septiembre 22, 2020

Notas sobre Bolivia, Chile y el mar (1950-1964)


Por Gustavo Rodríguez Ostria *-.


El destacado historiador boliviano, Gustavo Rodríguez, hace algunos apuntes sobre las relaciones de Bolivia y Chile entorno a la histórica reivindicación boliviana de volver al mar.


En mayo de 1950, Chile y Bolivia acordaron “entrar en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico”, la que quedó pendiente. En términos personales y no de la institución a la que pertenecemos, presentamos un avance de investigación sobre la obligación de Chile de negociar una salida soberana al mar para Bolivia entre 1950 a 1964.

El mar nacionalista

En su argumentación, presentada a la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), Chile adujo que Bolivia, luego de la insurrección abril de 1952, “ya no estaba interesada en hablar de su deseo de acceso soberano al mar” y que por el contrario reforzó sus relaciones con Chile reduciéndola a “asuntos de vínculos económicos y portuarios”. En su argumentación adujo que durante las visitas en 1955 del presidente boliviano Víctor Paz a Arica y del presidente chileno, Carlos Ibáñez a La Paz, no se mencionó la demanda marítima. Sin embargo el tema, según el diplomático chileno Enrique Bernstein, integrante de su delegación, flotaba en el ambiente. Ibáñez, tuvo que enfrentar preguntas de periodistas y escuchar los reclamos de la multitud.

La situación política en Bolivia a partir de abril de 1952, hizo que hasta agosto de 1956, no existiera un Parlamento que fuera capaz de tomar decisiones en temas de transcendencia como el marítimo. Luego entre ese año y 1960, Bolivia se dedicó a reorganizar su economía con el Plan de Estabilización Monetaria, reordenar instituciones como las Fuerzas Armadas, fortalecer su economía y su capacidad de exportación de sus recursos naturales usando los puertos chilenos como el un gaseoducto hacia Arica. Igualmente se negoció con Chile mejorar el acceso portuario, demandando cumpla la normativa establecida en el Tratado de 1904 por el que Bolivia, obligada, cedió su territorio marítimo a ese país.

Pasos necesarios para que la Revolución pudiera sobrevivir. Sin embargo, pese a estar concentrado en su frente interno, el gobierno boliviano buscó consolidar la continuidad de la demanda marítima y exigir el cumplimiento de las obligaciones contraídas por Chile en 1950. No halló eco. En noviembre de 1953 una misión especial boliviana encabezada por Jorge Escobari, viajó a Chile. Propuso que se reiterara la vigencia de los acuerdos de 1950, pero Chile respondió que sería “prematuro” y argumentó que las “sensibilidades políticas” presentes en su país lo impedían. Chile además se desdijo y dio un giro drástico al cuestionar la validez de las Notas suscritas en 1950 e intentó reducir su valor atribuyéndoles un mero carácter político y no reconociéndolas como lo que en son verdad: obligaciones jurídicas.

Memoria del mar

Como afirma Benedict Anderson, las naciones son comunidades imaginarias que se construyen a partir de diferentes artefactos simbólicos. Las celebraciones públicas del 23 de marzo, tomaron desde 1952 mayor relevancia y el país se pobló de alegorías a relativas a Eduardo Abaroa y la presencia marítima. Había empero una antigua data en ritual. En 1918, la Municipalidad de La Paz empezó la construcción de la plaza que lleva su nombre (inaugurada en 1952). La festividad recordatoria de la muerte de Abaroa, pasó así de una pequeña hora cívica de escolares de primaria a ser instituida en 1923 por el presidente Bautista Saavedra como “Día del Mar”. Desde 1927, se lo celebraría con marchas, vuelos de aviones militares y discursos patrióticos en todos los establecimientos educativos.

