septiembre 27, 2021

Candidatos, prejuicios y programas


Por José Galindo * -.


Por ello, la aseveración de que el votante boliviano no vota por programas debe ser matizada: el votante sí quiere algo, sí tiene una visión idealizada de cómo debe ser Bolivia y, sobre todo, tiene una corazonada subconsciente pero ruidosa sobre lo que le resulta repulsivo, de lo que rechaza. Algunos candidatos entienden esto, otros no…

La encuesta desarrollada por la empresa Ciesmori por encargo de los nada oficialistas medios de comunicación UNITEL y El Deber ha tomado por sorpresa a todos los candidatos y sus organizaciones; si bien es cierto que ya se podía advertir que la oposición estaba pasando por un mal momento desde hace meses, no fue por ello menos impactante observar el despunte del presidente Morales en éstas mediciones de intención de voto. ¿Cómo se explica esto? Los opinadores adversos al actual gobierno no pueden salir de la emotiva condena o la exagerada indignación. “¿Cómo pueden los bolivianos votar por un autoritario e inconstitucional candidato?”, se preguntan ellos, sin cuestionar si hay de verdad un candidato autoritario o inconstitucional; o incluso si aquello es primordial para la mayor parte de los bolivianos.

Morales destaca en un primer lugar con un 37%, seguido por Mesa con un 26% y Ortiz con un 9%, concentrando entre los tres candidatos el 72% de los votos y dejando para el resto de los partidos un miserable casi 8%; mientras que el restante 20% se encuentra entre el voto blanco, nulo o simplemente no responde. A nivel departamental las cosas se presentan muy disimiles: con tendencias a veces opuestas: Ortiz es el favorito en Santa Cruz con un 27%, seguido por Morales con un 24% y Mesa con un 20%. En Cochabamba Morales es el favorito indisputado con el 55%, seguido por Mesa con un 22%, y dejando a Ortiz con un reducido 5%; en La Paz, Morales aún se mantiene en la delantera con un 38%, Mesa con 31%, Patzi con un 5% y Ortiz en cuarto lugar con un 3%. Son los tres departamentos más poblados del país y con mayor peso para la elección del Ejecutivo. Mesa es el favorito en Chuquisaca y Tarija; Oruro, Pando y Beni le pertenecen a Morales.

Pocos analistas se han atrevido a tratar de explicar estos resultados. Uno de los artículos más preclaros le corresponde al exvocero de Comunidad Ciudadana, Diego Ayo, quien apuntó a lo que algunos llaman la “política identitaria”, que orienta las preferencias de los posibles votantes en base a identificaciones de tipo regional o étnica, haciendo que Ortiz logre mejores resultados donde prevalecen sentimientos regionalistas, como Santa Cruz, y Morales en otros donde el discurso indigenista del oficialismo ha pegado más, como la región occidental del país. Aun así, su lectura no termina de explicar cómo el candidato hasta hace poco mejor posicionado, Carlos Mesa, sigue teniendo un efecto tenue. Añadamos algunos elementos a ésta explicación.

El subconsciente boliviano

Se suele decir que los bolivianos votan más con el corazón que con la cabeza. Se guían más por sus emociones o su afinidad personal por un candidato que por el programa o la línea partidaria del mismo. Esto es en sí un prejuicio, pero no deja de tener su granito de verdad. Es muy importante reflexionar aquí acerca de lo que es un “vector de identidad política”. Ensayemos una definición: un conjunto de ideas, emociones, aspiraciones, prejuicios y paradigmas a partir de las cuales las personas ven el mundo, casi siempre de carácter subconsciente, pero por ello mismo más efectivas al momento de influir sobre cómo se ven a sí mismas y qué eligen defender y rechazar.

No es que a la gente no le importen las ideas, pero no tienen el tiempo suficiente como para buscarlas en los candidatos. Y los candidatos, al mismo tiempo, no siempre son honestos respecto a estas ideas. El votante debe tratar de adivinar qué postulante representa mejor sus preferencias e ideales, y para ello no sólo recurre al discurso o a las declaraciones formales de los actores políticos, sino que debe tratar de asociarlas a su imagen, a algunos símbolos o algunas consignas. De la misma forma que hemos dividido durante los últimos meses a los bolivianos entre jóvenes y viejos o urbanos y rurales, ahora deberíamos dividirlos entre regionalistas, progresistas, conservadores y ambivalentes.

En ésta forma de interpretar las cosas no hay grandes ideologías o narrativas a las cuales adscribirse; sino condicionantes provenientes de aquello que se llama a veces “subjetividad colectiva”. Los elementos centrales o gravitaciones de esta subjetividad se van construyendo con el paso del tiempo y con la ayuda de los medios de comunicación, la academia, y de donde sea que vengan las ideas dominantes o más influyentes, algo que da para otra reflexión totalmente aparte.

Por ello, la aseveración de que el votante boliviano no vota por programas debe ser matizada: el votante sí quiere algo, sí tiene una visión idealizada de cómo debe ser Bolivia y, sobre todo, tiene una corazonada subconsciente pero ruidosa sobre lo que le resulta repulsivo, de lo que rechaza. Si el votante boliviano fuera tan infantil como algunos piensan, las elecciones sub nacionales serían una copia de las nacionales, pero sabemos que no es así. Evo nunca pudo, y tal vez nunca pueda, tomar la alcaldía de La Paz, pero los paceños lo quieren como presidente.
Las mismas consignas emocionales que los guían ahora, la misma afinidad que sienten por un candidato en particular y las mismas concepciones del mundo no racionalizadas no operan cuando se trata de elecciones sub-nacionales o de las elecciones judiciales, que sólo despiertan indiferencia y apatía en el mejor de los casos.

