septiembre 23, 2021

La pandemia y la arrogancia de los humanos


Por Julio A. Muriente Pérez * -.


Si alguna lección debiera aprender la humanidad de la crisis de salud que enfrentamos en todo el planeta, es lo vulnerable que somos los seres humanos ante los fenómenos de la naturaleza, aún los pueblos que habitan en países enriquecidos, militarmente poderosos y políticamente avasalladores.

Esa premisa, que podemos aplicar hoy al coronavirus y la enorme capacidad que ha tenido ese microorganismo de paralizar total o parcialmente continentes enteros, debemos tenerla presente al considerar movimientos sísmicos, huracanes, erupciones volcánicas, maremotos o inundaciones. Es la misma premisa que debiera guiarnos para entender el carácter catastrófico del calentamiento global y la deforestación masiva e indiscriminada, y la necesidad de tomar medidas urgentes de carácter internacional para enfrentar lo uno y lo otro.

La cultura e ideología de numerosas sociedades modernas, sobre todo las que se definen como “occidentales”, suele promover la idea de que la especie humana es superior y hegemónica frente al resto de la naturaleza. Insiste en la impunidad de los humanos e incluso establece que tenemos el derecho y la libertad de disponer de la naturaleza a nuestro antojo. No reconoce que, después de todo, el ser humano es primero que todo naturaleza frágil, cuya vida depende en última instancia de estar en armonía con el resto de la naturaleza.

No estamos simplemente ante consideraciones naturales. En efecto, si algo ha sacado a relucir el impacto del coronavirus en diversos continentes, es la profunda desigualdad social, económica y salubrista en unos y otros países. Definitivamente no es lo mismo habitar las favelas empobrecidas y sobrepobladas de Río de Janeiro, o las poblaciones rurales de diversos países africanos abandonadas a su suerte, que tener acceso a hospitales, medicamentos y atención apropiada en las grandes ciudades capitalistas. Paradoja de paradojas, aún ante esa enorme desigualdad de posibilidades existenciales, el coronavirus ha impuesto una suerte de justicia cruel, al azotar sin piedad países altamente industrializados como Italia, España y Estados Unidos. Pero aun allí los sectores populares enfrentan de manera más dura y difícil la pandemia.

Como regla general, los desastres naturales no existen; suele haber desastres sociales con la naturaleza. No es el sismo el que mata gente, sino las edificaciones mal construidas. Las zonas inundables lo son desde mucho antes que se construyeran casas en las mismas. Si no se hubieran construido allí, no hubiera habido problemas. Igual sucede con las estructuras que son afectadas por los vientos huracanados o por el golpe de un río crecido. El cambio climático es consecuencia directa de la quema indiscriminada de combustibles fósiles por varios siglos. Está directamente relacionado con el desarrollo del capitalismo. De ninguna manera es el resultado de un proceso natural.

Las enfermedades también forman parte de la naturaleza. La humanidad inevitablemente convive con ellas. Pero muchas veces son las condiciones de insalubridad y abandono las que precipitan que una enfermedad como el coronavirus se propague.

Los barcos artillados y los aviones de guerra pueden utilizarse para amenazar y para asumir actitudes arrogantes de países poderosos contra otros pueblos. También las bombas atómicas y los cohetes intercontinentales. Los grandes capitales pueden avasallar sociedades enteras y enriquecer a unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos. La desigualdad económica, política y militar puede prevalecer en todo el planeta. Toda esa arrogancia, toda esa soberbia, todo ese sentido de superioridad lo puede borrar de un soplido la fuerza de la naturaleza.
Ese es uno de los grandes mensajes del coronavirus. Contra la naturaleza ni la más poderosa de las naciones puede. Armonía, equilibrio, justicia, igualdad, respeto, humildad; son palabras que cobran fuerza en este momento trascendental.

Nos conviene aprenderlo.


Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del
Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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