mayo 26, 2020

Estados Unidos agrede a Venezuela en tiempos de coronavirus


Por JULIO A. MURIENTE PÉREZ * -.


Mientras la humanidad se ve azotada por una pandemia que ya ha costado decenas de miles de vidas, el gobierno de Estados Unidos lanza infamantes acusaciones y amenazas contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y contra su presidente Nicolás Maduro, pretendiendo vincular a este y a otros funcionarios del Gobierno con el narcotráfico. En lugar de dedicar sus esfuerzos a atender los cientos de miles de estadounidenses afectados por el virus, que reclaman la atención que no llega, Washington una vez más asume el rol de policía planetario, violentando el respeto a la soberanía de ese país, promoviendo la mentira y la difamación.

El Gobierno estadounidense inventa la paja en el ojo ajeno y se resiste a ver el inmenso leño en su propio ojo. Lo que le quita el sueño a Trump y compañía no es el narcotráfico, sino la fortaleza de la Revolución bolivariana.

Diversos estudios de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA), sitúan a Estados Unidos como el principal consumidor de drogas ilegales del mundo. Se estima que entre 40 y 50 millones de habitantes de ese país consumen con alguna frecuencia cocaína, heroína, metanfetaminas y marihuana. Esa cifra equivale a entre una octava y una sexta parte de la población estadounidense. Hay incluso quienes llegan referirse a Estados Unidos como un narco Estado.

Más de 150 mil millones de dólares anuales son invertidos por ese gran sector de la población estadounidense para satisfacer el vicio de las drogas.

Más del 25% del estudiantado estadounidense de secundaria consume marihuana con regularidad. El “Informe Mundial sobre Drogas 2017” de la ONU, indica que los mercados de Nuevas Sustancias Psicoactivas (NSP) más grandes y más diversificados se encuentran en América del Norte, en particular en Estados Unidos y Canadá.

Cada año mueren, en Estados Unidos, por sobredosis, 245.8 personas por cada millón de habitantes, más de 80 mil personas. Más que las muertes por accidentes de tránsito, suicidios u homicidios.

En la década de 1970, la administración de Richard Nixon impuso una política de mano dura para enfrentar el trasiego de drogas. La prioridad era castigar, no educar, prevenir o sanar. La misma fracasó; pero se mantiene obstinadamente. Mientras tanto, en las prisiones de Estados Unidos hay 655 personas por cada 100 mil habitantes –más de dos millones de personas, cifra número uno en el mundo–.

La droga ilegal que se consume en Estados Unidos –opio, heroína, cocaína, marihuana, metanfetaminas– proviene principalmente de Perú, Colombia y México; de Afganistán, o se produce internamente, como la marihuana y las metanfetaminas.

Los gobiernos de esos países son estrechos aliados de Estados Unidos, con los que hay buenas relaciones o incluso son países ocupados militarmente.
¿Por qué las acusaciones y amenazas se vuelcan contra Venezuela y no contra los gobiernos de Colombia, Perú o México? ¿Por qué no atienden en vez a los millones de usuarios de drogas ilegales y el mercado multibillonario que ello ha generado, dentro de su país?

En realidad, la administración Trump no está tan preocupada por el narcotráfico o por el consumo de drogas ilegales en su población. Esa no es para ellos la amenaza. Es el reto que representa Venezuela bolivariana al poder hegemónico que Estados Unidos ha mantenido por siglos en Nuestra América.

En lugar de ofrecer ayuda al pueblo venezolano, en tiempos de coronavirus, Estados Unidos opta por la amenaza, la fabricación de casos y la conspiración. ¡Tamaña insensibilidad!

Ello merece nuestro rechazo firme y categórico, más allá de cualquier consideración.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del
Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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