agosto 11, 2020

Puerto Rico y Congreso Anfictiónico de Panamá


Por Julio A. Muriente Pérez-.


“…la gran capacidad visionaria del Libertador, sin duda el hispanoamericano más preclaro de su tiempo, se estrelló contra la cortedad de miras de los dirigentes políticos de su generación.” Doctrina del Libertador, Manuel Pérez Vilá, Compilador / Editor

Entre el 22 junio y el 5 julio 1826 se constituyó el Congreso Anfictiónico de Panamá. Fue convocado por el Libertador Simón Bolívar, poco antes de la decisiva batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), que supuso la derrota definitiva de “casi todo” el imperio español en América. El objetivo del Libertador era promover la creación de una federación de países hispanoamericanos independientes. Se reunieron en la zona del istmo –que entonces era territorio de la Gran Colombia– México, Perú, Bolivia, Gran Colombia y Guatemala, en representación de las Repúblicas Unidas de Centroamérica. Han pasado  194 años de aquel evento histórico.

Poco antes, el 2 de diciembre de 1823, el presidente de Estados Unidos, James Monroe, ofreció un mensaje al Congreso de ese país en el que, a la vez que advertía a Europa que no intentara recuperar sus colonias en América, anticipaba la intención de su gobierno de lanzarse a la conquista del continente americano. Ese es el origen de la llamada Doctrina Monroe, asimismo conocida por la consigna imperial de “América para (nosotros) los americanos”.

La aspiración bolivariana de unir a los pueblos que habían surgido de la guerra anticolonial contra España, fracasó. Prevalecieron la mezquindad de los nuevos gobernantes y las amenazas y chantajes del Imperio británico y Estados Unidos.

Uno de los asuntos principales de la agenda presentada en el Congreso de Panamá se refería a la independencia de Cuba y Puerto Rico, últimas colonias que le quedaban a España en América. Ambas islas habían sido plazas militares imperiales importantes durante la guerra.

En cuanto a Puerto Rico, nos dice Delfina Fernández Pascua en su libro Ramón Power y Giralt y las Cortes de Cádiz que “si a Cádiz le correspondió ser el refugio nacional de las autoridades políticas, militares y civiles (debido a la invasión napoleónica), Puerto Rico tuvo la misión de ser el punto de reunión de las autoridades españolas expulsadas de Venezuela y de la gran cantidad de emigrantes que huyeron de la guerra en Caracas –a partir del 19 de abril–… El Consejo de Regencia… extendió al gobernador de Puerto Rico poderes, facultades y leyes especiales que corresponderían a un jefe de plaza sitiada”.

No solo interesaba a la España decadente perpetuar su dominio sobre las dos Antillas, sino que Estados Unidos ya había puesto su mirada expansionista en estas islas. Tanto así, que intervino de manera agresiva para impedir que se materializara el punto tercero de la agenda de la malograda Conferencia de Panamá, que se refería a la organización de una expedición naval dirigida a lograr la independencia de estas últimas posesiones españolas.

Fue una de las primeras ocasiones en que Estados Unidos –que dedicaría el siglo XIX a expandir sus fronteras hacia el oeste a sangre y fuego– aplicó la Doctrina Monroe. A tan temprana fecha ya Washington contemplaba apoderarse de Cuba y Puerto Rico, y no podía permitir, como de hecho impidió, que se materializaran las aspiraciones libertarias de Bolívar.

En 1898 las dos islas fueron tomadas como botín de guerra por Estados Unidos, como resultado de la Guerra Hispano-cubano-americana. Cuba fue convertida en una república mediatizada, que se desplomó con la revolución triunfante el primero de enero de 1959. Puerto Rico sigue siendo colonia estadounidense, 122 años después de la invasión militar.


  • Catedrático  Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

 

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