Cuando Trump supo que la Cumbre de los Pueblos se preparaba para descargar toda su energía de rechazo creativo frente a su participación en la Cumbre de Presidentes de las Américas, decidió no viajar para no caer más aún en las encuestas continentales de favorabilidad. El primer golpe estaba dado y de inmediato se construyó socialmente la conclusión científico-emocional: “No viene porque se asustó y ahora vamos por el vice”, análisis que refleja el ánimo que se vive en la Cumbre popular alternativa.
Ya se habían resuelto los problemas para recibir el avión fletado por el gobierno de Cuba, que no podía aterrizar porque la empresa transnacional que administra el aeropuerto estaba impedida, por el maldito bloqueo, de abastecerlo de gasolina. Situación que se resolvió gracias al apoyo de las fuerzas armadas peruanas, seguramente muy dolidas por el desprecio a sus capacidades demostrado por Donaldo que había decidido traerse un batallón completo de tierra, aire y mar, para que lo custodiara del rechazo popular. Ya había llegado la nutrida delegación de Venezuela y seguidamente lo hizo la multiétnica y multicultural delegación de Bolivia, presta a coordinar con sus pares peruanos el cómo enfrentar la nueva invasión colonizadora.
La Cumbre presidencial estaba agonizante y el segundo golpe directo se lo dan en la reunión de los representantes de la sociedad civil integrados al evento oficial, donde líderes sociales de todo el continente rechazaron las absurdas exclusiones resueltas por el defenestrado gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczinsky y su sucesor. El tercer golpe lo dio la nutrida marcha popular encabezada por miles de “Rojetes Terrucos” (rojos y terroristas), como los objetivos medio de comunicación califican a los manifestantes que recorría las calles de Lima bajo la histórica consigna, más vigente que nunca, del “Alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina”.
Pero más allá de las crecientes ausencias presidenciales, el cuarto golpe fueron los problemas “operativos” que surgieron al abordar el tema central del debate presidencial, la lucha contra la corrupción. No se podía hablar ni escuchar, porque nadie sabía dónde estaban los costosos micrófonos y audífonos recién comprados. El contrato del salón y la alimentación, supuestamente pagado por PPK, no aparecía cancelado a pesar de que se habían ejecutado los recursos. Los del gobierno acusaban al APRA y los Fujimori presentaban videos que acusaban al gobierno. Con otras complicaciones menores, como que los hoteles estaban saturados por las inesperadas presencias de familiares de presidentes y la escasez de pasajes a Machu Pichu, a causa de los nutridos viajes de comisiones organizadas por el Secretario General de la OEA, destinadas a estudiar el cómo combatían la corrupción en el imperio inca. Cuando alguien les informó que la pena de muerte era lo más probable, decidieron humanitaria y rápidamente cambiar el tema de su investigación. Y para mal de males, a un ingenuo funcionario se le ocurrió poner un cartel a la entrada de la Cumbre de las Américas que decía: “el que esté libre de la corrupción, que ingrese al recinto y tire la primera piedra”. Llamó la atención la poca presencia de delegados en el gran salón, y la cantidad de piedras que quedaron en la acera.
Mientras tanto la Cumbre Social y de los Pueblos seguía deliberando, con análisis del momento político y social y debates sobre las estrategias de respuesta frente a la contraofensiva imperial. El excanciller de Ecuador, Ricardo Patiño, presentó descarnadamente la difícil situación que se vive en Ecuador, y se dice que Evo estará saludando el cierre de la misma. Se espera que también esté allí Verónica Mendoza, quien se prepara para ser el futuro de este complicado presente peruano.


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