diciembre 8, 2021

El fantasma del 21F


Por Oscar Silva-.


A veces en política, por error de percepción, se crean fantasmas que puedan generar equivocadas acciones que en lugar de enfrentar el problema sirvan para su potenciamiento o desarrollo, incluso mucho más allá de lo que quienes generaron ese problema esperaran que sucediera. Más o menos, eso es lo que ha estado sucediendo con los fantasmas del 21F, es decir con aquellos grupos que se han colgado de una supuesta defensa de la democracia, con la única finalidad de impedir la postulación del presidente Evo Morales a unas nuevas elecciones.

Convocar al referéndum del 21 de febrero de 2016 fue un error político y su resultado sumo el error de inicio más una campaña llena de desaciertos de parte del gobierno, así como una arremetida mediática de la oposición en base a mentiras y medias verdades, a la cual el gobierno no tuvo la capacidad de respuesta adecuada, dejando en total estado de indefensión política al ciudadano que en muchos casos se dejó llevar por las mentiras opositoras y por la ausencia de respuesta a las mismas de parte del gobierno, para votar por el no.

Podemos decir que el resultado del 21F fue un accidente, un hecho fortuito, que no debiera tener mayor trascendencia política que eso. Hoy el escenario es otro, no solo en lo jurídico con una sentencia constitucional que avala la postulación del presidente Evo Morales, sino fundamentalmente en la percepción ciudadana. No existe una sola encuesta, como ejemplo de este nuevo escenario, que diga que Evo Morales podría perder la próxima elección o que observe negativamente la gestión gubernamental. Evo Morales está muy por encima de todos esos enanos fantasmas que pueden ponérsele al frente.

Sin embargo, grupos minúsculos, denominados plataformas o colectivos ciudadanos, carentes de toda representación y conformados casi en su totalidad por militantes de segundo o tercer nivel de los partidos opositores han puesto en jaque en varias situaciones a las autoridades de gobierno. El hecho de que portes pancartas, vistan poleras o griten su consigna, en absoluto debiera ser considerado como un riesgo, es más, debiera comprenderse como una expresión más de la amplia e irrestricta libertad de expresión y ejercicio democrático que existe en el país.

Lo acontecido en Potosí el pasado 6 de agosto es una muestra clara de ello. Los medios de la oposición, que son la mayoría, anunciaban un poco más el inicio de la guerra del milenio, el apocalipsis de la democracia, el fin del gobierno y no paso absolutamente nada. Más allá de los desubicados gritos de los asambleístas de la oposición, de la presencia de algunos dirigentes opositores que quisieron victimizarse colocando junto a ellos a mujeres y niños buscando dramatizar la situación y de pequeños grupos, los mismos que aparecen en La Paz, Cochabamba o Santa Cruz, la mayor parte asalariados, la ciudadanía potosina vivió un día de fiesta, con algo de temor seguramente por el clima creado por los medios previamente, pero sin mayor apuro.

Hace falta desde el gobierno mayor seriedad en el abordaje de este tipo de situaciones, que van desde los aspectos comunicacionales hasta los de seguridad, pasando por muchos otros. En varios de estos se ha demostrado una falta de capacidad alarmante y no se puede concebir que el entorno más próximo al presidente no esté a su altura para responder a este tipo de situaciones.

El fantasma del 21F se desinfló solito, el frio y la indiferencia ciudadana en Potosí lo mataron. Ojalá no empiecen a crearse otros fantasmas desde el seno mismo del proceso.

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