octubre 21, 2020

La vida es bella, con esperanza


Por Marcelo Caruso Azcárate *


Como considero que son los venezolanos que viven en Venezuela los que principalmente deben resolver sus grandes, medianos y pequeños conflictos, no entraré en ese debate. Si bien no me eximo de opinar sobre el mismo en caso de considerar que puede ayudar de alguna forma a su transformación y superación. Se trata de hablar de los derechos de los y las venezolanos que se encuentran como migrantes en Colombia y por toda América Latina. Su precaria situación ha sido utilizada para denigrar del gobierno bolivariano y justificar una invasión militar, al mismo tiempo que se le niegan sus derechos y se los intenta utilizar como carne de cañón para los diversos mercados ilegales que pululan por estas tierras democráticas del neoliberalismo.

Asistiendo como conferencista a un evento en un municipio fronterizo con Venezuela para realizar un balance sobre implementación de los acuerdos de paz en Colombia, se produjo la sorpresa para los organizadores que de los 350 asistentes: más del 80% eran familias migrantes de Venezuela, que esperaban encontrar alguna alternativa a su precaria y vulnerable vida en Colombia.

Un encuentro inesperado que se convirtió en un intercambio de saberes y de necesidades, que permitió identificar las vías para exigir la garantía de derechos que les permita vivir con unos mínimos de dignidad. Eran mujeres con sus retoños la gran mayoría que escuchaba con respeto los temas de la Comisión de la Verdad y de las víctimas del conflicto armado, tratando de entender lo complejo del conflicto armado, y las inexplicables causas que frenaban la implementación de los Acuerdos de paz por parte del Estado y sus gobernantes. Imagino que pensaban: “si no le cumplen al pueblo colombiano beneficiario 80% de lo firmado, menos nos cumplirán a nosotras”.

Veamos lo que afirma el presidente de la Cámara Colombo-Venezolana, formada por empresarios que promueven el comercio entre los dos países: 1-Cada familia venezolana trae a Colombia un promedio de 2.000 dólares y la inversión de empresas privadas venezolanas en Colombia ha sido en este año superior a los 500 millones de dólares. Su cálculo de llegada de migrantes es de un millón, así que saque cuentas de lo ingresado. 2- El 30% de ellos son colombianos de origen o sus descendientes, que hace más de 40 años comenzaron a viajar buscando compartir la bonanza de los petrodólares.

La reunión se convirtió en una conferencia sobre sus derechos como migrantes y de la necesidad de organizarse como “Venezolanos en Colombia” para luchar mancomunadamente por sus derechos y libertades, en particular su derecho al trabajo, a la educación y la salud, en igualdad de condiciones, algo que les niegan las empresas colombianas. Pero aceptando que su necesidad común obligaba a dejar de lado, transitoriamente y mientras estuvieran fuera de su país, la confrontación entre chavistas, maduristas y opositores a sus gobiernos. Del público surgió una maestra que asistía sola y luego un maestro acompañado de su familia vendedora de hallacas, que se pusieron al frente del comenzar de esa organización y circuló la idea de volverse a encontrar en una asamblea reunida en un parque público donde democráticamente eligieran sus representantes. Sus tareas iniciales serían las de elaborar un pliego de peticiones dirigido al gobierno nacional y territorial, junto con el apoyar a los coterráneos que continúan llegando y asesorarlos en todos los trámites que les tocaran realizar.

Observando la tranquila asistencia de esos infantes, nos recordamos el drama de los menores de edad que hacen parte de los 8 millones de desplazados por la violencia del conflicto armado, que sufrieron y aún sufren maltrato, matoneo y demás formas de agresión y exclusión. La pregunta final era sobre cómo impedir que esos niños perdieran los recuerdos de su tierra, de su cultura y sobretodo, que mantuvieran viva la esperanza y la alegría en un mañana mejor.

Nuestra propuesta espontanea fue que, frente a sus hijos, la realidad quedaba en modo “La vida es bella”, la película, que su viaje era un difícil desafío, pero también un paseo para conocer otras personas y otros paisajes, y que si bien las dificultades serían evidentes, demostrarles una gran esperanza en el futuro, tanto en Colombia como en Venezuela. Con profunda esperanza solidaria de que puedan organizarse y que el ejemplo se generalice a los distintos pueblos migrantes del continente y del mundo.


* Intelectual colombo-argentino.


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