septiembre 21, 2020

Amor en tiempos de coronavirus


Por Soledad Buendía Herdoíza-.


Estimado lector, después de una pausa obligada, por la fuerza de las circunstancias, vuelvo a reencontrarme con ustedes en este espacio de opinión en el periódico La Época. He cambiado el nombre de mi columna, de la “Mitad del mundo (Ecuador) a la tierra Azteca (México)”, para señalar el recorrido del exilio obligado en el cual me encuentro. Volvemos en un momento muy difícil para Ecuador y el mundo. Hoy el coronavirus recorre la faz de la tierra, cobrando vidas humanas en todos los países, como si fuere una pesadilla o una película de terror, pero la diferencia es que hoy somos los protagonistas.

El Gobierno ecuatoriano, que bajó el presupuesto de inversión en salud de una manera drástica de 306 mil millones en 2017 a 110 mil millones en 2019, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas, Subsecretaria de presupuesto, que pagó la deuda externa, lo cual evidentemente limitó su capacidad de inversión para la emergencia, está viendo cómo su sistema de salud colapsó y no puede dar respuesta a una ciudadanía desesperada.

Parafraseando a Camus, diríamos que lo peor de esta pandemia no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso, ¡y es así! Lo ha sido en los últimos días en nuestro país, algunos actores políticos disfrazados de periodistas nos han mostrado su alma; sin ningún temor defienden lo indefendible y cuestionan la queja ciudadana frente a la inoperancia de un sistema de salud que deja morir a los pacientes en las puertas de los hospitales, la prensa justificando el desbordamiento de los hospitales y azuzando el regionalismo y la violencia entre ecuatorianos.

Cuando hablamos de pasiones humanas, para tranquilidad de nuestros lectores, también encontramos aquellas que reconfortan y nos dan aliento y hablamos de un grupo de “warmis” (mujeres, en kichwa), que se organizan con el apoyo de la Prefectura de Pichincha para llevar canastas solidarias, alimentos frescos, desde las zonas rurales de la provincia, para los barrios marginales de Quito. El quédate en casa para parar el aumento del contagio requiere de mucho amor y solidaridad.

Esta crisis dejará un mundo diferente, las personas seremos distintas, seguro. Nuestra escala de valores tendrá que modificarse, el consumismo y el egoísmo del sistema capitalista neoliberal y patriarcal deberá ser desterrado si queremos sobrevivir; deberemos volver a la Pachamama, a la familia, a la comunidad, a pensar en nosotros, en todos. El ser humano, hoy más que nunca, deberá estar sobre el capital, sobre los intereses económicos, y el mundo deberá organizar sus economías sobre esta premisa.

Son entonces lógicos los pedidos de los principales referentes del progresismo para exigir la condonación de la deuda externa en los países de América Latina, así como el fin de bloqueos a países de la región.

Ese nuevo mundo, después de la pandemia, dependerá de las políticas que los Estados implementen. Si los Estados priorizan beneficiar a banqueros, cámaras de comercio y producción, empresarios y sus interés económicos, si garantizan la protección del capital, morirá más gente de hambre que de coronavirus. Si los Estados se dan cuenta que la salud pública, la educación, la seguridad social y el bienestar de la población son prioridades, que los recursos naturales no son infinitos y se están agotando, que estamos destruyendo el mundo y paramos, entonces sobreviviremos en una sociedad más justa, equitativa y solidaria.

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