En un cuento de Jorge Luis Borges titulado De la salvación por las obras, cuenta que “hace un día o siglos”, en Izumo, una isla de Japón, se reunieron las divinidades del Shinto, para hacer un balance de la humanidad. Las divinidades que son kanjis que no se dejan descifrar vigilan desde siempre a los seres humanos ya sea desde un copo de nieve o desde una montaña. Hablaron de las cosas que habían creado, de la naturaleza de “las aguas, los peces, los siete colores del arco, las generaciones de las plantas y de los animales”; así como de los hombres y ellos imaginaron los “instrumentos: el arado, la llave, el calidoscopio. También ha imaginado la espada y el arte de la guerra” y también dijeron han imaginado “un arma invisible que puede ser el fin de la historia. Antes que ocurra ese hecho insensato, borremos a los hombres. Se quedaron pensando. Otra divinidad dijo sin apuro: Es verdad. Han imaginado esa cosa atroz, pero también hay ésta, que cabe en el espacio que abarcan sus diecisiete sílabas. Las entonó. Estaban en un idioma desconocido y no pude entenderlas. La divinidad mayor sentenció: Que los hombres perduren. Así, por obra de un haiku, la especie humana se salvó”.
Si bien Borges no entendió el haiku que recitó la divinidad, tal vez con uno del maestro Matsuo Basho: “Este camino/ nadie ya lo recorre, / salvo el crepúsculo”, sea suficiente para entender porque la poesía nos salvó de la destrucción. Ahora, más que nunca, se hace necesario volver a recorrer el camino de poesía que nos integre y volvamos a mirarnos a nosotros mismos en los ojos y en las palabras del otro. Así lo entiende el movimiento Poético Mundial y nos convoca a todos los poetas, escritores y artistas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo, a una Acción Poética Planetaria Contra la Guerra Nuclear Por la Vida en la Tierra. “Más allá de las posibles diferencias de razas, culturas, credos políticos, filosóficos, religiosos o preferencias sexuales, hacemos un llamamiento a que se sumen, a los activistas de toda naturaleza: ambientalistas, pacifistas, luchadores por los derechos civiles, que privilegien los valores de la vida por encima de la muerte, la violencia, la depredación ambiental, la desigualdad y la injusticia”, señala convocatoria lanzada por la coordinadora para realizar una Acción Poética Contra la guerra y por la paz en todo el planeta.
Nosotros, seres humanos, poetas y escritores, que amamos la vida, luchamos por la paz, protegemos nuestra tierra, desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, hacemos nuestras esas palabras y, convocados por el Movimiento Poético Mundial, queremos contribuir a la construcción de escenarios de coexistencia pacífica, mediante las acciones poéticas congregacionales y formativas, promoviendo el respeto por el otro y respetando las diferencias, nos reuniremos para convocar al espíritu de la paz, al alma de la vida misma y junto lanzar una oración por nuestro planeta. Apoyando al Movimiento Poético Mundial, haremos una Jornada Poética en Bolivia se realizará la primera el 5 de octubre en el Centro Cultural Simón I Patiño de la ciudad de Santa Cruz; participarán poetas consagrados con noveles. Ya nos han confirmado su participación poetas de La Paz, Cochabamba, Oruro y Tarija. El WPM nos informa que más de 50 países de los 5 continentes ya han confirmado estas acciones. Varios amigos poetas están a cargo de la organización en sus respectivos países, por ejemplo en Brasil está Lucila Nogueira y Manuel Pinzón Amaya; en Colombia, Fernando Rendón; en Chile, Oscar Saavedra; en Costa Rica, Norberto Salinas y Dennis Ávila; en Cuba, Alex Pausides; en El Salvador: Otoniel Guevara y William Alfaro; en Estados Unidos, Jack Hirschman y Roger Santiváñez y en Perú, Renato Sandoval.
La poesía nos ayuda a la meditación y a la reflexión acerca de la vida misma. Por eso la poesía no puede ser únicamente un objeto del intelecto, una cosa académica, sujeta a interpretaciones científicas. La poesía, por su carácter humano está más cerca de la magia que de la ciencia, más cerca de los sentimientos que de la razón. Y el poema puede convertirse en un puente sensorial entre el autor y el lector, de tal manera que se confundan en ese vínculo casi sagrado en el que el lenguaje da cuenta del ser humano y el ser humano da cuenta del lenguaje. Ya lo dice Octavio Paz: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la esclavitud poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. (…) Por otra parte, la piedra de la estatua, el rojo del cuadro, la palabra del poema, no son pura y simplemente piedra, color, palabra: encarnan algo que los trasciende y traspasa. Sin perder sus valores primarios, su peso original, son también como puentes que nos llevan a otra orilla, puertas que se abren a otro mundo de significados indecibles por el mero lenguaje. Ser ambivalente, la palabra poética es plenamente lo que es -ritmo, color, significado- y, asimismo, es otra cosa: imagen. La poesía convierte la piedra, el color, la palabra y el sonido en imágenes. Y esta segunda nota, el ser imágenes, y el extraño poder que tienen para suscitar en el oyente o en el espectador constelaciones de imágenes, vuelve poemas todas las obras de arte.”

Leave a Reply