Sin duda el “Teatro de Los Andes” se ha convertido en un referente de las artes escénicas no solamente en Bolivia, ahora es reconocido en distintos lugares del mundo.
Muy amablemente la actriz Alice Guimaraes nos concede una entrevista para adentrarnos más en el elenco, sus orígenes, procesos y visiones.
La Era (LE).- ¿Cuándo nace el Teatro de los Andes y cómo? ¿Por qué el nombre?
Alice Guimaraes (AG).- “El Teatro de los Andes nace en 1991 cuando César Brie, Nayra Gonzales y Giampaolo Nalli llegan desde Italia para fundarlo. La idea era iniciar un proyecto teatral en América Latina pero después de pasar por Argentina, Chile y Ecuador finalmente llegan a Bolivia y deciden establecerse aquí. En esta época el teatro en el país estaba un poco “dormido” y, justamente porque era un lugar dónde no había casi teatro, decidieron que era el perfecto para empezar su proyecto.
Como en un primer momento pensaron en establecerse en Chile o Ecuador, el nombre inicial era “teatro del Pacífico”, luego de llegar a Bolivia, lo cambiaron a Teatro de los Andes.
LE.- ¿Qué línea de trabajo adoptan? ¿Qué influencias tiene?
AG.- El trabajo del Teatro de Los Andes está caracterizado fundamentalmente por la creación colectiva. Todos, director y actores, aportan en la misma medida a la creación en diferentes disciplinas; desde la elaboración de elementos de la puesta escena, hasta la propuesta musical, escenográfica y dramatúrgica. Nuestra filosofía es el “teatro de grupo” en la acepción específica del término. Todos se ocupan y responsabilizan del trabajo realizado en todos sus aspectos: artístico, técnico, estructural y organizativo. Buscamos estar profundamente conectados con la realidad a nuestro alrededor y tratamos de reflejar en nuestras obras las inquietudes y cuestionamientos propios y de la sociedad que nos circunda.
Nuestra sede, localizada en una pequeña hacienda a 15 km de la ciudad de Sucre, es un espacio pensado no solo para preparación y presentación de espectáculos, sino también como un lugar para compartir e intercambiar experiencias artísticas y humanas. Allí dictamos talleres-residencia sobre el trabajo del actor y la puesta en escena; realizamos encuentros e intercambios con otros actores, bailarines, titiriteros y músicos; hospedamos otros grupos y artistas; y también nos dedicamos a proyectos sociales dónde el teatro no es fin en sí mismo, es un medio de discusión e inclusión social.
Creo que las influencias en nuestro trabajo son una mezcla de tradiciones teatrales de origen europeo, a las que definimos como “occidentales” (llegadas aquí desde los tiempos de la colonia hasta el actual Teatro Contemporáneo) y las manifestaciones artísticas originarias.
La cultura tradicional en Bolivia, de origen autóctono, es todavía muy presente en la vida cotidiana. Es imposible no vivirla y sería una pena no dejarse impregnar de ella, ya que proporciona elementos muy ricos e inspiradores para quién trabaja con arte. Es casi natural que estos elementos aparezcan en nuestras obras. Como es natural que se mezclen muchas otras cosas más, ya que somos un grupo multicultural. Desde sus inicios, pese a ser un grupo residente en Bolivia, sus integrantes son de diferentes nacionalidades y, los que son de nacionalidad boliviana, son de distintos lugares de Bolivia con costumbres y hasta idiomas distintos. Esas diferencias no son obstáculos, al contrario, incrementan el proceso creativo, proporcionando la complejidad necesaria para llegar a un resultado artístico vivo, original y universal.
LE.- ¿Cuáles son sus obras más significativas y por qué?
AG.- Creo que en cada momento la obra “actual” es la más significativa. Sin embargo pienso que fue con “Las Abarcas del Tiempo” que el grupo se volvió un ícono del teatro latinoamericano y luego con “La Iliada” se consolidó como uno de los grupos más reconocidos por la calidad y profesionalismo de su trabajo no sólo en Latinoamérica sino también en el mundo.
