junio 13, 2026

La azarosa trayectoria de Juan Peñaranda, militante comunista no vidente

El Gremio de Albañiles de Uncía

Invitado a comentar la obra testimonial de Justo Gómez Soliz, [1] en la ciudad de Cochabamba. Entre el público se encontraba Juan Peñaranda, no vidente de la tercera edad, se aproximó para comentar que leyó mi libro sobre Uncía y Llallagua, [2] en el que cito a su abuelo.

Efectivamente, Benito Peñaranda Carrillo, Maestro Mayor del Gremio de Albañiles, oriundo de Sucre, construyó el Cementerio General “Albina Patiño” y obras en media ciudad de Uncía: el Puente “Centenario”, forjado en piedra canteada en la vía Llallagua-Uncía y los puentes de Viluyo y Sunuyo en 1925; la primera casa señorial de Simón I. Patiño en Miraflores, la Casa de Máquinas, las instalaciones de la Administración y Pulpería, la gigantesca chimenea del Ingenio, el campamento “Lechín” (antes Patiño), el campamento “Bolívar”, la casona Minchin, el edificio de la alcaldía, el templo de Uncía, la casa Giraldez y muchas obras civiles. Tenía una renta anual de Bs. 3.000, lo que le permitía llevar una existencia holgada junto a su hermana Paula Peñaranda de Porcel, y sus hijos Juana, Pastor, Aniceto (padre de Juan), Mercedes y Benigna.

Benito Peñaranda fundó el Gremio de Albañiles el 19 de enero de 1919, “nombrado por unanimidad de votos en la Policía de Seguridad, mediante la intervención del Comisario Sr. Valenzuela”, oportunidad en la que se apertura el Libro de Fondos y Matrícula del Gremio de Albañiles de Uncía, que incluía a los constructores que trabajaban por cuenta propia en el pueblo, [3] el Ingenio, [4] la mina (Callapería) [5] y la cantera. [6] El Gremio de Albañiles mandó confeccionar un bello estandarte bordado de felpa, con su asta de bandera para acomodarlo, una guirnalda de filigrana de plata con nueve flores y veintiún hojas, algunas flores y hojas “casquillado de oro”, una lanza de bronce y dos cintas, una tricolor de cinco varas para el estandarte y una negra de cuatro varas; un portaestandarte de suela, adquirió dos banderas tricolores con sus respectivos adornos de bronce. [7] Posteriormente dejaron de usar la Intendencia de Policía y se trasladaron al Salón de Acuerdos de la Sociedad “Albina Patiño”. El código de honor estaba muy marcado con prerrogativas para la directiva. Se instruía a los maestros “obedecer en lo sucesivo y estarán sujetos a las órdenes y dictados y en caso de no ser sujetos a dichos órdenes o tratasen de perturbar la tranquilidad y desenvolvimiento del gremio, serán penados con el máximun de la multa policiaria a simple denuncia del presidente del gremial”. [8] El Gremio de Albañiles de Uncía se mantuvo vigente hasta 1925, habiendo sido nominados en asambleas como Maestros Mayores Benito Peñaranda (1919), Tomás Pérez (1921), Laureano Saravia (1922), Toribio Aillón (1923), Francisco Gonzáles (1924) y Benito Peñaranda (1925).

La actividad económica de la familia Peñaranda

Aniceto Peñaranda marchó al frente de guerra en el Chaco, donde se desempeñó como un buen soldado. Luego de la desmovilización retornó a Uncía, donde conoció a Celia Arraya, mujer aguerrida de recio temple, con la que procreó un hijo al que llamaron Juan. Celia estaba concentrada en la organización de las mujeres, actividad que consumía su tiempo, sin darse abasto para atender su hogar y a su hijo, lo que provocó un distanciamiento irreconciliable con Aniceto. Éste que tenía fama de pendenciero, “en una reyerta callejera, con un tal Arze, fue baleado el 19 de enero de 1935”, perdiendo la vida. [9]

