Por Gonzalo Gosalvez S. * -.
El incendio en la Chiquitanía nos presenta el reto de asumir una actitud comprometida para detener y enfrentar este tipo de desastres y los que podrían venir.
Una vez que el incendio de la Chiquitanía ha sido relativamente controlado, continúa la sombra de desastres por efecto de causas climáticas. Cada vez más, esa sombra se hace más grande y amenazadora, los impactos de los eventos actuales son devastadores y su magnitud se va incrementando.
Cuando frente a esta complicada situación se requiere de compromiso para enfrentar estos desastres, para luego enfocarse en sus causas originarias, existe una tendencia a la politización de la situación o a jugar el rol de juzgadores de otros, que impiden profundizar en el conocimiento de este tipo de fenómenos por su carácter complejo y social, provocando la inmovilidad y un alejamiento efectivo del problema y de las posibles soluciones.
Culpar al sistema capitalista de manera directa y abstracta del incendio “no es el fuego, es el capitalismo”, sin comprender las mediaciones entre el fenómeno y la sociedad, no ayuda en la comprensión del problema. Tampoco ayuda culpar a las autoridades, en este caso específico a una persona: al presidente Evo Morales, por un problema estructural que afecta a muchos países y por causas de las que ninguna persona puede ser responsable como tal. Tampoco ayuda el gesto de “el castigador” queriendo encontrar al o a los que ¡encendieron la primera chispa!, cuando se trata de fenómenos mucho más complejos.
Daños y pérdidas que deja el gran incendio forestal en Roboré
Los daños y pérdidas provocados por estos desastres son enormes. Los últimos datos indican que el incendio se extendió por más de 500.000 hectáreas: afectando la flora y fauna silvestres, degradando los bosques, provocando la pérdida de suelos y su fertilidad, la riqueza forestal maderable y no maderable, la reducción del bosque en tanto sumidero de carbono, la pérdida de medios de vida de la población, la afectación al balance hidrológico de la región, la calidad del agua, efectos sobre la salud de la población por efecto de las partículas suspendidas, viviendas e incluso al paisaje.
Los costos que deja el incendio son muy grandes. Muchos de estos bienes y recursos perdidos tienen un valor monetario pero otros, como los componentes de la Madre Tierra no lo tienen, sin que eso signifique que no afecte al conjunto de las comunidades de seres vivos de ese ecosistema.
Relación entre bosques, tierras y fuego
Las causas históricas del incendio surgen de la relación que existe entre bosques, tierras y fuego. La agricultura utiliza el fuego como un instrumento para la producción, esta cultura se profundizó en Santa Cruz desde 1946 con los planes de diversificación de la economía. Actualmente la economía de estas regiones cruceñas responde a este patrón tecnológico, por lo que existen una cantidad muy grande de incendios que se producen cada año, según Rodríguez Montellanos, entre el año 2000 y 2010 se quemaron más de 22 millones de hectáreas.
Solo en los primeros 19 días de agosto el Gobierno Departamental de Santa Cruz registró 7.746 focos de quema, mientras que el SENAMHI registró 11.468 focos de calor en el último fin de semana. Entre estas, se verifica que existe una proporción importante que son las quemas para habilitar nuevas tierras de cultivo y que el 66% de los incendios se producen a menos de un kilómetro de zonas deforestadas.
Se cuestiona el DS 3973 que permite la quema controlada, pero esta es una actividad que tiene larga data en el Departamento de Santa Cruz y que responde a una realidad productiva que implica el derecho al trabajo y a la producción de comunidades y campesinos, también hacendados, que proveen de productos al mercado nacional del cual toda la población boliviana se abastece. Es decir, este evento uno es el único incendio no controlado, hay muchos, pero además que son causa de una actividad socioeconómica existente que tiene esta dificultad técnica y causas ambientales serias.
Si bien es cierto que esta actividad está vinculada a las causas de los incendios, no se puede culpar de forma hipócritamente moralizante a productores ni a autoridades por esa realidad productiva. Al igual que no se puede culpar a la población urbana por la contaminación que produce el tipo de transporte automotriz que usan. Son problemas, que si bien no pueden ser ignorados, su carácter es histórico y social por lo que se deben enfrentar colectiva e integralmente.
Por otra parte, actualmente, el 5% en Bolivia, e incluso el 10% de los incendios en otros países, tienen un origen natural que no son provocados por los chaqueos. Metabólicamente los ecosistemas de bosques y llanuras o sabanas han convivido y, hasta cierto punto, se han adaptado al fuego, por lo que también, en la proporción mencionada, existe una relación natural entre el bosque y el fuego.
A estas causas permanentes, se suma el cambio climático que es un problema global de origen antropogénico, esto es, que tiene su raíz histórica en la sociedad industrial. El cambio climático está provocando una disminución de las precipitaciones, el aumento de las temperaturas con la disminución de la humedad en los bosques y en la atmósfera que son condiciones que generan la expansión acelerada de los incendios.