Con la salida de César Brie, muchos pensaban que todo se había terminado, porque el teatro contemporáneo es adicto a una figura que es el “director”, quién prácticamente idealiza un espectáculo y llama los actores para que lo ejecuten. Nosotros somos un grupo. El director es uno más en el proceso creativo. Todos somos creadores. Y como grupo desarrollamos una poética propia. Los últimos espectáculos, hechos post-César Brie, son muy significativos como afirmación de nuestra identidad. Hamlet, de Los Andes y Mar pese a tener directores/dramaturgos invitados, son proyectos nuestros con lenguaje, estética e ideología propios del Teatro de Los Andes.
LE.- ¿Qué ha diferenciado a Los Andes de otros grupos teatrales al punto de representar a todo el país?
AG.- Creo que es el profesionalismo absoluto que se refleja en la calidad artística. Nosotros hemos podido vivir del teatro que hacemos hasta ahora y tener el reconocimiento que tenemos porque nuestro trabajo es profundo en estética y temática, porque nosotros jamás abandonamos la investigación y no nos contentamos con poco. Siempre vamos a los límites y arriesgamos. Hasta ahora funcionó porque siempre nos ha regido el rigor y la disciplina para con nosotros mismos.
LE.- A parte de la actividad de creación escénica dictan talleres. ¿Cómo funcionan? ¿Cuál es la idea de ellos? ¿Objetivos? Y principalmente, ¿cuál es el alcance y repercusión hoy en día?
AG.- Nuestra actividad pedagógica en los últimos años se ha intensificado muchísimo. Además de los talleres-residencia intensivos que dictamos en nuestra sede, también trabajamos con jóvenes de Sucre y de provincias con el proyecto Lanzarte Jóvenes y Democracia de SolidarSuiza/AOS, del cual es responsable Gonzalo Callejas que trabaja con este proyecto ya hace 9 años.
El objetivo de nuestros talleres es hacer conocer y practicar la metodología de creación desarrollada por el Teatro de Los Andes en sus 25 años de actividad teatral.
Por otro lado trabajamos con el teatro como una herramienta social y educativa con el objetivo de colaborar a un mayor desarrollo de las capacidades individuales, sociales, intelectuales, culturales y emocionales de los jóvenes, principalmente a los que tienen acceso a las actividades artísticas.
Tratamos de facilitar recursos y elementos críticos como elementos textuales, estéticos, históricos y simbólicos, para que así puedan utilizar y disfrutar en toda su dimensión del teatro.
Desde nuestra experiencia empezaron a formarse actores, directores, dramaturgos que luego han buscado sus caminos. También se han formado grupos jóvenes que empezaron desde nuestros talleres.
LE.- ¿Qué tan diferente es los Andes respecto a sus orígenes?
AG.- Creo que la principal diferencia es que ya no vivimos en comunidad. Desde 2010 nuestra sede dejó de ser lugar de vivienda y ahora es nuestro lugar de trabajo. Volvemos a residir por cortos períodos cuando dictamos talleres-residencia y cuando estamos preparando alguna obra nueva para intensificar el trabajo.
Otro cambio es que no trabajamos solamente con “miembros” del grupo, sino también con artistas invitados y colaboradores (directores, músicos, actores, técnicos y en la parte organizativa).
LE.- ¿Qué ha sido lo más difícil para mantener vivo a Los Andes?
AG.- Creo que la cuestión económica es lo que hace todo más difícil y a veces nos limita en proyectos que nos gustaría hacer, también el poco reconocimiento institucional en Bolivia (porque el reconocimiento del público lo tenemos).
El Teatro de Los Andes ha pasado por muchas crisis, mucha gente se ha ido y ha llegado, pero siempre hemos podido mantener la ideología artística y es eso que nos mantiene vivos.
LE.- ¿Qué proyectos o planes tienen ahora?
AG.- Ahora estamos pensando en un próximo espectáculo del grupo, en aprovechar el hecho de que finalmente Iberescena está en Bolivia y arriesgarnos en algo distinto… También debemos hacer 2 o 3 talleres residencia en enero/febrero porque tenemos mucha demanda. Vamos viviendo el día a día. Mientras el proyecto tenga sentido para los que estamos, seguiremos adelante. Todavía hay muchas cosas que queremos hacer.

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