abril 3, 2020

La ilusión opositora y los desafíos de la justicia

Las elecciones judiciales del 3 de diciembre ya son historia. Las 96 autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) han sido elegidas. A pesar de los gritos de reclamo de la oposición, cuyos núcleos más activos lo conforman los jóvenes organizados y financiados por agencias estadounidenses como el NDI, los magistrados electos asumirán sus funciones en enero próximo.

La magnitud del voto nulo hay que verlo en la dimensión que tiene. Para eso, como punto de partida, es bueno no olvidar que el promedio del voto nulo en las elecciones generales desde 1985, alcanza un promedio del 10 por ciento, por no subir la parada. En el período 2005 a 2014, el promedio llega al 7 por ciento, también moderadamente.

Por eso, no hay que ser brujo como para identificar varias causas del voto nulo del 3 de diciembre. Entre las más importantes están un comportamiento recurrente en esa dirección de un sector de la población electoral, desconocimiento de los candidatos al órgano judicial, molestia con la situación de la justicia y, no hay que tapar el sol con un dedo, el acatamiento del voto consigna de la oposición. En esta última causal están, en una inmensa mayoría, gente que nunca vio –ni verá- con buenos ojos el proceso de cambio ni mucho menos que un gobierno estuviera conducido por un indígena, dirigente sindical y de paso un hombre de izquierda. Mucha dosis para su manera de ver el mundo. La oposición se hace la ilusión que sumado a los votos blancos, es dos tercios los que están de lado de ellos.

La reiterada y obsesiva intención de la oposición de atribuirle a las elecciones judiciales un carácter de plebiscito no aguanta ni mucho menos es una expresión de la relación de fuerzas vigente. La oposición se metió con todo para obstaculizar las elecciones del domingo 3 de diciembre, lo que en los hecho era optar por mantener la justicia como está, y del otro lado estaba el gobierno que solo le pedía a la gente concurrir a las urnas pero sin pedir votar por tal o cual candidato. Es verdad que la imagen de Evo Morales está golpeada, por operaciones psicológico-mediáticas de la oposición y por errores propios del gobierno –estos últimos todos evitables-, pero de ahí inferir que hay una “caída en picada” del proceso de cambio y del liderazgo de Morales es más un deseo que otra cosa. No hay político en el país, ni antes ni ahora, que tenga cerca de un 35 por ciento, si no más, como punto de partida para encarar un proceso electoral.

Las elecciones del domingo 3 ya son historia. Le corresponde ahora a los magistrados electos –cuya votación en bloque es mayor a la que en el pasado han sacado presidentes como Jaime Paz Zamora, Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Banzer Suárez-, demostrar que la gente no se equivocó al votar por ellos y que, en coordinación con los otros órganos del Estado, serán los constructores de la justicia que queremos todos. Hay las conclusiones de la Cumbre de Justicia que son una buena referencia para avanzar hacia su reforma. La gente ya no aguanta más que la justicia siga como está y de eso deben quedar plenamente advertidos los magistrados electos.

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