Existe una confusión al creer que el cambio climático es la variación del clima que siempre ha existido en el planeta en diferentes épocas. No es así, el cambio climático es el incremento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs), como consecuencia de la forma de producción industrial, que son liberadas a la atmósfera produciendo el aumento del efecto invernadero generando una mayor variabilidad climática (natural) que se expresa en mayores y más devastadores eventos climáticos. Por lo tanto, el cambio climático, tiene un origen antropogénico, es decir, tiene una causa histórica que es la matriz tecnológica de la sociedad capitalista industrial basada en la quema de combustibles fósiles en la que los países industrializados producen el 75% de los (GEIs) del mundo, pero que las causas recaen sobre todo el mundo y con mayor rigurosidad en los países que no tienen, o tienen pocas condiciones, para enfrentar sus impactos.
Tenemos causas socioeconómicas vinculadas a la agricultura, causas estructurales como el cambio climático y causas naturales, cuando se dice hacer algo en relación al problema de los incendios, no se pueden dejar de lado estos dos temas.
La Amazonía en llamas y otros eventos extremos
El dato más elocuente que muestra la extensión y complejidad del problema, es que toda la Amazonía está en una situación altamente vulnerable a los incendios y, que particularmente, es en Brasil, donde el incendio es más grave ya que se generaron 72.000 incendios que afectaron al 63% de la vegetación, alcanzando una extensión de más de 500.000 hectáreas y haciendo descender la temperatura de Sao Paulo en 10º C en un solo día por la nube de humo. Hay otros países como Paraguay que también están siendo afectados.
Simultáneamente, se incendiaron zonas en Canarias-España con 9.000 personas evacuadas. En Australia luego de una de las más graves olas de calor en febrero, continuaron este año las tormentas de granizo gigante.
Todos los científicos del mundo articulados en el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, presentan las evidencias de las causas del cambio climático y de sus consecuencias en la vida de los pueblos y el planeta.
Avances, acciones y tareas
En Bolivia, tanto la normatividad como las políticas de gestión de riesgos por desastres climáticos y otros, ha tenido un avance importante en el monitoreo y sistemas de alertas tempranas que articulan al gobierno central con los gobiernos subnacionales.
En relación al cambio climático, las políticas nacionales de uso sustentable de los bosques, adaptación y resiliencia al cambio climático son un referente internacional, pero las causas estructurales del cambio climático vinculadas al sistema capitalista moderno e industrial siguen latentes y es un ámbito en el que, absolutamente, todos debemos presionar para que se asuman medidas y compromisos efectivos.
A pesar de la gravedad del incendio explicada ya más arriba, las acciones entre el gobierno central, la gobernación, la solidaridad de otros actores de la sociedad y la organización de las comunidades, mostró una capacidad de respuesta y gestión del riesgo muy importante.
Disposición de aeronaves como helicópteros y el Supertanker para descarga de agua, movilización de efectivos del ejército, bomberos, médicos, técnicos, veterinarios, disponibilidad de alimentos y medicamentos para personas afectadas, perforación de pozos y cisternas, disponibilidad de vacunas y forraje para animales, centros de refugio para animales silvestres, planes de reforestación en el mediano plazo, una agenda conjunta para enfrentar este problema entre Bolivia y Paraguay. En toda la desmoralización que pueden provocar estos eventos, hay que saber valorar lo positivo.
Entre otras tareas que quedan por delante, se deben priorizar la restauración y recuperación de los componentes de los ecosistemas como una prioridad de todos y para todos.
Reflexión para todos y una alerta que exige compromisos
Los eventos extremos, tengan una chispa inicial por la actividad humana o sean consecuencia de causas naturales, tienen efectos devastadores sobre los ecosistemas y sobre las comunidades humanas.
Se deben mejorar las condiciones de gestión de los riesgos climáticos y de otros tipos, pero también se deben buscar alternativas para disminuir las condiciones que propician este tipo de impactos.
Estos efectos van mucho más allá de los costos estimables monetariamente de forma inmediata ya que implican funciones metabólicas de la Madre Tierra que tienen valor monetario pero que son fundamentales para la vida del planeta, de las especies de toda la humanidad. Sin embargo, los mismos costos monetarios son elevados y ponen en cuestión la eficiencia y racionalidad de las actividades económicas que actualmente se practican en la región.
Las actividades agrícolas de esa región nos proveen de productos para el consumo y son un derecho para los productores, pero es muy importante dar mayor impulso a alternativas productivas, tecnológicas y culturales como el manejo sustentable de los bosques con todos sus recursos, incluida el agua, invertir más dinero en actividades que quizás no terminen mostrando un valor elevado en dinero o ganancia, pero que en términos de la reproducción de la vida de las comunidades, sea mucho más valioso.
Y la lucha más complicada e importante, es la lucha contra un sistema que ha naturalizado los impactos del cambio climático. Sus núcleos de poder están empecinados por no hacer nada para disminuir las causas que provocan el cambio climático. Se debe seguir ejerciendo presión sobre las Cumbres mundiales del cambio climático para que los países industrializados asuman su responsabilidad disminuyendo sus emisiones pero también financiando los esfuerzos que hacen los países “en desarrollo” para enfrentar sus impactos.
Esta lucha integral existe un compromiso efectivo, dejando de lado la politización y la inmovilidad, nos lleva a enfrentar toda la estructura de producción, consumo y cultura del sistema capitalista que implican impactos sobre la Madre Tierra. Todos debemos y podemos enfrentar estos desastres con mayor solidaridad, conocimiento, conciencia y acciones colectivas.
* Es PhD en ciencias y humanidades.

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