julio 2, 2020

Cacerolazo en cuarentena


Por Verónica Navia Tejada -.


A inicios de 1992, se registró en Bolivia el brote del cólera; según la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta es una enfermedad infecciosa aguda, provocada por una bacteria llamada “vibrio cholerae”. No era nueva en la historia de la humanidad, es más, aquel brote fue considerado como el octavo elevado a nivel de pandemia. Ese año se registraron 62 muertos y más de mil compatriotas afectados (ninguno en Beni ni Pando).

La primera aparición del cólera se registró en la India, a inicios del siglo XIX, desde donde se propagó a casi toda Europa, hasta que en 1832 llegó a Francia. El historiador francés Gelis relata que Francia se mostró optimista frente a esa amenaza y pensó que estaba preparada ya que contaba con Comités de Salubridad y había sido uno de los primeros países europeos en formalizar la práctica médica. Obviamente, la bacteria castigó muy fuerte a los galos, quienes registraron más de 100 mil muertes, siendo la gente que vivía por debajo de la franja de la pobreza la que más se vio afectada.

Pero otro hito histórico ocurriría también en Francia ese mismo año: se ejecutaría el primer “cacerolazo”.
En 1830, luego de la abdicación de Carlos X, se proclamó a Luís Felipe I; los hechos dirán ahora que fue el último rey de Francia, pero el que reforzó el poder y estancia de la burguesía en el poder y en cuyo período nació el “proletariado” francés, debido a la ola de industrialización promovida por su reinado.

Nadie estaba conforme con el poderío burgués que se estaba acrecentando tras la gran Revolución, menos la gente pobre, ya que a nombre de ella se había liberado al país del feudalismo. Claro, nadie podía prever que el capitalismo ocuparía su lugar y que los pobres seguirían siendo pobres y a los señores feudales ahora se los llamaría burguesía industrial.

En fin, precisamente en 1832, dos años después del inicio del reinado de Luís Felipe I, llegó el cólera a azotar Francia, principalmente a París, ciudad que acogía a la mayoría de la población en condiciones de pobreza e insalubridad.

Es aquella población pobre, y ante una pandemia poco atendida por la monarquía, la que protagonizó el primer cacerolazo de la historia; hambre y miedo en la balanza que generó el cuidado durante el día y la protesta en la noche.

Desde aquella primera vez, la protesta conocida como cacerolazo, estaba vinculada al hambre generada por la pobreza, esta pobreza causada por la mala gestión de los gobiernos, la improvisación y la corrupción de sus gobernantes.

No es extraño entonces que en nuestro país se haya convocado a un cacerolazo en plena cuarentena, justificación histórica la tiene. Raro fue el cacerolazo convocado en noviembre del año pasado, cuando nuestra economía registraba crecimiento y la estabilidad política atraía inversiones en proyectos estratégicos, incluso del otro lado de los océanos; pero más raro aún es que quienes convocaron no fueron “los pobres”, sino más bien la llamada “clase media”, si, esa que más disfrutó del crecimiento y estabilidad económica, pero que odiaba a un indio en el gobierno; sí, un racismo propio de otra clase, pero muy de moda para copiarlo.

Comprobado está que el inicio del cacerolazo estuvo marcado por la pobreza, pero que esta población, además estuvo obligada a ingeniárselas en el cuidado contra la bacteria del cólera.

Cualquier parecido con nuestra realidad…


• Socióloga

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