octubre 28, 2020

En 1898 pagaron $650,586 por este pueblo “pobre y sucio”


Por Julio A. Muriente Pérez-.


No lo tomé como una broma, y en múltiples ocasiones
el presidente mostro interés en comprar Groenlandia,
acotó, mientras dijo que el mandatario quería
hacer el cambio tras afirmar que Puerto Rico
es “sucio” y de gente “pobre”.

Miles Taylor (Exfuncionario del Departamento de Seguridad Nacional Gobierno de Estados Unidos 22 de agosto de 2020)

El gobierno de Estados Unidos le entregó a España una “indemnización” de 20 millones de dólares, luego de derrotarla en la Guerra hispano-cubano-americana de 1898, y tras apropiarse de Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico como botín de guerra. Así quedó establecido en el Articulo III del Tratado de Paz de París, suscrito el 10 de diciembre de ese año: “Los Estados Unidos pagarán a España la suma de veinte millones de dólares ($20,000,000) dentro de los tres meses después del canje de ratificaciones del presente tratado”.

Si dividimos esa precaria cantidad de dinero entre el total de kilómetros que suman los territorios conquistados –unos 424.233– la inversión fue de más o menos $47.14 por kilómetro, lo que incluía a millones de pobladores, que también entraron en el negocio, y todas las edificaciones que había en esas islas.

Según ese cálculo, el gobierno estadounidense pagó por Puerto Rico y por cerca de un millón de los puertorriqueños y puertorriqueñas, edificios, carreteras, instalaciones militares y civiles y todo lo demás, aproximadamente $650.586. Ese fue el precio que nos asignaron entonces; al cercado y a las reses, por así decirlo. Fue un gran negocio de bienes raíces para aquel país que se abría paso a sangre y fuego como potencia capitalista mundial al final de un siglo y el nacimiento de otro. Valió la pena aquella “little splendid war”.

Conviene que tengamos presente esa compraventa de tierras y seres humanos de la que fue objeto Puerto Rico. 122 años después el presidente estadounidense Donald Trump ha mostrado insistentemente su interés en vendernos o canjearnos a algún interesado.

No conforme con situarnos en el mercado de bienes raíces del siglo XXI, Trump se ha dedicado recurrentemente a insultarnos.

Ahora el insulto es generalizado. En su opinión, somos pobres y sucios y convendría indagar a ver si a Dinamarca le interesaría canjearnos por Groenlandia, esa isla enorme cubierta de hielo –más de dos millones de kilómetros cuadrados– y apenas 56 mil habitantes, que ubica al noreste de Canadá.

Aparte de la insolencia repetida de Trump contra el pueblo puertorriqueño, existe una realidad política insoslayable: en el actual estado de cosas, Estados Unidos puede hacer con Puerto Rico lo que le plazca. Somos su posesión colonial. Esa relación unilateral y absoluta ha quedado plasmada en diversos documentos, el primero de los cuales es también el Tratado de 1898, que en su Artículo IX establece que: “Los derechos civiles y la condición política de los habitantes naturales de los territorios aquí cedidos a los Estados Unidos se determinarán por el Congreso”.

Esa posición unilateral se sostiene a su vez en la letra de la propia Constitución de Estados Unidos, que aunque entró en vigor en 1787, pocos años después de alcanzada la independencia ya anticipaba la intención de la joven República de convertirse en una potencia conquistadora y expansionista, según establecido en la llamada cláusula territorial de dicho documento.

Frente a semejante unilateralidad anacrónica es que ha luchado y lucha el pueblo puertorriqueño, en defensa de su cultura y nacionalidad, y en favor de su derecho a la autodeterminación e independencia. Una batalla altamente desigual, contra la potencia imperialista más poderosa y rapaz del planeta.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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