enero 12, 2022

Vivir en paz en tiempos de guerra

por: Adriana Guzmán

La guerra de más de 50 años que ha soportado el pueblo colombiano, y principalmente las mujeres de Colombia, empezó en defensa de ideales políticos de autonomía y liberación, los pueblos indígenas ya habían hecho luchas antes de que el Partido Comunista de Colombia inicie la conformación de frentes como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo FARC-EP, el Ejército de Liberación Popular EPL, el Ejército de Liberación Nacional ELN, y el desaparecido Movimiento 19 de abril M-19. Movimientos que en su momento fueron esperanza y ejemplo para la región y que después pasaron a generar miedo, crímenes y terror. Con el acuerdo de paz entregarán sus armas y se someterán a la justicia, a un Comité de la Verdad y la Reparación.

El problema es que hay algunos ausentes en este juicio, la guerra visible no solo la hicieron los grupos armados, también fueron protagonistas y por tanto asesinos los diferentes gobiernos que respondían y responden a los intereses de los latifundistas, oligarcas y hoy a los intereses de las transnacional que tienen ya demarcado los territorios que van a seguir saqueando en Colombia, solo que ya no quieren hacerlo en medio de los conflictos. Ellos, presidentes, autoridades, terratenientes, gerentes de las empresas, no irán a juicio, estarán libres para seguir haciendo la guerra, una guerra sin ruidos de fusiles, sin balas, pero con saqueos, expropiación de territorio a los pueblos indígenas, explotación y muerte, porque hay diferentes formas de matar, a bala o matar de hambre, que no es lo mismo pero es igual.

Los crímenes en la guerra han sido horrendos sí. En medio de los ideales políticos se metieron los intereses económicos, el narcotráfico, la miopía de una izquierda colonial que cree saber cuál es el camino y que el pueblo debe seguirle sin preguntar, que creen que tomar las armas solo es un método y lo convierten en un fin. Las mujeres han sufrido la guerra como madres de guerrilleros, como guerrilleras obligadas a abortar, o se les han arrebato sus hijos paridos en condiciones desastrosas, eso duele, más con la imagen que los medios y los gobiernos han creado sobre el conflicto y no en una inocente denuncia de violación de derechos sino en una intención de escarmentar al pueblo y a los pueblos de la región para que no tomen las armas nunca, que no se les ocurra pensar en la autonomía, ni autodeterminación jamás, que las mujeres no luchen ni se rebelen ante la opresión, para así lograr que desde el miedo y la desconfianza solo quede la opción de creer y defender la democracia y la paz, que puede tener muchos significados, dependiendo a quién le sirva.

Se han escandalizado por la situación de las mujeres en la guerrilla, que ha sido terrible, pero que no es muy diferente a las de otras mujeres en Colombia y en el mundo a quienes matan todos los días, que son violadas, descuartizadas, comerciadas, explotadas laboralmente, sexualmente. Otra vez la doble moral que nos presenta una falsa lucha por los derechos para no enfrentar realmente al sistema patriarcal que tiene metida a la humanidad en una guerra que no se nombra.

Se ha firmado la paz en Colombia, cuando el mundo está en tiempos de guerra, de intervenciones, de genocidio contra las mujeres, contra el pueblo palestino, de ataques contra Venezuela, Brasil, Bolivia. Se ha firmado la paz pero no se han atacado a los verdaderos causantes de la guerra. Sin embargo, tenemos la esperanza que el pueblo colombiano, las mujeres en Colombia le darán sentido a la paz para vivir con dignidad, esa lucha, también es la nuestra.

Sea el primero en opinar

Deja un comentario