Juan, junto a su hermano menor, quedó huérfano de padre. Fueron recogidos por sus abuelos, que los acogieron con cariño. Era una familia dedicada al faenado de reses, con poder económico, en el que dominaban sus tías Mercedes y Benigna, conocidas mañasas, dedicadas al comercio de la carne de cerdo. Juan vivió en un ambiente acogedor y solvente. Afirma que “no conoce el hambre, pues nunca faltó nada en el hogar”. Asistió a la escuela municipal y al colegio, donde encontró su afición a la lectura y adquirió una educación e ilustración sobresaliente.

El negocio era lucrativo, sin duda alguna. La familia tenía diversos ingresos, entre ellos por concepto de arriendo de tiendas a cuatro clientes (Miguelina, Aniceto García, Matías Torres y Manuela), los dos primeros por Bs. 5 mensual, el tercero a Bs. 2,50 y la última Bs. 1,80 mensuales, durante los años de 1930, 1931 y 1932. Otros inquilinos eran Miguelina (Bs. 5), Aniceto (Bs. 5), camión de Martínez (Bs. 4), Auto de Aniceto (Bs. 2), chanchero de Martínez, auto de Luis (Bs. 4), pocoateña (5 meses a Bs. 1,80), inclusive “un preso” (Bs. 1,80), en 1930. Luis, un “indio”, Luisa y Aniceto a Bs. 2 y 3 por mes, en 1933.

Un rubro muy productivo para la familia era la venta de cerdos. Reportó en septiembre de 1931 la suma de Bs. 2.070. La relación de ventas revela aspectos interesantes del comercio de carne de cerdo. La libra de este artículo alimenticio fluctuaba entre Bs. 0,35, en tanto que la cabeza del animal se cotizaba entre Bs. 3 y 3,50. Un cerdo entero tenía el precio de Bs. 55. El expendio de este producto cárnico era muy alto en la ciudad de Uncía. En un solo mes (9, 19 y 23 de septiembre de 1931), se vendieron un total de 27 cerdos. Los precios podían diferir, como se establece en el que se vendió a Juana Porcel a Bs. 50 y a Rufina Bomba en Bs. 45, aclarando que en este caso pagó al contado. Quizá la cifra de 27 cerdos se justifique por la fiesta patronal de Uncía, “San Miguel”. Es curioso, pero no importaba mucho el estado de la carne, como se desprende de un pedido del 7 de octubre: “8 cerdos carneados a 4 para cada uno. 2 con triquina”; “8 cerdos carneados a 3 ? para cada uno; 1 con triquina”. Eran muchos los clientes que acudían al camal para asegurar su provisión de cerdo: Alejandrina, 2 cerdos; Cleómedes Iriarte, 2; Trinica Campana, 1; Marcelino Villanueva, 6; Manca Paqui, 1; Juana Porcel 1, Rufina Bomba, 1; María, 4; Muñequita, 2; Don Marcos, 1. Se observa que eran tolerantes con este cliente, a quien afirman que “se le ha dado hasta el 6 de noviembre de 1933 la suma de ciento setenta bolivianos, más 15 Bs. el día 13 de enero, Bs. 3, el 25 Bs. 7; el 8 de marzo Bs. 5, el 28 de junio Bs. 30”.

La desgracia de la ceguera y la dirigencia

Muy joven se integró al negocio familiar, donde destacó como experto en arrear y enlazar novillos y toros. “Aprendí las técnicas viendo películas mexicanas y de Roy Rogers”, afirma. Sin embargo la desgracia tocó sus puertas cuando un accidente en el camal le provocó un golpe en la cabeza. “No era algo muy fuerte”, dijo, pero paulatinamente fue perdiendo la visión. Su familia lo trató en hospitales de Uncía, La Paz y en el exterior, sin éxito.

