por: Martín Bazurco
Para decirlo de forma concreta, frente al cambio climático los países desarrollados, con mayor responsabilidad en las emisiones de GEI, tienen el deber de reducir de forma significativa sus emisiones. Mientras que, los países en desarrollo tienen como deber principal de crear las condiciones para que sus poblaciones y comunidades sean menos vulnerables a los efectos del cambio climático.
A lo largo de este 2017 hemos sido testigos de una importante serie de eventos climáticos extremos. La actividad ciclónica en al Atlántico Norte, ha sido particularmente activa incluyendo una sucesión de huracanes de gran magnitud que han causado enormes daños materiales y pérdidas humanas a su paso por el Caribe [1]. Se han producido inundaciones con efectos devastadores en Asia, América y África provocando miles de muertos y millones de damnificados [2]. Mientras que las hambrunas han vuelto a azotar al continente africano de la mano de la sequía[3].
Sin ir tan lejos, las nevadas atrasadas o adelantadas, las granizadas, los patrones de lluvia cambiantes, las sequias y las inundaciones han hecho evidente a los ojos de todos nosotros, que el clima ha cambiado. Hoy más que nunca somos conscientes de que los efectos del Cambio Climático han dejado de ser una posibilidad y se han convertido en una dolorosa realidad.
Sin embargo, también debemos comprender y reconocer que, si bien el Cambio Climático y sus efectos tienen un carácter global, y nos involucra a todas y todos, su impacto recae con mayor fuerza sobre aquellos países más vulnerables, los más pobres, los que tienen menos infraestructura, y poseen menores capacidades de respuesta.
En su informe preliminar, presentado en noviembre pasado, la Organización Mundial de Meteorología señala que los fenómenos extremos han representado el mayor riesgo para la humanidad en distintos ámbitos como la salud, la seguridad alimentaria y los desplazamientos forzados, fundamentalmente en los países menos desarrollados.
Puede parecer una paradoja, pero no lo es, puesto que la crisis ecológica actual, nuestra vulnerabilidad climática, la pobreza el acceso desigual a la tecnología y la concentración de la riqueza son resultados de un mismo proceso: el desarrollo capitalista.
El mundo frente al Cambio Climático
Las desigualdades con las que enfrentamos el Cambio Climático no son una novedad. Hace 25 años atrás la comunidad internacional decidió asumir su responsabilidad frente a esta fenómeno, celebrando en 1992 en Río de Janeiro (Brasil) la “Cumbre de la Tierra” donde se adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Desde sus inicios la Convención asumió el objetivo frenar el aumento de la temperatura media mundial y limitar así el cambio climático resultante, a la vez que hacer frente a sus impactos que a estas alturas son inevitables, tomando en consideración la diversidad de condiciones de cada uno de sus miembros.
Es por esto que, en el marco de la negociación multilateral y de forma consensuada, la Convención ha establecido varios principios que orientan su accionar y establecen las responsabilidades de los países. Entre éstos está el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, el cual reconoce que, si bien todos los países deben asumir acciones para enfrentar el cambio climático, el nivel de responsabilidad de cada uno es diferente y está asociado a su participación en la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) responsables del calentamiento global.
Entonces, debido a su responsabilidad histórica y actual, y considerando que son los principales responsables en las emisiones de GEI desde los inicios de las “revolución industrial” hasta nuestros días, los “países desarrollados” tienen la responsabilidad de liderar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, y adicionalmente tienen el deber de dar apoyo a los países menos desarrollados mediante la efectiva transferencia de recursos financieros y de tecnología [4].
Por su parte los países menos desarrollados deben enfocarse principalmente en el desarrollo de sus capacidades de adaptación, y de forma condicionada al acceso de tecnología y financiamiento, como lo establece el artículo 4.7 de la Convención “…la medida en que las Partes que son países en desarrollo lleven a la práctica efectivamente sus compromisos en virtud de la convención dependerá de la manera en que la Partes que son países desarrollados lleven a la práctica efectivamente sus compromisos relativos a los recursos financieros y la transferencia de tecnología, se tendrá plenamente en cuenta que el desarrollo económico y social y la erradicación de la pobreza son las prioridades primeras y esenciales de las Partes que son países en desarrollo”.
En 2015 después de una larga negociación se alcanzó el Acuerdo de París, orientado a lograr reducir las emisiones de CO2 de tal forma que la temperatura promedio al 2100 no se incremente más de 2 Cº respecto a la era preindustrial. Para esto el instrumento de acción principal son las Contribuciones Nacionalmente Determinadas, es decir los compromisos definidos de forma voluntaria y soberana por cada uno de los países, de acuerdo a sus responsabilidades diferenciadas.
Para decirlo de forma concreta, frente al cambio climático los países desarrollados, con mayor responsabilidad en las emisiones de GEI, tienen el deber de reducir de forma significativa sus emisiones. Mientras que, los países en desarrollo tienen como deber principal de crear las condiciones para que sus poblaciones y comunidades sean menos vulnerables a los efectos del cambio climático.
