abril 12, 2021

Nicanor Aranzáes (1849-1927) cronista de la ciudad de La Paz


Por Luis Oporto Ordóñez *


El Diccionario Histórico del Departamento de La Paz, de Nicanor Aranzaes, proporciona crónicas históricas primordiales, capaz de informar a las nuevas generaciones sobre la ciudad que terminó el poder colonial, por decisión de sus habitantes: blancos (criollos, esencialmente), mestizos, indígenas y un puñado de mujeres heroicas sin cuyo concurso, La Paz no sería lo que es hoy: una pujante capital que busca su desarrollo integral.

En 1915, la casa editora de los talleres gráficos de La Prensa, de propiedad de José L. Calderón, imprimió una obra singular: Diccionario Histórico del Departamento de La Paz, de Nicanor Aranzaes, quien nació en la ciudad de La Paz el 10 de enero de 1849. Falleció el 14 de diciembre de 1927. Estudió Teología (1873), fue presbítero, en la capilla del Rosario, Sacristán Mayor de la Catedral (1885). Pasó a las parroquias de Aygachi, Chirca, Guaqui, Inquisivi y Achocalla (1886-1905). Político liberal, académico, historiador, lingüista y periodista. Diputado suplente (1904), consecuente con Daniel Salamanca. Como historiador publicó el Diccionario Histórico de La Paz (1915) y Las revoluciones de Bolivia (1918). Aymarólogo, integró la Academia Aymara (1901).

Miembro de varias sociedades geográficas e históricas, y correspondiente de la Societá Internazionale degli Intellectuali, de Italia. Publicó sus escritos históricos, teológicos y literarios en El Comercio de Bolivia y La Voz. Recolectó diversa información subyacente en expedientes matrimoniales y libros de bautizo, custodiados en archivos oficiales. El Diccionario Histórico Biográfico del Departamento de La Paz, es un repertorio biográfico, único en su género. “Mi único deseo ha sido hacer conocer desde sus orígenes hasta el presente la formación lenta, tal vez penosa, llena de episodios, unas veces favorables y otras adversa de nuestra ciudad natal”, afirma el autor. El arco temporal de su investigación debía detenerse en la revolución del 16 de julio de 1809, pero el caudal de información al que accedió, le obligó a superar ese límite, abordando la época republicana; aclara que “nos hemos concretado a hacer una redacción de los cargos que llegaron a desempeñar en su carrera, sin emitir juicio alguno”.

El Diccionario, incluye datos sobre el tránsito de Chuquiyapo desde el incario al orden colonial, en el que recupera para la historia personajes del mundo indígena. Apumaita, “hermano del emperador Yawarhuakah. Soberano de carácter indeciso [que] renunció la dirección de la guerra y la confió a su hermano”, muestra la epopeya inca, expone su visión sobre el ingreso inca en el Collasuyo, desde el Desaguadero hasta los contrafuertes de Chuquisaca. Huyustus, el organizador de los aymaras, que aporta con una interesante descripción detallada del valle de Chuquiyapu, habitada por orgullosos aymaras.

Inserta una relación de la ciudad de Nuestra Señora La Paz, paso a paso en 1548. El Diccionario es una fuente de insospechado valor para reconstruir el poblamiento temprano y desarrollo urbanístico de la gran aldea paceña, con personajes de mil oficios, desventuras, sueños e ideales de libertad. Identifica a los “vecinos fundadores” describiendo las vicisitudes que acontecieron en esa etapa heroica de la ciudad, matizada con las semblanzas del capitán Alonso de Mendoza y otros personajes a lo largo de la historia del valle paceño: Juan Ramón, vecino fundador de La Paz; Melchor Ramirez de Vargas, conquistador, pacificador (1542), se le dio encomienda de Chuquiavo en 1548; Juan Rodríguez, cura y vicario de La Paz (1548), construyó la iglesia de San Sebastián; Marcos Ponce den León, notable mercader de productos de Castilla (1558); José Luna, carpintero español; Hipólito Quintero, notario real, de todas las islas y tierra firma del mar Océano, notario mayor del obispado y de la Santa Cruzada; Juan de Rivas, vecino fundador, muy laborioso; Diego Dionisio Peñaloza Briceño, vecino fundador de La Paz; Pedro Sánchez Bustamante, conquistador de Mosetenes; Fray Cristóbal Rivas, en su gestión terminó de construirse el templo de San Francisco; Juan Rivero, uno de los primeros mercaderes (1609); Sor Ignacia Arce y de la Vega, relata la vida de las monjas concepcionistas (1662); Cristóbal Arcaide, encargado del reloj del público, “que el 16 de julio de 1809 debía marcar la hora precisa de la terminación de la servidumbre”; Esteban de Aranzaes, notario mayor (1814); Fray Rafael Sanz, hizo construir el templo de la Recoleta (1889-1896).