Integró la juventud comunista, razón por la que el Partido Comunista de Bolivia ordenó que le atendiera el Dr. Fidel Flores, galeno del partido. Afirma que en esas circunstancias conoció a Nila Heredia y José Pimentel. Todos los esfuerzos fueron inútiles. A los 19 años era ya ciego. Quiso quitarse la vida pero superó el trance gracias a la oportuna intervención de la enfermera Gilma Fernández. Posteriormente encontró un bálsamo con los tratamientos naturistas de Cupertino Maldonado, conocido homeópata.

Ante la fatalidad, se refugió en el levantamiento de pesas y cultivó el fisiculturismo, obteniendo el título de Campeón Nacional en esa disciplina. Fue en esa oportunidad que se contactó con organizaciones de ciegos de México, solicitándoles revistas de fisiculturismo en Braille. Desde México le enviaron las revistas Músculo y Poder Fuerza y Salud. A los 24 años aprendió a dominar ese sistema de lectura.

Dada su preparación política y su educación que le otorgó sólidos conocimientos de cultura general, mucho más que el común de la gente en esa ciudad minera, esa particularidad llevó a que los ciegos de su distrito, organizados alrededor de una de las organizaciones más antiguas en el país, le nombraron Delegado de Uncía ante el Primer Congreso de Ciegos, organizado por la Sociedad Mutualista de Ciegos de La Paz, entidad madre del sector (1954), al que asistieron representantes de Uncía, Oruro, Potosí y la Paz. A su vez, la Federación Nacional de Ciegos de Bolivia lo designó Representante de Bolivia ante la Unión Internacional de Ciegos, llevando las propuestas de la Federación Nacional, a la Reuniones Mundiales de Ciegos en Brasil, Chile (Concepción), Ecuador, Guatemala, Panamá, Venezuela (Barquisimeto), España, EE.UU. (Atlanta), Egipto y Australia (Sídney), casi medio planeta. En Egipto visitó las pirámides de Keops. A diferencia de lo que sucede en Bolivia, en los países del primer mundo pudo observar que los no-videntes forman un grupo social con mucho poder económico: “los no-videntes del mundo tienen plata, mucha riqueza”, afirma. Fue dirigente de la Federación Nacional de Ciegos durante cuatro gestiones (1989-1991, 2012).

Con la experiencia alcanzada, fue Coordinador del Seminario Taller sobre Educación Especializada y Rehabilitación del Ciego en Bolivia, el 29 de noviembre de 1989, organizado por el Consejo Nacional de la Ceguera y la Federación Nacional de Ciegos de Bolivia. Participó en el curso teórico-práctico de “Integración Laboral de Personas Ciegas y Disminuidas Visuales en su Comunidad de Origen”, organizado por la Universidad Técnica de Oruro con el auspicio de la Deutches Katholisches Blinderwerk (Oruro, 1991)

Muy joven, se insertó a la vida política dada su militancia en la Juventud Comunista y posteriormente en el Partido Comunista de Bolivia. Eso le facilitó su activa e incansable participación en las luchas sociales de su sector y en el movimiento popular de su ciudad natal. Tiene el mérito de ser fundador de la Federación de Juntas de Vecinos de Uncía (1969). En 1985, logró la reposición de la antigua Escuela de Artes y Oficios de Uncía (creada en 1925) que había sido trasladada subrepticiamente a Potosí, de tal manera que la Prefectura del Departamento de Potosí se vio obligada a autorizar la creación, en su lugar, del Instituto Técnico Medio de Agricultura “Simón Bolívar”, que funciona en la actualidad. También fue muy activo en la práctica deportiva. Organizó los Primeros Encuentros Deportivos de Potosí, donde Uncía salió Campeón (1973). Fue Director del Hogar de Niños de Miraflores (1977). Fundador del Colegio Nocturno “Rafael Bustillos” y Radio Televisión Uncía (1995). Según su testimonio, trabajó para el reconocimiento de derechos para su sector: como el 4% de inserción laboral para minusválidos en entidades públicas y privadas, la afiliación a la Caja Nacional de Salud para ciegos, el ingreso libre de estudiantes ciegos a normales urbanas y rurales (durante la gestión del Ministro de Cultura Mariano Baptista), el incremento de pensiones de indigencia, entre los más logros más significativos.

