septiembre 22, 2020

La animalización del “otro”


Por Carla Espósito Guevara *-.


Franz Fanon (1969) en su libro Los condenados de la Tierra, al describir el racismo producido en Argelia por la ocupación francesa decía: “En realidad el lenguaje del colono cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico […]. Cuando quiere describir y encontrar la palabra justa, se refiere constantemente al bestiario”.

Coincidentemente con la experiencia argelina, la utilización de un lenguaje bestializante es la forma típica que los sectores de derecha en Bolivia han encontrado para representar al “otro” indígena. Calificativos como “ovejas”, “llamas”, “ratas”, “hordas”, “masiburros” –para referir a los masistas–, alteños, indígenas en general, abundan en el discurso de las clases medias. Una formulación emblemática fue aquella pronunciada por la Presidenta transitoria cuando convocó a los bolivianos a no votar más por “esos salvajes”. Esta representación del “otro” como animalidad salvaje subraya un estado de pre civilización, pre-ciudadanía, pre racionalidad e incluso de pre humanidad, como característica esencial del “otro”.

“Por eso es pobre, es ignorante, no sabe, es casi una oveja, manipulable por gente que no es buena como ellos”, me dijo un hombre de 33 años en una entrevista que realicé el 2007 en Cochabamba, a raíz de los sucesos del 11 de enero ese año, idea con la que explicaba su actuación en la paliza propinada con cadenas y bates de baseball a los indígenas y campesinos en los luctuosos hechos de aquel año. Este discurso, tiene aún una extraordinaria vigencia y es ampliamente compartido por los sectores medios cochabambinos, siendo el mismo leguaje que usa hoy la “Juventud Cochala” para justificarse y diferenciarse como grupo.

Este tipo de construcciones hunde sus raíces en la dupla salvaje-civilizado, que construyó Occidente para justificar la colonización. Los relatos de la Colonia edificaron dos modelos antitéticos del “otro”. Unas veces como pueblos sin mal, sin los vicios de la modernidad, es decir, la romántica imagen del “buen salvaje” de Rousseau, que vive feliz en el estado de naturaleza, y otras como “salvaje”, primitivo, bruto, propia del pensamiento social darwinista que se impuso a partir del siglo XIX .

Una de las tareas fundamentales de la Ilustración, heredada por los Estados nacionales latinoamericanos, fue justamente “civilizar” a los “salvajes”, lo que suponía llevar a las sociedades salvajes/primitivas hacia la civilización y el desarrollo. De un “atrás” anacrónico hacia un futuro moderno. Por lineal y simple que sea esta lectura de la historia, aún hoy constituye un sentido común muy básico de sectores de clase como el que hoy gobierna en Bolivia.

Este discurso del buen y mal salvaje, aparte de ser parte de un proyecto civilizatorio, opera también como mecanismo de disciplinamiento y administración de las poblaciones indígenas. Cada Estado ha delineado una imagen de su “buen salvaje”, su “indio permitido”, dócil, obediente y genuflexo ante el poder, en suma, el que se deja “civilizar”. Víctor Hugo Cárdenas y Rafael Quispe son actualmente buenos ejemplos de ese “indio permitido”. El “otro” es el indio indócil, el “salvaje incivilizado e “ignorante”, que ha subvertido el “orden” y constituye el fracaso del proyecto “civilizatorio” de Occidente; es ese ser liminal que está en el borde entre lo humano y la animalidad que solo puede ser nombrado a través del bestiario.

La animalización del indígena o masista, como “indo no permitido”, está peligrosamente cerca de aquellas filosofías que en el pasado justificaron la eliminación del “otro” pues, al representarlo como animal, queda e inferiorizado y deshumanizado, por tanto, su vida vale menos. El holocausto judío en Europa y la matanza de tutsis en Ruanda se organizaron sobre mecanismo similares. En Ruanda fueron comunes frases como: «Vamos a matar cucarachas», «cuidado con la serpiente, cuando vea una, mátela, porque si usted no lo hace, ella lo hará»; todas ellas traen inevitablemente a la mente aquellas ideas que circularon al inicio de la pandemia convocando a contagiar a los masistas con coronavirus o las que justificaron las masacres de Huayllani y Senkata, porque los indios son “irracionales”, “se matan entre ellos” o “vuelan plantas de gas”.

La peligrosidad de estos discursos es tal que, en determinadas circunstancias históricas, puede llevar al genocidio. Lamentablemente estas ideas están muy arraigadas en las clases medias bolivianas, que viven totalmente inconscientes del peligro que encierran sus temibles ideas.

• Socióloga

2 comentarios en La animalización del “otro”

  1. Un desnudamiento explícito del actuar y sentir de sectores medios. La sobreactuacion y prepotencia al calor del ejercicio de un poder circunstancial (intempestivo) y transitorio ha generado una disociación inevitable en la sociedad.
    A mi parecer, ésta situación de quiebre o grieta en la sociedad ES INHERENTE A NUESTRA HISTORIA SOCIAL. Si bien, en la mayoría de los procesos históricos son las clase alta y sectores medios desclasados los que regentaban el Poder, con EVO MORALES, se logró cambiar ese predominio hegemonico.
    Cuando expresé como ejercicio circunstancial del Poder, creo va a ser así.
    Considero que va a ser inevitable el retorno al Poder de los históricamente excluidos, basándome justamente, entre otras cosas, por análisis exquisito que hiciste. Saludos

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