Las clases sociales y el divertimento, son recurrentes, tanto para 1646 como 1780. Relata que Alonso de Molina y Herrera, natural de la villa de Molina en Aragón, “corregidor de La Paz, tomó posesión de su destino el 10 de marzo de 1646”. En esa época se suscitó en La Paz el deslizamiento del Illimani que “se desprendió y corrió casi una milla, mató a algunos indios, causó daños en las cementeras, el ruido se oyó en la ciudad. Se refiere a la fiesta del Carnaval, de La Cruz, y de la fiesta patronal, en el que las clases sociales se fusionan. Habla de la música y destaca el papel de las mujeres mestizas, con su dominio del arpa, y los indios por su notable gusto musical. La ciudad de La Paz había llegado a su apogeo en 1780. “Podía contar con una población calculada de 53.620, entre blancos y mestizos, y 20.000 indios. Era rica tal vez como ninguna otra provincia, para afirmar esto basta tener en cuenta, que el partido de Yungas tenía 308 fincas, a las que se suman las comunidades, que en total producían 250 mil cestos de coca anuales con un precio de 2.000.000 de pesos. La coca era “un artículo de primera necesidad para los mitayos, sin el, las minas, ingenios y obrajes, no habrían podido funcionar”.

El corregimiento tenía una agricultura diversificada, contaba con productos como el cacao, arroz, vinos del Rio abajo, exquisitas frutas, para lo cual disponía de abundantes llamas para su fácil transporte. Menciona a Juan de Dios Sánchez Lima, realista, Gobernador de La Paz, luego del cruel Mariano Ricafort. Artífice del desarrollo urbano en las postrimerías de la colonia, “trató de cicatrizar las heridas causadas por su antecesor, entregándose a construir obras de ornato público y obras de carácter urgente”. Fueron notables trabajos realizados en el barrio de Sopocachi, que sin duda llaman la atención púes no falta en la crónica la historia picaresca de las relaciones del gobernador con una distinguida dama.
Describe la labor conspirativa en los clubes secretos. Los patriotas conspiraron activamente contra la corona española, empleando para divulgar sus ideas, los pasquines, periódicos manuscritos que circulaban en las calles de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, siendo muy activo Pedro Domingo Murillo.

Describe a las valientes mujeres, María Manuela Sagárnaga, patriota, hermana de Juan Bautista Sagárnaga; Vicenta Juariste Eguino, que recibió a Bolívar con la llave de oro de la ciudad; Ramona Sinosain de cuna ilustre y de riqueza sin par, y la mestiza Simona Manzaneda, al que sumamos por la vía del ejemplo las referencias del indígena, José Sanco, quien integró la Junta Tuitiva. Entre los personajes de la república están Pérez de Urdininea, el Mariscal Andrés de Santa Cruz, el sabio Agustín Aspiazu, Casto Arguedas, los héroes y personajes de la guerra del Pacífico; los liberales Lucio Perez Velasco, Macario Pinilla, Serapio Reyes Ortiz, José Manuel Pando e Ismael Montes, Félix Reyes Ortiz, y la libertad de imprenta, matizan las entradas dedicadas al periodo republicano y el desafiante siglo XX.


* Magister Scietiarum en Historias Andinas y Amazónicas. Jefe de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Docente titular de la Carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés. Presidente del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la Unesco-Mowlac (2018-2019).


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