A causa de sus ideas abiertamente comunistas, fue perseguido por el Gobierno dictatorial de Hugo Banzer que ordenó su apresamiento en varias oportunidades, hecho que se repitió durante la dictadura del general Luis García Meza, que lo mandó apresar por extremista—cuando ejercía la dirección del Hogar de Menores en Lupi Lupi—junto al dirigente de Condepa Napoleón Cuba.

La Biblioteca selecta de Juan Peñaranda

Como resultado de su trayectoria deportiva y sindical, ha cultivado una Biblioteca Braille con títulos tales como La Biblia (200 tomos), La Ilíada, La Odisea, Historia de la Filosofía, Diccionario Enciclopédico de Cárdenas, México (15 tomos), Ortografía, Selecciones del Reader’s Digest. Una parte de su biblioteca la donó a organizaciones de ciegos. Entre sus documentos, figura el cuaderno de Fondos del Gremio de Albañiles de Uncía (1919-1920) que fue entregado a la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Se trata de un libro que registra los aportes de los albañiles agremiados.


*    Luis Oporto Ordóñez, es Historiador.

1    Memorias de un Obrero. Catavi campeón nacional de natación 12 años. La Paz, 2016.

2    Uncía y Llallagua. Empresa minera capitalista y estrategias de apropiación real del espacio (1900-1935). La Paz, IFEA-Plural, 2007.

3    Los del pueblo: Benito Peñaranda, Nemesio Saavedra, Manuel Carvajal, Pedro Quispe, Pedro Ignacio, Benigno Torrico, César Poquechoque, Juan Castro, Mariano Serrano, Pedro Serrudo, Nicanor Nina, Andrés Puma, Juan E. Loaiza, Francisco Gonzáles, Mariano Gutiérrez, Francisco Calle, Raimundo Montero, Emeterio Flores, Marcelino Balda, Agustín Flores, Anacleto Chuñuuma, Máximo Ignacio, Dionisio Quino, Pablo Lupa.

4    Los del Ingenio: Toribio Aillón, Macario Sandoval, Abelino Medina, José Flores, Juan Calderón, Miguel Bejarano, Matías Castellón, Fortunato Castellón, Carlos Guarachi, Elías Mamani, Domingo Llanos, Carlos Puma, Antonio Calderón, Pedro Gonzáles, Plácido López, Casiano Tumiri, Genaro Avendaño, Mariano Ballesteros, Tomás Pérez, Pio Sandi, Daniel Serrudo, Pablo Vargas, Hermójenes Villca y Fabián Yupanqui.

5    Los de la Mina: Tadeo Gutiérrez, Rogelio Lipeño, Víctor Medina, Andrés Quispe, Serapio Quispe, Laureano Saravia, Damián Villanueva, Luis Delgadillo, Jacinto Cutipa y Mariano Mamani.

6    Los de la Cantera: Calixto Linares, Mariano Flores, Paulino Humeres, Octavio Flores, Gabino Pillco, Teodor Aguilar y Gregorio Huanca.

7    Lista de los objetos que se entrega al Maestro Mayor Entrante del Gremio de Albañiles. Uncía, 1° de enero de 1922. Los objetos ornamentales fueron incrementándose con el tiempo. Por ejemplo, en 1924 se adquirió dos perillas de bronce para el asta del estandarte, un armazón de madera corriente, “una cinta negra de cuatro varas para enlutar el estandarte con su uso”.

8    Acta del 23 de marzo de 1923. Toribio M. Aillón, presidente del gremial.

9    Testimonio de Juan Peñaranda. Diciembre de 2016.

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