junio 13, 2021

Premilitares privilegiados


Por Oscar Silva-. 


La Constitución Política del Estado establece en el Titulo III “Deberes”, articulo 108 inc. 12) como uno de los deberes de los ciudadanos bolivianos “Prestar el servicio militar, obligatoria para los varones” y en el artículo 249 que “todo boliviano estará obligado a prestar servicio militar, de acuerdo con la ley”. Estos dos artículos constitucionales, así en pocas palabras, son los que determinan la obligatoriedad para los jóvenes bolivianos de acudir a los cuarteles para cumplir con el “sagrado” deber de servir a la patria.

Hay dos temas que necesariamente deben servirnos para reflexionar a partir de esta normativa constitucional, reglamentada además a través de normas menores como leyes y decretos.

Por un lado, está la utilidad de mantener el servicio militar obligatorio. Cuál es el aporte real de esta obligación ciudadana al país y a la sociedad, mas allá de ciertas tradiciones y costumbres de determinados grupos sociales que consideran al paso por el cuartel como la certificación de ciudadanía o el paso de la niñez a la adultez, es decir, a “hacerse hombres”.

Pero por otro, de manera más coyuntural, un tema relacionado con ciertas formas de discriminación, como el servicio Premilitar.

Por principio, el solo hecho de habilitar una forma privilegiada para cumplir con el deber ciudadano del servicio militar para quienes se encuentran aun cursando estudios de secundaria es ya una forma de discriminación, mucho más cuando ya existe una normativa que permite a los soldados bajo banderas proseguir con sus estudios con las facilidades más aconsejables para cada caso.

Esta situación ya se ha admitido sin mayor conflicto, los chicos de la ciudad al premilitar, solo los sábados y punto y los chicos del campo a los cuarteles, como soldados, todos los días, durante doce meses. ¿Esto ya es discriminatorio? Desde luego que sí. Pero se vuelve mucho más discriminatorio cuando se establece que solo los alumnos con mejores calificaciones podrán acceder a este servicio especial para la juventud urbana.

Todos estamos conscientes que los sistemas de evaluación en el nivel secundario no son de los mejores y que las variaciones entre ciudades y dentro de ellas entre establecimientos educativos y mucho más entre fiscales y particulares, son por demás evidente, por lo que las calificaciones de sus alumnos no siempre son una referencia real ni de capacidad, esfuerzo, ni rendimiento.

Puede que el servicio premilitar esté justificado porque no significa una erogación para el Estado, sino más bien al contrario, en una fuente de ingresos. Si esa es la única justificación de su existencia, no tiene ningún sentido “invitar” a los mejores alumnos, habría que dejar como hasta ahora que acudan a este servicio quienes pueden pagar sus costos; los demás, los que no tienen recursos, tendrán que resignarse esperar la convocatoria del primer o segundo escalón de cada categoría y prestar su servicio militar como la ley manda, sin privilegios de naturaleza alguna.

Es un absurdo, sin duda, pretender “premiar” con el servicio premilitar a los supuestos mejores alumnos, como ya es un absurdo que exista un servicio militar preferencial para los chicos citadinos como es el premilitar.

No será también un absurdo el conservar esa anquilosada, innecesaria e inservible institución del servicio militar obligatorio, dentro de un Estado que se declara constitucionalmente como pacifista.

Podría resultar oportuno, a partir de este hecho coyuntural y poco relevante, plantear un debate amplio, sin prejuicios de ninguna naturaleza, sobre el servicio militar obligatorio en nuestro país.

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