mayo 25, 2020

¿Por qué Bolsonaro no va a ir a Buenos Aires?


Por Emir Sader-.


El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció que no irá a la toma de posesión del presidente y de la vicepresidente de Argentina, Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que tendrá de lugar el 10 de diciembre próximo. Tradicionalmente, los presidentes de los dos países participaban en la toma de posesión de su vecino colega, a parte de que la primera visita que cada uno de ellos hacía al exterior era al país vecino.

El anuncio del presidente de Brasil se hace público tras sus declaraciones en relación a las elecciones argentinas, sus expectativas de que los candidatos vencedores no triunfarían y, una vez que el resultado fue el opuesto al que esperaba, se produjeron las declaraciones en las que afirmaba que los argentinos se habían equivocado y que se arrepentirían. Lo hace desde un gobierno que ha perdido por lo menos 2/3 del apoyo electoral de sus electores en un pleito marcado por la manipulación de robots y de fake news. Lo afirma, como si su ausencia fuese a empañar la ceremonia de la toma de posesión, como si su ausencia fuese a notarse y fuese a lamentarse.

Al contrario, de inmediato el canciller del gobierno de Mauricio Macri rechazó las palabras de Bolsonaro, antes incluso que el nuevo presidente elegido de Argentina hiciesa lo mismo. Pero, ¿por qué Bolsonaro decidió no ir a la toma de posesión del nuevo gobierno del principal socio económico y político de Brasil?

Antes que nada, porque se puede imaginar el tipo de recepción que tendría en caso de asistir. Su imagen externa es la más rechazada de todas las existentes en el mundo de hoy, personificando lo peor que puede llegar a existir. Desde la responsabilidad por los incendios en la Amazonia hasta la contaminación de las playas del nordeste de Brasil por petróleo, sin que el gobierno, en ninguno de los casos, se haya molestado en combatir las catástrofes ecológicas. Al contrario, ha tratado usar los desastres tanto para expulsar a las poblaciones indígenas de la Amazonia como para inculpar al gobierno de Venezuela en la contaminación de las playas brasileñas por petróleo.

Si eso no fuese suficiente, el presidente de Brasil se ha hecho notar con sus descalificaciones hacia los defensores de los derechos humanos, de los derechos de las mujeres, de los negros, de las personas LGBTI, de los ecologistas. Asimismo, su política se ha caracterizado por el sistemático recorte de los derechos de los trabajadores y de los recursos para políticas sociales y por la intensificación de la privatización de recursos públicos. A parte de que su política internacional, se ha hecho notar por participar activamente en la acciones que tratan de aislar el régimen de Venezuela.

Bolsonaro sabe que el nuevo gobierno argentino va en la dirección exactamente opuesta a la de su gobierno. Fernández ya anuncio que Argentina se retirará del Grupo de Lima, constituido para actuar en contra del gobierno de Venezuela. Los nuevos gobernantes argentinos fueron elegidos por su critica radical al modelo económico de Macri, similar al de Bolsonaro, y de sus desastrosos efectos sociales, con estancamiento económico y tasas récord de desempleo.

El actual presidente brasileño se ha mostrado sumamente molesto con la visita que Alberto Fernández hizo a Lula antes aun de su elección como nuevo presidente de Argentina y sus reiteradas menciones al Lula Libre, así como a los mensajes de Lula a los nuevos gobernantes de Argentina. Él sabe que nunca las relaciones entre Argentina y Brasil han sido tan buenas como cuando Lula y Néstor Kirchner llegaron a establecer los acuerdos que llevaron al período de mayor fortalecimiento de los procesos de integración regional y de intercambio económico entre los dos países.

Bolsonaro supo que todavía en el día en que la Cámara de Diputados de Brasil votaba el impeachment de Dilma Rousseff, esta recibió la llamada de teléfono de Mauricio Macri expresando su solidaridad. Sabe que no fue con agrado que Macri lo recibió en la Casa Rosada y le oyó hacer declaraciones que ni siquiera la derecha argentina tolera.

El actual presidente de Brasil puede imaginarse como seria su recepción en Buenos Aires, en medio de la mayor fiesta democrática contemporánea de la región, que marcará la toma de posesión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Imagina como su figura, su presencia, sería el blanco del repudio a todo lo que él representa, así como la exaltación de Lula Libre.

Por todo ello, Bolsonaro ha anunciado que no va a acudir a la toma de posesión, a la que, por otra parta, ni siquiera había sido invitado y sería un invitado mal visto, desubicado, fuera de contexto, en una fiesta que consagra todo lo opuesto a lo que él y su gobierno representan.

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