agosto 8, 2020

Covid-19 y 30 millones más de pobres en América Latina y el Caribe

Por Ximena Roncal Vattuone-.


El impacto del Covid-19 en las economías de la región ha dejado de lado los escenarios positivos de recuperación proyectada del crecimiento en 2020, cambiando de manera radical el escenario de las actividades económicas e incluso de la acumulación de la riqueza. En el Informe sobre el impacto económico en América Latina y el Caribe de la enfermedad por coronavirus (Covid-19), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) calcula que en América del Sur la actividad económica tendrá una caída del 5.3% del Producto Interno Bruto (PIB), en tanto que el desempleo aumentará en 3.4% e incidirá de manera negativa sobre los ingresos de las familias, mermando sus posibilidades de contar con los recursos necesarios para la satisfacción de las necesidades básicas.

La Cepal advierte un incremento de 5% de la tasa de pobreza, equivalente a 28.7 millones de personas más que vivirán en situación de pobreza, mientras que la pobreza extrema se acrecentará un 2.5%, pasando del 11% al 13.5% en relación al 2019, lo que representa 16 millones de personas en esta precaria situación. Si bien en los países del Caribe la caída será del 2.5% del PIB, la tasa de desempleo será mucho más elevadas e incluso la falta de empleo será más grave que la registrada durante la crisis financiera mundial, esto a causa de la caída de la demanda de servicios del sector turismo, intensivos en trabajo y principal fuente de empleos, que tendrá un impacto negativo de casi el 50%.

Estas cifras reflejan un contexto devastador y de parálisis económica, de crisis pandémica con elevados costos humanos, de precarios sistemas sanitarios colapsados y donde han sido los Estados los actores principales y los responsables en desplegar una serie de medidas de política económica y políticas en salud para sostener los ingresos, contener la propagación del virus y de la profunda crisis que aqueja a la región.

Se debe agregar a este escenario la caída de la actividad económica mundial y su deteriorado funcionamiento, de manera particular los Estados Unidos, una conflictuada Europa y el desplome de la demanda China, que ha reducido las exportaciones regionales a este país en 25% en lo que va del año. Asimismo, en la región existen sectores productivos de países insertos en cadenas globales de valor en las que el país asiático juega un rol fundamental. “Los países más expuestos son la Argentina, el Brasil, Chile y el Perú”, los mayores exportadores de productos como mineral de hierro, mineral de cobre, zinc, aluminio, soja, aceite de soja a China.

Milanović, sostiene que la crisis de la economía mundial es de larga data y sus orígenes se remontan “más allá de la debacle financiera de 2008 y del malestar creado por la globalización. Es probable que su origen sea el éxito impresionante y algo inesperado de la introducción de relaciones capitalistas en todos los ámbitos de la vida, incluidas nuestras vidas privadas y, significativamente, la política”.

El impacto sobre el comercio en América Latina y el Caribe se refleja en términos de volumen y precio, en especial las materias primas, las cuales tienen una mayor vulnerabilidad a la disminución de sus precios. En este nuevo panorama, señala la Cepal, el valor de las exportaciones de la región va a caer en un 15%, acompañado de una reducción de los precios del 8.8% y una contracción del volumen del 6%, como resultado de la aguda contracción de la demanda mundial.

En lo que respecta a los flujos de remesas, la caída está siendo dramática, con efectos significativos a la actividad económica, pero sobre todo para las familias. El Banco Mundial (BM) ha previsto la mayor caída de los flujos de remesas tanto hacia América Latina y el Caribe como al mundo. Por su parte, la Cepal indica que entre el 80% y 90% de las remesas son utilizadas para cubrir necesidades básicas de los hogares receptores, como alimentación, salud y vivienda, por lo que su contracción impactará en el consumo y la incidencia de la pobreza. Además, México y Centroamérica están expuestos a la contracción de la economía de los Estados Unidos, principalmente a través de la reducción de las remesas de los migrantes. En el caso de México se agrega la caída del precio del petróleo.

Aunado a esta situación, el crecimiento del endeudamiento global y la reactivación del dispositivo de deuda en América Latina y el Caribe, a través de los préstamos otorgados por los organismos financieros internacionales, particularmente el Fondo Monetario Internacional (FMI) que con la garantía de los Estados Unidos querrá ejercer una vez más el control económico y político sobre la región. Hasta la fecha el Fondo ha aprobado 14 mil 780 millones de dólares, cuyo destino son 13 de los 17 países que solicitaron los recursos para enfrentar la pandemia.

El Covid-19 ha acelerado los cambios que ya se encontraban en curso en la geopolítica mundial en las últimas décadas: el declive de la hegemonía del capitalismo de mercado norteamericano y la caída de su crecimiento además de la incapacidad del gobierno de Trump y su renuncia para llevar el liderazgo del control de la pandemia. El ascenso del capitalismo de Estado chino, su nivel de adelanto científico y tecnológico y el rol asumido en el control y combate de la epidemia, su mayor presencia en Latinoamérica y su objetivo encaminado a la recuperación de su espacio económico como potencia global.

Los escenarios son pesimistas: el incremento de la tasa de desempleo, la profundización de la desigualdad de género y la saturación del trabajo no remunerado, el aislamiento social, hacinamientos, implementación de instrumentos de control y geolocalización, la polarización política, así como toques de queda, represión y militarización (Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador) y aproximadamente 30 millones más de pobres, en un horizonte que no vislumbra recuperación en el corto plazo.


* Dra. en Economía Política del Desarrollo

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