agosto 7, 2020

Áñez y su gobierno transitorio y colonial


Por Verónica Navia Tejada -.


En las últimas tres semanas hemos sido testigos de la mediocre arremetida de quienes arrebatarían el gobierno electo por el pueblo para asumir un presunto período de gobierno transitorio; hemos pasado de la denuncia de violación flagrante y peligrosa de los Derechos Humanos a la salud, a la libertad, derechos a la libertad de expresión y de prensa, a las garantías constitucionales del debido proceso hasta llegar a la denuncia de maltratos, calumnias, discriminación e incluso misoginia.

La interseccionalidad de raza/clase/sexualidad/género, propuesta por María Lugones en la primera década del 2000, como (meta)categoría de análisis para entender mejor el feminismo de color de Estados Unidos desde la “colonialidad del género”, nos servirá esta vez. Primero debemos entender que Lugones parte de la deconstrucción conceptual de “raza” propuesta por Quijano, aceptándola como categoría impuesta para justificar la dicotomía dominación/sumisión desde una perspectiva territorial/temporal, no solamente desde las diferencias físicas de las personas. Es así que se justifica que lo “europeo” esté en sitial privilegiado respecto de lo “americano” y, más aún, de lo “africano”. En Bolivia, desde el 10 de noviembre de 2019, esta categoría “raza” se vio claramente reflejada en la diferenciación de “alteño” y “paceño” o “campesinos” y “citadinos”, los primeros catalogados como salvajes e ignorantes, mientras que los segundos como educados y tolerantes.

También desde esa fecha, los “privilegios de clase” se fueron imponiendo, usurpando el poder a los movimientos sociales con el uso de la fuerza y de las armas. A partir de ahí, la pérdida de garantías sobre los derechos laborales y la estabilidad económica ha sido el modus operandi de las autoridades de este presunto Gobierno, y con más fuerza en momentos en que nos enfrentamos a una crisis pandémica por el Covid-19.

Respecto al tercer componente de la interseccionalidad de Lugones, el uso y abuso de los aviones de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) se han justificado y criticado dependiendo del fin. Resulta que el traslado de una exreina de belleza de una provincia beniana se justifica como “acción humanitaria”, pero se castiga el viaje oficial del expresidente Morales y una comisión, de la cual formaba parte su exjefa de gabinete, poniendo en duda incluso su capacidad profesional. En ambos casos, sin embargo, se esmeran por interponer los imaginarios placeres del “macho alfa” por sobre las “ocasionales acompañantes”.

El género, como cuarta categoría de análisis, es el más visible y violento. Las “presas políticas del régimen de Áñez” –llamadas así las ocho mujeres aprehendidas y detenidas de manera irregular, luego de la renuncia del presidente Evo Morales– son la prueba de que la usurpación transitoria del poder se enfoca en castigar por lo avanzado en los últimos 14 años. Pero ese castigo arremete con mayor violencia contra nuestros cuerpos de mujer y todo lo que este representa.

Nada de lo expuesto es ajeno al proceso de derechización de toda América Latina, sin embargo, nuestro país merece más atención, no solamente porque se trata de un gobierno ilegítimo, sino porque además nos dicen que la presidenta es mujer; por los tanto la descolonización y la despatriarcalización son ahora las consignas urgentes de movilización social.


* Socióloga

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