Con la firma del Acuerdo se pone fin a más de 50 años de guerra prolongada y cuatro años de negociación. El punto más importante es la desmovilización de la guerrilla y su conversión en partido político. No es un acuerdo perfecto, es cierto, ningún acuerdo lo es, pero es la única luz de esperanza al final de más de cinco décadas de guerra.
La primera vez que estuve en Colombia fue en 1998, desde entonces desarrollé entrañables lazos con ese maravilloso país y su gente. En aquel momento el conflicto armado llevaba casi 40 años de existencia, era ya el más prolongado de la historia de esta región. Confieso que siempre me fue muy difícil entender cómo una sociedad podía sostener un conflicto armado por tanto tiempo, pero lo que me fue más difícil entender es la gran vitalidad del pueblo colombiano, su enorme amabilidad y alegría de vivir en medio de tanta violencia.
Una amiga solía decir que Colombia lo ha visto todo en términos de Violencia, y que sus expresiones y formas más horrendas, allí ocurrieron. Violencia se escribe en Colombia con V mayúscula y cómo no, si el conflicto armado ha dejado más de 8 millones de víctimas, entre ellas 7 millones de personas desplazadas, 220.000 personas asesinadas y alrededor de 80.000 desapariciones forzadas, aunque estas cifras pueden variar según la fuente.
Hace poco volví a tomar conciencia de la magnitud de la violencia desatada en ese país cuando vi las conmovedoras imágenes de Abad Colorado, fotógrafo colombiano que es quizás quien mejor ha registrado el dolor de la guerra en Colombia. Su familia fue también víctima de la violencia. Años antes de que él naciera, una noche la turba entró en su casa, asesinó a su abuelo, que era liberal y degolló al menor de sus hijos, niño aun. Su esposa no quiso alimentarse más y murió de dolor a los cuatro meses. Toda la familia se vio obligada a escapar hacia Medellín, allí volvieron a vivir la guerra entre los años 70 y 90 [1].
Entre otros eventos dramáticos de esa guerra que Abad registró con su lente están las imágenes de la tragedia de Bojayá, una de las más recordadas de este conflicto, para muchos la herida de esa tragedia todavía sigue abierta. Ocurrió el 2 de mayo de 2002, cuando guerrilleros de las FARC, en medio de un enfrentamiento con efectivos de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupo paramilitar de extrema derecha, lanzaron una bomba que cayó en la iglesia de la población y mató a 100 de las 300 personas que allí se refugiaban. Aparte de los muertos, esa bomba dejó una dantesca imagen de cadáveres mutilados por todos lados. Muchos perdieron a más de un familiar. Durante años las mujeres de Bojayá cantaron vestidas de negro recordando a las víctimas de esa tragedia. Uno de los momentos más emotivos del acto de firma del Acuerdo de paz en Cartagena, fue ver a esas mismas mujeres vestidas ahora de blanco cantando majestuosos “alabaos” a la paz.
Los puntos del acuerdo
Con la firma del Acuerdo se pone fin a más de 50 años de guerra prolongada y cuatro años de negociación. El punto más importante es la desmovilización de la guerrilla y su conversión en partido político. Las FARC, el movimiento guerrillero más poderoso de Colombia, entregará el cuantioso arsenal que posee para convertirse en un partido político y participar en las elecciones del 2018. El acuerdo además incluye el desarrollo rural integral, fundamental en tanto uno de los problemas que decantó en la violencia es la injusticia en el acceso a la tierra, la formidable concentración de la tierra y la desigualdad, pobreza y destrucción de cultivos por la importación de productos agrícolas gracias a la firma de acuerdos de libre comercio. El cuerdo además incluye la reparación a las víctimas y de los impactos generados por la guerra, la Participación Política y la búsqueda de soluciones al problema de las drogas.
Dudas y preguntas sobre el acuerdo
Este domingo el pueblo deberá refrendar el Acuerdo con su voto. Es verdad que todavía existen varios temas por resolver y muchas dudas respecto a su futura implementación, la mayor de ellas es la incertidumbre sembrada por la historia, pues recordemos que esta no es la primera vez que fuerzas guerrilleras entregan las armas y se desmovilizan. Ocurrió antes con el M19 que, luego de entregar las armas y convertirse por la vía democrática en una importante fuerza de izquierda, su líder, Carlos Pizarro, fue asesinado en 1990. La pregunta que surge entonces es ¿Qué sucederá si las FARC se convierten en una fuerza política importante por la vía democrática? ¿La extrema derecha respetará su ascenso? De ocurrir esto último ¿Qué pasará con las bases militares estadounidenses en Colombia?
Otra duda surge del hecho que no todos los grupos armados forman parte del acuerdo. El ELN no está, tampoco los paramilitares, uno de los sectores criminales que más víctimas ha dejado en el país, son culpables de miles de masacres, de combatir fuerzas legales de izquierda, de asesinatos de dirigentes sindicales y campesinos y de otros hechos violentos, como el desplazamiento forzado, narcotráfico e incluso cargan con acusaciones de canibalismo [2].
Por otro lado, muchas víctimas se sienten traicionadas por la falta de condenas explicitas y hablan de impunidad, aunque el acuerdo prevé que “no serán objeto de amnistía o indulto delitos de lesa humanidad, genocidio y los graves crímenes de guerra, u otros delitos como la toma de rehenes, tortura, desplazamiento forzado, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales y violencia sexual”.
No es un acuerdo perfecto, es cierto, ningún acuerdo lo es, pero es la única luz de esperanza al final de más de cinco décadas de guerra. John Carlin, afamado periodista británico, experto en conflictos alrededor del mundo, dijo hace poco: “Si votar por el SI es traicionar a los muertos, votar por el No es traicionar a los vivos”. Tenemos la ardiente esperanza de que este 2 de octubre Colombia votará por la vida y empezará el largo proceso de construcción de la paz, que supone, entre otras cosas, construir también la justicia social.
* Es socióloga
1 http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37452970?SThisFB
2 http://www.semana.com/enfoque/articulo/canibalismo-paramilitar/87423-3

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