agosto 17, 2026

“Octubre blanco”: la guerra del gas en la memoria colectiva

Se ha acuñado el término peyorativo de “octubre negro” para denominar a la rebelión ciudadano/na en las jornadas de septiembre y octubre de 2003. Prefiero contrastarlo con “Octubre blanco”, porque el color negro no puede seguir con connotación negativa y hasta racializado a los “negros”. El 17 de octubre del citado año, el presidente agringado Gonzalo Sánchez de Lozada y sus ministros huían del país después de haber ordenado la masacre de casi 70 muertos y 500 heridos, mediante la represión militar, a la cabeza del funesto ministro genocida Carlos Sánchez Berzaín. El episodio más dramático se suscitó el 12 de octubre, cuando militares reprimieron con disparos a los vecinos de la ciudad de El Alto que estaban en paro contra la venta de gas a Chile.

Octubre de 2003, es el quiebre de las políticas neoliberales impuestas en el país desde 1985. Es el inicio de la etapa de transición que culminará con la elección del actual presidente Evo Morales en diciembre de 2005 y su asunción en enero de 2006. Sabemos que en el plano jurídico de enjuiciar y extraditar a Sánchez de Lozada, Sánchez Berzaín y otros ministros involucrados para que paguen sus culpas en alguna cárcel nuestra, no es exitoso hasta el momento. Se han dado pasos importantes; sin embargo, sólo cuando sean declarados culpables de la masacre ordenada y estén recluidos habrá triunfado la justicia. Hoy los “masacradores blancos” están en gringolandia, muy bien protegidos por las autoridades y sus aliados.

Los actos de recordación desde el 2004 hasta el presente no tienen gran trascendencia como se esperaría. ¿Por qué es importante que la rebelión de octubre de 2003 perviva en la memoria colectiva? Pues la insurrección de octubre tiene parangones a los sucesos de la revolución de abril de 1952. Posibilitó que se quiebre las políticas de los neoliberales, sus tendencias sociales y políticas y, que emerjan nuevas fuerzas sociales, políticas, económicas y culturales del país. Es la inauguración del Pachakuti, el cambio, el profundo trastrocamiento político que todavía la vivimos. No se puede olvidar la memoria de miles de vecinos de la ciudad de La Paz y El Alto que mediante turnos bloqueaban las carreteras y que encontraban un punto de confluencia como es la histórica plaza San Francisco en la ciudad de La Paz. Tampoco es posible olvidar la llegada de los mineros a la ciudad para cristalizar el triunfo de la guerra del gas aquel 17 de octubre. Todo acto de la memoria colectiva es profundamente generacional, conciencial, política y educativa. Si se pudiera recordar con conmemoraciones concretas, inclusive con pasajes teatrales de los acontecimientos de octubre de 2003, será apostar para que no se olvide aquellos sucesos que se vivió y que cambió el país y, de la que hoy disfrutamos.

En la apuesta por la pervivencia de la memoria colectiva de la rebelión de octubre, no pueden estar ausentes las expresiones culturales, hasta ahora ha merecido muy poca atención de los distintos niveles de gobierno y sus instituciones culturales. Organizar expresiones sobre octubre en obras musicales, de pintura, escultura, fotografías, documentales e incluso la publicación de investigaciones y obras de historia oral, coadyuvaran decididamente que la lucha de la guerra del gas, no quede anclado en el mero pasado histórico, sino que siga siendo el presente y pueda permitirnos soñar en un futuro mucho mejor de la que vivimos hoy en día.


*       Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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