a su cargo esos fondos, entre ellos no solamente dirigentes y autoridades sino también personal técnico y profesional que hábilmente esquivó responsabilidad por no ser quienes directamente firmaban los desembolsos, se tildó a todo el movimiento de corrupto, olvidando que son los actos de individuos concretos.
Antes de decirle ladrón a alguien nuestros queridos “ciudadanos” debieran preguntarse si no viven y comen del trabajo del campesino o indígena. Quienes conocen el esfuerzo que deben hacer las personas que viven en el área rural para sanear sus tierras, realizar gestiones administrativas en la ciudad, dejando por algunos días su trabajo, juntando el dinero que tienen para venir a hacer trámites, y que a diferencia del cómodo “ciudadano” que vive en el área urbana no puede hacerlo cualquier día a unas horas de su casa, sino que debe viajar y quedarse lejos de su casa y de su familia.
Pero no es la única dificultad que tienen, también están castigados por un mercado que no es justo con su trabajo ni esfuerzo, por ejemplo, quienes van a comprar al mercado saben que muchos campesinos llegan con bolsas de papa luego de la cosecha para venderlas a las dueñas de los puestos de mercado que a veces no les pagan ni la mitad del precio en el cual venden, y son esos campesinos que con lo poco que obtuvieron de muchas jornadas de trabajo se van comprando algunas cosas que necesitan como pilas para las linternas y todo aquello que vayan a necesitar en la medida que les alcance, y se van con una pequeña bolsa de cosas que compraron dejando los sacos de papa que representan su trabajo.
El cómodo citadino que desprecia al campesino debería estudiar un poco de la historia de nuestro país, y darse cuenta que los pueblos y naciones indígenas han dado mucho por un Estado que recién en la última década existe para ellos; cuando la miserable casta criolla de nuestro país no tenía dinero para pagar al ejército de la naciente república “Bolivia” traicionó la voluntad del Libertador Bolívar, quien había determinado el fin de la servidumbre y que se reconozca el trabajo y los derechos de los indígenas, pero como no tenían otra fuente de ingreso mantuvieron el tributo indígena y el dominio de los españoles, incluso empeorando las condiciones de vida de los indígenas. Al punto que se puede afirmar que los indígenas tenían más derechos en la colonia que en la república.
Fueron los mismos indígenas los que mediante su trabajo convirtieron a Patiño en uno de los hombres más ricos del mundo, quien se llevó la industria y el imperio económico que construyó fuera de nuestro país; lo propio va para nuestra ridícula burguesía que, por cierto, no es muy productiva ya que hasta la agroindustria se beneficia de la subvención al diesel y sin eso su negocio no sería rentable, mientras que al campesino e indígena nadie le subvenciona su producción.
Ha sido grato ver la movilización en Challapata de las organizaciones sociales del Pacto de Unidad, más de 10.000 compañeras y compañeros que sienten suyo el proceso de cambio, que sienten que son parte de este Estado Plurinacional. Es el esfuerzo de nuestro pueblo el que ha sostenido este Estado y no reconocer que ha dado su vida en las minas, en el campo, incluso en las guerras es ser ingrato; hace falta conciencia y conocimiento sobre nuestra historia, saber quiénes somos, mirarnos al espejo y sentirnos orgullosos de pertenecer a este pueblo tan luchador.
* Abogado e Integrante de la Escuela Nacional de Formación Política.

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