octubre 22, 2020

Las pruebas que hay de la masacre de los golpistas en Sacaba y Senkata


Por Carlos Echazú Cortéz-.


Murillo y los demás golpistas desesperan porque su discurso en torno a los luctuosos hechos de Sacaba y Senkata ha quedado desestimado en el último informe que ha emitido Michelle Bachelet, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El tema es altamente sensible puesto que desenmascara que lo que en realidad hubo en noviembre del año pasado fue un golpe de Estado, ya que ningún gobierno legítimo necesita y puede cometer una matanza para sostenerse en el poder. Una vez desenmascarado el golpe, se cae la mentira sobre el mentado «fraude electoral» y su pretendida «lucha por la democracia».

La Comisionada tocó el aspecto nodal del asunto al mencionar que le preocupaba la ausencia de investigación sobre las masacres de Sacaba y Senkata. La reacción del gorila Murillo fue tan torpe que, una vez más, deja al descubierto las mentiras del Gobierno. Según la versión absurda del más grosero de los ministros de Áñez, el hecho de que las víctimas tengan las heridas de bala en la espalda y en la nuca sería la prueba que demuestra que se mataron entre ellos, porque –comentó– en un enfrentamiento los contendientes están frente a frente y nunca «ha visto balas que den la vuelta» para irse a anidar en las espaldas de uno de los bandos en contienda.

Tamaña aberración solo puede caber en la cabeza de quién jamás ha estado presente en una manifestación de protesta. En estas ocasiones, los manifestantes se acercan a la policía gritando sus consignas y flameando sus banderas. Hasta ese momento, los contendientes efectivamente están frente a frente. Entonces, las fuerzas represivas, provocadas o no, lanzan sus gases lacrimógenos a los manifestantes y estos corren huyendo de los gases, para reagruparse más allá, donde los gases ya no hacen mayor efecto. ¿Sabe qué quiere decir esto, señor Murillo? Que tanto en Sacaba como en Senkata las cobardes fuerzas de la policía y el Ejército dispararon contra los manifestantes cuando estos huían de los gases. Por eso sus balas fueron a parar en las espaldas de sus víctimas.

Por tanto, el aspecto señalado por el ministro del terror implica que las masacres cometidas por las fuerzas represivas fueron realizadas con alevosía y premeditación. Tenían el objeto de cobrar víctimas mortales para aterrorizar a los manifestantes y de este modo lograr «pacificar» al país, un término utilizado eufemísticamente por los masacradores para referirse a sus masacres.

De ahí que el Informe de Bachelet sobre la ausencia de investigaciones en torno a las masacres toque el punto más esclarecedor sobre el asunto. Efectivamente es la prueba de que estas fueron evidentemente cometidas por la Policía y el Ejército. De otro modo, se habrían llevado a cabo investigaciones muy raudamente por parte del Ministro que amenaza con cárcel a todo el mundo, incluso por «incumplimiento de deberes». Si fuera efectivamente cierto que «grupos terroristas» actuaron en esas oportunidades para asesinar a los manifestantes, ahí tendría él la oportunidad para mostrar al pueblo boliviano y al mundo «las maldades» de los masistas y no tuviera que estar inventando, fabricando y fraguando tantas otras cosas que ha imaginado a lo largo de estos 10 meses.

Además, súmese a la ausencia de investigación sobre estas masacres otros elementos, por ejemplo, el Decreto Supremo 4078, que deslindaba responsabilidad penal al Ejército y a la Policía en las operaciones de «pacificación», que en realidad fue una licencia que otorgó Áñez a las fuerzas represivas para matar a manifestantes. Adhiérase también a este contexto la negociación que inició el Gobierno con los familiares de las víctimas de Sacaba y Senkata, donde les requirió que, a cambio de recibir un resarcimiento, no continuaran sus denuncias en instancias internacionales.

Tamaño atrevimiento es prácticamente un reconocimiento de parte del Gobierno de haber instruido que se realizaran las masacres. Finalmente, póngase el blindaje mediático que los golpistas le han puesto al asunto: los medios de comunicación prácticamente no hablan del hecho. Siendo hechos de la mayor gravedad, lo lógico es que los periodistas mostraran las mismas dotes interpelativas que expresaron hacia el gobierno de Evo. Sin embargo, callaron sobre el asunto asumiendo como verdad que «se mataron entre ellos». Eso hace a los medios de comunicación del establishment cómplices de esas matanzas.

Pero bien, más allá de todas estas pruebas, están los testimonios de quienes estuvieron presentes allí y señalan a las fuerzas represivas como autores de las masacres. En este curioso caso, la palabra de los testigos no ha valido absolutamente nada, ni para quienes tenían la obligación de investigar, ni para los medios de comunicación. Eso demuestra su intensión de encubrir el hecho y, por ende, los desenmascara como los autores intelectuales y materiales de estos actos criminales.


* Militante de la izquierda boliviana

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