Prejuicios, aspiraciones y programas

Decíamos que los elementos que suelen definir los vectores de identidad política son lentamente introducidos en la cabeza de las personas a partir de los medios de comunicación, la academia, las redes sociales y todos los centros de emisión de ideas. Durante los últimos años, los siguientes temas han sido trabajados intensamente por opinadores, expertos, artistas, activistas y periodistas: la calidad de la democracia, la situación de la justicia, el estado de la salud, el nivel de la educación, el cuidado del medio ambiente, la cultura de la corrupción, la violencia y opresión contra las mujeres, la falta de oportunidades laborales, el deseo de lograr o conservar estabilidad económica, la necesidad de ser un país moderno más allá de las commodities para ser parte del mundo digital y científico, etc., etc.

Por ello, no deja de ser importante analizar los programas propuestos por los nueve partidos que se presentarán en estas elecciones. Algunas ideas que en ellos se presentan ya se han implantado en el subconsciente colectivo; algunos de estos temas si son gravitacionales; de hecho, cada uno de los ejes propuestos son parte de las propuestas y los programas de los candidatos en uno u otro sentido. No es que todos los bolivianos busquen la misma cosa, pero casi todos están de acuerdo en que estos son nudos centrales en nuestra realidad.

Algunos, por ejemplo, pueden ser muy promedio ambiente, inclusión de los desfavorecidos, anticorrupción, pero, a pesar de esto, conservadores antiaborto. No tiene por qué haber coherencia lineal entre cómo se articulan estos temas, pero son los temas de la agenda.

Así, no es de sorprender que algunos candidatos como Mesa propongan salir del dilema Estado vs mercado a partir de economías verdes y circulares; de hecho, es difícil pensar en un candidato que no sea verde, que no se declare amante de la Pachamama, y de los derechos de los bosques. De la misma forma, es difícil pensar en un candidato que se atreva a negar que el ritmo al que crecer los feminicidios no es crítico y preocupante; ni tampoco es muy fácil encontrar un candidato que ignore la necesidad de ya no vivir de la producción de materias primas y pasar a la industrialización, entendida de muchas formas. Sí, sin embargo, hay diferencias entre los candidatos de oposición y el oficialismo en cuanto a tres temas: la corrupción, la justicia y la calidad de la democracia. Tres temas que son el eje central de Comunidad Ciudadana y hasta cierto punto de Bolivia Dice No.

Nótese que nadie está tratando de vender socialismo o neoliberalismo, nadie pertinente y bien ubicado, al menos. Las exclamaciones anti China y pro EE.UU. del programa del MNR no pueden tomarse en serio, como tampoco se puede tomar en serio su intención de alcanzar el poder; lo mismo puede decirse de UCS o PDC o MTS y Feliz Patzi. Estamos ante un electorado extremadamente pragmático, que ya no le interesa la Agenda de Octubre, los discursos sobre soberanía, el antimperialismo o la liberación de los pueblos oprimidos del mundo. Pero que sea pragmático no quiere decir que no crea en algo, que no quiera algo.

Por ello, ésta elección es sólo entre Morales, Mesa y Ortiz; tres candidatos que han podido interpretar, representar y expresar de mejor forma visiones ideales de país en base de cada uno de los ejes que hemos expuesto. El resto, no se lo tomó en serio y hay programas como los del MTS que omiten totalmente estas preocupaciones, e incluso otras que son formalmente importantes, como la política exterior. Es casi como si a Patzi no le importara o como si viviera en otro país. Pero los primeros tres candidatos se muestran a sí mismos como los únicos con respuestas correctas a éste examen que el pueblo boliviano le pone adelante.

Conclusión: los programas si importan, importan como discurso, pero no en un sentido demagógico, sino en el sentido de que tan bien los candidatos pueden dibujar artísticamente a aquella Bolivia que se perfila no ya como más allá de lo posible, sino como la alcanzable e ideal.

La Bolivia del siglo XXI

Todo lo dicho hasta acá es una hipérbole, sin embargo: existen sectores sindicalizados de nuestra sociedad, gremios y corporaciones de la más diversa composición, que votarán por uno u otro candidato guiados por la presión del colectivo: la potencia plebeya del país es innegable incluso en momentos en que las organizaciones sociales no parecen ser más que un anexo del Estado; también se puede decir que aunque contradictorio y en constante transformación, el MAS ya es un partido institucionalizado, con una forma de operar que lo hace más fluido para atrapar electorados aprovechando espacios de poder construidos durante esta década y media; y también están aquellos que, aunque sean pocos, aún se guían por ideas como soberanía, libertad, democracia, libre mercado, competitividad, meritocracia, inclusión y otros valores que son muchas veces contradictorios o excluyentes.

Y al mismo tiempo, los candidatos deberán hacer lo posible para interpretar lo que este electorado quiere, y expresarlo artísticamente, casi como actores de teatro. Pero ellos también tienen sus propias ideas, sus propios intereses, sus propios compromisos. En ese sentido, identificar cuáles son los nudos de preocupación colectiva, vectores de identidad política, etc., no basta y se deberá construir interpretaciones más cabales y convincentes de qué es lo que se debe cambiar en el país y qué merece continuidad. El MAS tiene, en ese sentido, la visión más pertinente, a juicio de éste autor.

Pero en el fondo no se puede ocultar quien se es realmente.


* Es politólogo.

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