junio 20, 2021

Breve repaso por los caminos de la homobitransexualidad


Por Rosario Aquím Chávez-.


La reproducción de la colonialidad de género, en Bolivia, en este sentido, no ha sido nada creativa, por el contrario, ha reproducido con mayor firmeza, las técnicas y los procedimientos de sujeción de la subjetividad perversa y anormal homobitransexual.

La colonialidad de género, y su trilogía congénita sexo/género/sexual, nos obliga a reinventar lo que significa ser humano. Esta reinvención pasa, por una reconstitución subjetiva y política capaz de violentar las sujeciones múltiples impuestas a partir de la reducción y la inferiorización del otro. Para ello, es importante romper con las agresiones epistemológicas y, con las mitologías cristiano-burguesas que han contribuido a generar, en torno a la figura del homobitransexual, el estigma de una sexualidad desenfrenada, cuya representación patriarcal evocaría un apetito sexual insaciable.

Aquí es importante la radicalización de la condición específica de la homobitransexualidad, como una forma de poner en entredicho las relaciones de dominio entre los individuos, engendradas por la sociedad patriarcal y colonial capitalista. Esto supone reconocer, la imbricación que se da entre proceso de explotación capitalista y proceso de sometimiento, para integrar diversas luchas contra todas las formas de normalidad, en la lucha anticapitalista. De lo que se trata entonces, “no es de liberar el deseo sexual de la represión y la prohibición, sino de inventar nuevas formas de placer entre los cuerpos y las cosas, por fuera del placer entre los cuerpos y los cuerpos”.

Dado que la ciencia sexual, es una seudociencia que no ha descubierto el secreto del deseo, el movimiento homobitransexual no debe sólo defenderse y pelear por sus derechos, sino afirmar a partir de su elección sexual, una nueva cultura, un nuevo modelo civilizatorio, que reponga la dignidad y la equivalencia valorativa de la femineidad y con ella, la dignidad de los múltiples rostros de la otredad. Esto implica nuevos modos de amar y de vivir las relaciones amorosas y la erótica. Nuevas prácticas eróticas capaces de erotizar las relaciones de poder, a partir de la deslocalización el placer de los órganos genitales, para demostrar que el placer corporal no deriva del deseo sexual. Deja de existir la identidad sexual, en cuanto ley o esencia de los placeres sexuales, para tener sentido, sólo en la medida que nos permite otro tipo de relaciones éticas, estéticas, poéticas y, otras amistades amorosas y eróticas, más allá, y por fuera, de la reducción de la genitalidad heterosexual.

La reproducción de la colonialidad de género, en Bolivia, en este sentido, no ha sido nada creativa, por el contrario, ha reproducido con mayor firmeza, las técnicas y los procedimientos de sujeción de la subjetividad perversa y anormal homobitransexual. Como todo dispositivo de este tipo, su sostén fundamental ha sido, la administración y el control de la vida, a partir de la inferiorización y la devaluación de las mujeres y, por un efecto de subordinación, como extensión de la feminización de los anormales, se opera la degradación de los homobitransexuales. Al fin, y al cabo, para el poder patriarcal, el deseo de un hombre, por otro hombre, se reduce al deseo de una mujer por un hombre, en consecuencia, este deseo, no deja de ser un deseo femenino, porque ambos desean a un hombre.

Esta feminización de la homobitransexualidad, ha llevado a que se ejerza sobre las diversidades sexuales, el mismo dispositivo de saber-poder-sexualidad que operó contra el cuerpo de las mujeres, haciendo de ellas, subjetividades sin cuerpo y sin sexualidad, condenadas a la reclusión del hogar doméstico, lo mismo que los gay, les, bi, trans confinados al ghetto de los de su misma especie. La historia de la homobitransexualidad en Bolivia, es un remedo caricaturesco, de lo que el occidente cristiano-burgués colonial, tenía pensado como proyecto político, para los inadaptados y perversos de esta tierra.

Y no es hasta 1948, que estos inadaptados, comienzan a levantar cabeza, gracias al impulso de la Declaración de los Derechos Humanos, bajo cuya ala, se abre la posibilidad de reivindicar la humanidad perdida. Hasta entonces, los homobitransexuales en Bolivia, habían permanecido en la clandestinidad, por temor a la política de medicalización y psiquiatrización de los transtornos sexuales; siempre alerta y vigilante; dispuesta a iniciar una persecución, reclusión y cura de este ejército de anormales. En esta época, la vida homobitransexual, era esporádica y se reducía a la convivencia en el secreto y estrecho: grupo de amigos.

Con el reconocimiento de derechos, a todos los humanos, aparece la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, encargada de velar que el Estado, haga extensivo estos derechos, a todos aquellos que aún permanecían en condición de no humanos (mujeres, indios, negros, salvajes y homobitransexuales).

