septiembre 21, 2020

Bolivia, entre la crisis, Dios y el corona virus


Por CARLA ESPÓSITO GUEVARA * -.


Después de varios meses, regreso a esta columna, que tan gentilmente La Época me brinda nuevamente, y me toca hacerlo quizás en uno de los momentos más críticos de la historia contemporánea del país. Escribo en medio del silencio de una cuarentena que semeja el silencio que precede la tormenta. Estamos, sin duda, en los umbrales de una crisis social, económica y política cuyas dimensiones todavía no imaginamos y que vendrá por doble partida. Por factores internos, derivados de un golpe de Estado que está destruyendo todos los avances económicos y sociales de la década pasada, y de una crisis mundial que inevitablemente tocará la puerta a consecuencia del Covid-19, que ha detenido los motores de la economía mundial.

Semanas atrás, Slavoj Žižek escribió un artículo que abrió un debate en torno a las probables consecuencias de este nuevo virus para el sistema capitalista. El eslavo sostiene que el Covid-19 asesta un golpe mortal contra el capitalismo, que morirá atacado de virus; en cambio, el coreano Byung-Chul Han piensa que Žižek se equivoca y que la pandemia más bien contribuirá a un fortalecimiento del sistema represivo mundial, del cual el capitalismo reemergerá más fuerte.

En el contexto boliviano, la pandemia ha exacerbado las tendencias represivas del Gobierno, consentidas ahora por ciertas poblaciones atacadas del miedo al contagio, que le han permitido controlar, momentáneamente, un gran descontento popular causado por sus políticas económicas.

Ciertamente esto no es nuevo, las pandemias han servido siempre para el control social y manejo de las poblaciones, de los cuerpos y las vidas. De hecho, el biopoder es un concepto que Michel Foucault propuso para explicar las técnicas a través de las cuales el poder gestiona la vida y la muerte de las poblaciones. Todos los Estados manejan técnicas de biopoder, por las que deciden qué poblaciones pueden vivir y cuáles deben morir, qué cuerpos se diseñan para trabajar y qué cuerpos para mandar. De hecho, en noviembre pasado, el Gobierno aplicó una técnica de biopoder, cuando decidió que los ciudadanos de Senkata y Huayllani debían morir; quizás por eso le resulte ahora tan difícil hacer creer a las poblaciones rurales, campesinas e indígenas, a los distritos alteños y los barros populares, que el Gobierno se preocupa por la vida y la salud de “todos”.

Pero lo interesante es que las políticas de biopoder se articulan también a las culturas políticas nacionales previas y a tendencias que ya venían en curso. En nuestro caso, se están articulando a preocupantes tendencias de fascistización y conservadurización de la sociedad boliviana, dispuesta ahora consentir prácticas y políticas represivas que años atrás hubieran parecido imperdonables. Son innumerables los comentarios en las redes sociales que, a nombre de la crisis sanitaria, justifican con sorprendente naturalidad la represión e incluso la eliminación de los “salvajes” –que no entienden lo que está pasando–.

Sin duda, frente a un desconocimiento total de la población que se gobierna, de un desprecio contenido contra los indígenas y una ausencia total de políticas de salud, vigilar y castigar a los pobres, a los indios, a los campesinos, a los “terroristas”, se ha convertido en la política gubernamental contra el coronavirus. Forma eufemística de un estado de sitio, que parece buscar la inmunización política contra el descontento popular y la movilización. La pregunta es si únicamente con represión será posible controlar el virus y el descontento por la crisis económica que se avecina. Lo más seguro es que no, se necesita un grado de legitimidad que este gobierno no tiene, quizás por eso, rogar a Dios por nuestros pecados se ha convertido en una política gubernamental contra el virus.


* Socióloga

1 comentario en Bolivia, entre la crisis, Dios y el corona virus

  1. Me parece que esta señora hace mucha política.
    El gob3 boliviano está haciendo todos los esfuerzos para combatir la pandemia del Coronavirus.
    En las fronteras el gobierno está haciendo todo lo posible por los bolivianos que vienen del exterior, En la frontera con Chile el gobierno boliviano instaló campamentos bien equipados con camas, con alimentación, tienen médicos y hasta laboratorios tienen. En esos campamentos las personas deben permanecer 14 días y luego se dirigen hacia sus regiones,

    En la frontera con Chile ha ocurrido un desborde muy rápido. Primero solicitaron el ingreso 150 connacionales, entonces el gobierno instaló un campamento para 300 personas, pero de repente aparecieron 480 personas, se los aceptó a todos. A los dos días aparece llegando muchas más que llegan a 300, y pretenden entrar sin respetar la cuarentena y encima apedrean a los soldados y les roban un fusil. El gobierno boliviano instala un nuevo campamento para 40p personas más, pero de repente aparecen más de 700 bolivianos queriendo entrar,

    Con saña y maldad critican y critican al gobierno de Bolivia, pero no ponen ni una paja, ni ayudan ni una pizca a combatir al coronavirus.

    El actual gobierno boliviano ha gastado en salud muchísimo más que cualquier gobierno anterior, Ha comprado 500 unidades de terapia intensiva, ha equipado clínicas y laboratorios móviles, está dando bonos a todos los necesitados, está pagando los gastos de luz y agua de las personas de escasos recursos..

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