La guerra de Bolivia con Paraguay (1932-1935), produjo cambios en las sensibilidades colectivas en relación a la pérdida del Litoral. La obra decisiva para este giro será “Nacionalismo y Coloniaje”. Publicada 1943 por Carlos Montenegro, ideólogo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), incorporó la dimensión espacial en el lenguaje político y afirmó que el atraso boliviano es generado por la inexistencia de una salida marítima, pues aquella pérdida sentenció es “la más grave (y) de modo terminal para el destino de Bolivia”.

El MNR en el poder, actuando en la línea señalada por Montenegro, reforzó a un nivel sin precedentes la memoria histórica marítima. Se consolidó la celebración cívica del 23 de marzo, presentándola de una manera tan relevante como el 6 de agosto. No hubo silencio en las calles, las escuelas, los cuarteles o los hogares. Canciones, poemas y libros solidificaron la conciencia colectiva de una injusta y perniciosa mediterraneidad. Bolivia no había olvidado la historia de su demanda marítima ni tampoco las promesas de Chile, como veremos a continuación.

El corte del Lauca

El 10 de julio de 1961, el embajador de Chile en Bolivia, Manuel Trucco, presentó un Memorándum por el cual su país ratificó su obligación de negociar con Bolivia una salida soberana al mar, en los términos establecidos en 1950. El Memorándum fue respondido por Bolivia el 9 de febrero de 1962 señalando su conformidad de entrar en negociaciones. Chile no respondió hasta el 27 de marzo de 1963, cuando su canciller, Carlos Martínez, acusó a Bolivia de buscar anular el Tratado de 1904, de demandar mar solo motivado por fines de política interna. Luego negó la validez de la notas de 1950 a las que sumó el Memorándum de 1961 y dio por cerrada cualquier posibilidad de negociar con Bolivia. En su fundamentada respuesta, el ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, José Fellman Velarde, retrucó: “Tenemos el derecho a exigir que el gobierno de Chile honre los compromisos que ha contraído con Bolivia en 1950”.

El 14 de abril de ese año, Chile desvió unilateralmente las aguas del río Lauca, obligando a Bolivia a romper relaciones diplomáticas. Sin embargo, pese a este clima adverso, en agosto hubo una reunión y luego un intercambio de comunicaciones, que duró hasta febrero de 1964, entre Fellman, y el excanciller de Chile, Conrado Ríos G., que actuaba en acuerdo con su Cancillería. En el debate se revelaron las posiciones que sostenían entonces ambos países, las mismas que reaparecerán con el tiempo. Ríos adelantó la tesis que años más tarde figurará en la argumentación de Chile ante la CIJ. Negó el valor de las promesas de 1950 y 1961 y adujo que todo quedó resuelto en 1904. Fellman, en cambio, enfatizó que Bolivia no buscaba “modificar la situación de derecho creada por el Tratado de Paz suscrito con Chile en 1904”. Dejó también en claro que: “Es imposible, para ningún gobierno en Bolivia, renunciar, más en la substancia que en lo formal, a los compromisos logrados de Chile en 1950 y en 1961, cualesquiera que hayan sido las circunstancias en que fueron hechos”. Argumentos que reaparecerán en la presentación de Bolivia a la CIJ.

Entre 1963 y 1964, Bolivia buscó y obtuvo apoyo de distintos países a su causa marítima. Los EE.UU., ya en 1950 tuvieron, mediante su presidente H. Truman, un papel protagónico (e imprudente) en las negociaciones entre Bolivia y Chile. El 22 de octubre de 1963, se reunieron en la Casa Blanca, Washington, el presidente John Kennedy, Víctor Paz y Fellman Velarde, quien nuevamente dejó constancia que: “Bolivia solo pide el cumplimiento del compromiso chileno hecho en 1946 y reiterado en 1950, cuando Chile propuso negociaciones con vistas a satisfacer las aspiraciones bolivianas para un acceso al mar propio y soberano”.

En suma, todos los datos anteriores, muestran que desde 1952 y en adelante, Bolivia dejó establecido que no había olvidado las obligaciones jurídicas que Chile contrajo en 1950 y 1961.


*         El autor es historiador.


 

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