Sin embargo, el hito que marcó el despegue del movimiento homosexual, en Bolivia, fue la Política Liberal del Ajuste Estructural, de 1985, que trajo consigo, la economía de mercado y la democracia representativa. En este proceso de apertura y radicalización de la libertad individual, los gays, les, bi, trans dejan de ser “alguien malo”, peligroso, maleante, delincuente, contagioso, criminal, para convertirse en enfermos.

A partir de 1988, aparecerá en Bolivia, el proyecto contra el SIDA “UNELDYS” financiado por USAID y, dirigido al grupo vulnerable de hombres homosexuales. Su propósito: organizar a los gays, contra la epidemia del SIDA, las ITS y la discriminación. La mirada salubrista, la condonización y el fantasma del sida implantados por la cooperación, constituyen una subjetividad victimizada, por su propia condición de “especie”. Pese a esta estigmatización, la aparición de ciertos liderazgos gay y la inyección financiera, lograron la aparición de algunas organizaciones creadas por los propios gay, e interesadas en trabajar por sus propias reivindicaciones.

La convivencia homobitransexual, se abre a la vida pública de los boliches nocturnos, a las elecciones de mises, a la actividad artística y, a las primeras marchas de visibilización y de orgullo, por la propia condición homobitransexual.

Sin embargo, hay que esperar hasta 1995, para que el movimiento boliviano adquiera conciencia real de su opresión, e inicie de manera más articulado una lucha política, respecto de los dispositivos de sujeción que el poder ejerce sobre ellos. El detonante de esta lucidez, fue la redada policial operada contra la Discoteca “Cherrys”, en la cual la policía tomó presas a más de 120 personas. Este abuso del poder, contra el cuerpo homobitransexual, motivó la organización de una fuerza social interesada en desmantelar las causas de la discriminación y la homofobia estatal.

En este periodo, surgen nuevas organizaciones de homobitransexuales, denominadas colectivos TLGB (Transexuales, transgéneros, travestis, transformistas, lesbianas, gay y bisexuales), nace el Colectivo Nacional TLGB de Bolivia, se organizan los primeros Congresos Nacionales TLGB, y se fortalecen las marchas de ocupación política de los espacios públicos, en las principales ciudades del país.

Otro hito importante a destacar, en esta breve historiación, es la realización del proceso constituyente en Bolivia, a partir de la instalación de la Asamblea Constituyente. La Asamblea, abrió nuevas posibilidades de lucha al movimiento homobitransexual, interesado esta vez, en lograr el reconocimiento estatal por la vía constitucional.

En efecto, la nueva constitución, aceptó la inclusión de términos como “orientación sexual”, “opción sexual”, “identidad de género”, sobre todo en algunos de los primeros artículos del texto; aunque de manera tramposa, ya que luego, no desarrolló ningún régimen que pudiera permitir hacer efectivo este reconocimiento.

Sin embargo, hoy, después de más de 70 años de lucha; vemos que, en el país, se han aprobado leyes que prohíben la discriminación y otras que castigan los delitos de odio u homofobia, así como las que permiten a las personas transgénero tener sus documentos oficiales con el sexo que mejor refleja su identidad y por si esto fuera poco, se incentiva la adopción de medidas que pongan fin a cualquier forma de violencia y discriminación contra las personas por su orientación sexual y su identidad de género.

Podemos apreciar también, un desesperado intento de domesticación de los homobitransexuales (salvo honrosas excepciones) según los modelos conyugales y reproductores del patriarcado heterosexista (demanda de matrimonio y de adopciones). Así como la aceptación de la certeza, de que la verdad de lo gay, les, bi, trans se ha reducido a una identidad objetivable y reconocible por los aparatos de dominación heterosexuales y homofóbicos y, en tanto tal, debe ser rechazada. Finalmente, que la revolución sexual, lejos de subvertir las relaciones de poder, lo que ha hecho es, pervertir el machismo heterosexual, a partir de la performance queer y, rendirle tributo al imitarlo, y por este medio, seducir y excitar el deseo homobitransexual, construido desde fuera.

Aquí es necesario apuntar, que los homobitransexuales masculinos, no sólo desean el sexo dominante, sino que pertenecen a él. No es seguro que ocurra lo mismo, con la homobitransexualidad femenina, pese a que ésta en muchos casos repite el binarismo masculino-femenino en la performance femme-butch, reproduciendo el falocentrismo.

Esta perversión del “falo”, es la razón, por la que lo homobitransexual, resulta tan incómodo a la racionalidad moderna colonial: el hecho que, su mismo acto sexual, se presente como repulsivo y mujeril, y en tanto tal, carente de poder y de apropiación de sí.

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