La Contribución Nacionalmente Determinada de Bolivia es coherente con este mandato en el marco del desarrollo integral y sustentable. Sus metas están orientadas reducir nuestra vulnerabilidad aumentando nuestra capacidad de almacenamiento de agua, ampliando el acceso a agua potable, incrementando nuestra capacidad de generación de electricidad aumentando la participación de fuentes renovables y alternativas, ampliando la capacidad de producción de alimentos, haciendo crecer la superficie de cultivo bajo riego, incrementando significativamente la superficie de bosques y erradicando la pobreza [5].
Lamentablemente, hoy vemos que el país que más gases de efecto invernadero ha emitido, responsable de casi un tercio del total de toneladas de CO2 que ha emitido la humanidad desde la revolución industrial, y por tanto el país que más ha contaminado nuestra atmósfera se ha retirado del Acuerdo de París. La retirada de los Estados Unidos del acuerdo climático, no sólo lo aísla como el único país que no es parte, también lo posiciona como una amenaza mundial. En palabras del presidente Evo Morales “nuevamente podemos identificar quien es enemigo de la humanidad, de la vida, quien es el enemigo de la Madre Tierra”.
La salida de Estados Unidos supone un golpe a la institucionalidad internacional en materia de Cambio Climático, en la medida en que se pierde una de las fuentes de financiamiento. Lo más grave es, sin embargo, que con su retirada la posibilidad de alcanzar las metas globales de reducción de emisiones es mucho menor. Esto es sin duda alguna un atentado contra el mundo, una violación del derecho a la vida de todo el planeta.
El resto de países desarrollados tampoco avanzan con la celeridad necesaria en el cumplimiento de sus responsabilidades de mitigación (reducción de emisiones). Mientras nuestros pueblos deben enfrentar día a día los efectos de la crisis ecológica, en una lucha por la supervivencia, gobiernos y países del llamado “primer mundo”, supeditan su acción al cálculo económico, a su capacidad de mercantilizar las funciones ambientales, a la posibilidad de crear un nuevo y rentable mercado “verde”. Hace varios años atrás Tony Blair, entonces Primer Ministro del Reino Unido señalaba al cambio climático como “la mayor falla de mercado” de la historia, al haber cometido el error de no considerar las externalidades de la producción de combustible fósil. Hoy Europa y el resto del mundo desarrollado, parecen querer subsanar este “falla de mercado” con más mercado. Un sinsentido que no tardaremos en confirmar, bajo la forma de más sequías, inundaciones, huracanes, inseguridad alimentaria, enfermedades y muerte.
El Estado Plurinacional de Bolivia cumple hoy con sus obligaciones en materia de lucha contra el cambio climático, construyendo un país menos vulnerable y resiliente, garantizando el acceso al agua, con hoy en día es un derecho humano garantizado en la Constitución Política del Estado, ampliando el acceso a los servicios básicos, desarrollando nuestra infraestructura vial y desarrollado nuestras capacidades de producción de alimentos. Recorrer el camino del desarrollo integral y sustentable es la forma más coherente y efectiva para enfrentar la crisis ecológica global desde Bolivia.
Pero no basta cumplir nuestra cuota de responsabilidad, a nivel global debemos seguir denunciando las causas estructurales del cambio climático, el capitalismo predador, y exigir con firmeza a los países con mayor responsabilidad en el cambio climático, que asuman su deuda climática frente al mundo y detengan su marcha frenética hacia la destrucción de la Madre Tierra. Si no reducen sus emisiones ahora no habrá marcha atrás. El tiempo de los discursos se ha agotado necesitamos actuar ahora.
* Viceministro de Comercio Externo, Interno y Exportaciones.
1 Irma y María, huracanes que alcanzaron categoría 5, fueron los responsables de la casi total destrucción de varias islas caribeñas principalmente Barbuda, Anguilla, Saint Martin, y de cuantiosos daños en las Islas Vírgenes, Cuba, República dominicana y Puerto Rico.
2 India, Nepal y Bangladesh han sufrido inundaciones en la temporada monzónica con un saldo más de 1200 fallecidos y alrededor de 40 millones de desplazados y damnificados. En el Perú las lluvias y las riadas afectaron a aproximadamente medio millón de personas, incluyendo más de 70 fallecimientos. Las inundaciones en el sur de China han provocado 65 muertos y daños materiales de más de $us 5000 millones.
3 Tan sólo en Somalia, Etiopía y Kenia las personas que enfrentan una “inseguridad alimentaria extrema” supera los 11 millones.
4 La Convención ha oficializado esta diferenciación entre países agrupando a los países desarrollados en el denominado Anexo I, de tal forma que sus decisiones, acuerdos, acciones y metas, toman en consideración esta división.
5 La contribución boliviana se alinea perfectamente con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones Unidas para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos, como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible.


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