Los apocalípticos sacerdotes de la democracia liberal y republicana vienen batiendo palmas creyendo que es el turno de América Latina en lo que ha sido el desarrollo de “las primaveras democráticas” como ocurriera en Europa y después en el mundo árabe.
El retorno de un gobierno neoliberal como el de Macri no fue precisamente el resultado de una fortalecida derecha, sino la consecuencia de decisiones erradas como el pensar que votar por Macri era lo mismo que votar por Cioli. Las movilizaciones contra el macrismo, creemos que corresponden a una auténtica autocrítica sobre la conducta electoral del pueblo argentino. Por supuesto hay una resistencia activa frente al retorno del neoliberalismo en la Argentina.
La grotesca destitución de Dilma Rousseff mediante una maniobra congresal que terminó engullendo también a sus gestores, tampoco significó un aplastante triunfo del neoliberalismo sino simplemente la consumación de un episodio que devela para qué sirve la institucionalidad democrática burguesa y por supuesto no significa necesariamente la consolidación de un proyecto de derecha en el Brasil.
La entronización en el poder de un out sider como Jimmy Morales en Guatemala es otro efecto de una situación de desgaste de la clase política conservadora y pro imperialista llevada al extremo, y que convierte a cualquier líder carismático en el potencial salvador de la patria.
Por tanto, la “sintomatología” con la que la derecha pretende argumentar la llegada de “la primavera democrática latinoamericana”, tiene una mala conclusión, pues lo ocurrido en nuestro continente fue más un resultado de errores de conducción de nuestros procesos que de aciertos de parte de la derecha regional.
Entonces los efectos que hoy vivimos en la región no significan necesariamente la consolidación de un proyecto de derecha y pro imperialista sino la coagulación de nuestros errores políticos, situación que sin duda puede ser transformada en un futuro mediato.
Y uno de esos resultados también resulta la elección de Lenin Moreno en Ecuador, ya que el pueblo ecuatoriano pudo sopesar lo que habría significado elegir como presidente a un banquero neoliberal.
Por eso es preciso observar los resultados prácticos de las primaveras que supuestamente trajeron mayor democracia en los países acusados generalmente de tener gobiernos autoritarios.
¿Qué pasa hoy en Europa del Este? No han conseguido un desarrollo económico que les permita sustituir sus exportaciones, carecen de un sistema financiero propio, están fuertemente endeudados. Pero lo más grave es que estos países que supuestamente se liberaron de regímenes autoritarios, hoy se están constituyendo en los países con gobiernos de fuertes tendencias autocráticas. En resumen, el remedio resultó peor que la enfermedad.
¿Y cuál es la situación en los países donde se produjo la “primavera árabe”?
Falta de crecimiento económico, inmensa tasa de desempleo o dicho de otra manera, la más alta tasa de desempleo en el mundo, corrupción endémica generalizada, descomunales desigualdades sociales, gobiernos despóticos que “suprimieron las dictaduras”, ausencia de libertades ciudadanas.
Entonces otra vez entra en cuestionamiento la democracia liberal y republicana, hija de la revolución francesa. Las guerras de cuarta generación hacen imposible el ejercicio de libertades políticas ya que la dictadura de los medios oprime el desarrollo de las conciencias libres de las sociedades civiles y sus agrupaciones ciudadanas que generaron primaveras para caer en el peor de los inviernos. ¿Se construyó en esos países un sistema electoral que permitió elecciones libres y la redacción de constituciones democráticas? No. Definitivamente no pues detrás de esos procesos se encontraban especialmente Estados Unidos y Francia controlando esas “primaveras”. Simplemente se construyeron democraduras.
Hoy Libia, Siria, Yemen e Irak son territorios en los que reinan bandas armadas fundamentalistas financiadas por Arabia Saudita y sus socios occidentales.
Las “primaveras” que supuestamente estaban diseñadas para hacer renacer una nueva cultura democrática y política “occidental” con nuevos paradigmas de participación, sólo sirvieron para develar la crisis sistémica de un capitalismo crudo y duro que más bien parece que se acerca a su otoño.
Por lo expuesto: ¿“Primavera latinoamericana”? No gracias. No somos brutos.
* Sociólogo. Militante Guevarista.

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