diciembre 1, 2020

El MAS-IPSP y la nueva geografía del poder

Por Juan Carlos Pinto Quintanilla-.


Existe un nuevo mapa de la organización del poder, luego de lo acontecido con las elecciones del pasado 18 de octubre. Los grupos de poder en Bolivia que se habían atrincherado en el gobierno golpista y fuera de él los grupos empresariales que siguieron buscando sacar ventaja de esa condición anticonstitucional, además de las pititas clase media urbana tradicional o bien los que aspiraban a sentirse de esa condición social; terminaron en un desbande con muchas líneas posibles de acción futura y posiblemente ninguna juntos.

En esa perspectiva los que lograron representación estatal en la Asamblea Legislativa, varían desde los que desde la primera oposición (Comunidad Ciudadana) pretende ser el portavoz de las clases medias y las minorías opositoras generando un papel negociador ante la gestión estatal del MAS; hasta los que desde Creemos, pretenden boicotear lo más posible la gestión estatal; habiéndose ya adelantado con un pretendido desconocimiento de las elecciones, con un paro cívico regional fracasado y la convocatoria una vez más a enfrentar el fraude; todo ello en miras de potenciarse regionalmente pues las condiciones del 2019 que les permitieron junto a la OEA alentar la figura del fraude y provocar el levantamiento policial-militar, ya no existen más.

Todos ellos sufrieron una derrota histórica no sólo por el 55,10% de votación recibida por el MAS-IPSP, sino porque en el año de gestión golpista que tuvieron demostraron que no tienen un proyecto de país más allá del saqueo estatal, la corrupción y la discriminación junto al racismo exacerbado como sustento ideológico, matizado con rezos y oraciones evangélicas para evitar el retorno del “Satanás Estado Plurinacional”. Por supuesto que no renunciarán a sus intereses de clase que van desde la gran propiedad privada y el uso de recursos estatales para su beneficio; hasta el retorno a su primacía de clase por sobre lo popular. Para eso demostraron que, si para lograr esa “democracia” deben pasar por el golpe de estado, están dispuestos a hacerlo.

¿Qué ha ocurrido en este camino con las mayorías y con el propio MAS como representación política? Pues que fue sorprendido una vez más por un pueblo que mayoritariamente decidió optar de manera aplastante por esa representación político-social. De caminar por cierto grado de soberbia sobre el poder y su sustento popular el 2019 sin darse cuenta ni asumir autocríticamente que el país había cambiado no solo materialmente, sino en su entramado social. Sin atinar a un proceso de repolitización de las propias mayorías o las nuevas minorías, dejando de lado esta mirada bajo el precepto falso de la politización permanente y mágica de las masas sustentada en las mejores condiciones de vida y oportunidades que había creado el proceso de cambio, transcurrimos por un año de golpe de Estado para repensar autocríticamente varios temas, sin dejar de valorar los éxitos revolucionarios del proceso.
Algunas dirigencias sociales asumieron el papel conservador de dejarle el papel transformador al Estado y al liderazgo, y consumieron muchas energías revolucionarias que debían seguir siendo detonadas en las organizaciones sociales. Y sin embargo luego del golpe consumado, las organizaciones sociales, tomaron nuevamente las calles y ofrendaron vidas y resistencia por un proceso que les pertenecía, y no dejaron la rebelión porque fue siempre la mejor manera de demostrar su fuerza e identidad en este históricamente negado país plurinacional. Los resultados fueron nada más que su consecuencia, así como los innumerables bloqueos anteriores a las elecciones que estaban mostrando una vez más al sujeto histórico movilizado más allá de la formalidad, tomando por asalto el país que les pertenece.

El Instrumento por su parte, era parte de esas movilizaciones en tanto base social, pero al mismo tiempo no lo era en tanto decisiones y mandato orgánico. Esas mayorías empoderadas con sus propios canales de movilización, resistencia y lucha planteaban diferentes canales de expresión política, desde los autoconvocados o las bases de las organizaciones sociales del pacto; pero finalmente todas ellas convergieron en torno a la realización efectiva de las elecciones el 18 de octubre. Para tal condición el MAS orgánico tuvo que generar un nuevo equilibrio interno, que permitiera, que el liderazgo histórico y político de Evo convergiera junto a otras voces que desde Bolivia demandaban cambios y nuevos equilibrios; de esta condición es que nació el binomio ARCE-CHOQUEHUANCA, como alternativa dentro la propia mayoría, sin romper ni desgajarse pues el proyecto estaba íntegro y su base social también, en contraste con las minorías opositoras que no dejaban de desangrarse mutuamente fruto de sus angurrias de poder.

Todo el proceso electoral hasta las elecciones fue una permanente acumulación de fuerzas, fruto de la recuperación reivindicativa de las calles a consecuencia del desgobierno y la represión; tiempo en el que las encuestas no cesaban de dar por sentado el triunfo del MAS. Frente a esta situación ineludible, la única estrategia opositora era el golpismo continuado, o bien la segunda vuelta obligada. Ninguna pudo concretarse producto de la victoria contundente del MAS con el 55,10% de apoyo.

Ahora bien queda justamente la reestructuración del poder en las nuevas condiciones en las que nos encontramos. Como telón de fondo, un liderazgo histórico político de Evo fortalecido aun cuando lo ocurrido debe permitir una reflexión autocrítica sobre los equilibrios políticos en el proceso de cambio. Un binomio ganador que expresa el nuevo mando en el estado Plurinacional, con sus propias particularidades a tomar en cuenta, que van desde la reivindicación de un modelo económico redistribuidor exitoso de mano con un intelectual de clase media que lo hizo posible; junto a un representante IOC, intelectual aymara que reivindica de manera contundente el proyecto original del proceso y contenido del Vivir Bien en la Constitución. Junto a estas expresiones y representaciones orgánicas encontramos a ese pueblo mayoritario y sus organizaciones matrices que reivindican el triunfo popular.

Veamos, esta ecuación de 4 protagonismos políticos, puede dar lugar a una dimensión de construcción política intercultural exitosa como lección para el mundo, o bien puede constituirse en un enfrentamiento mutuo entre los diferentes y diversos que la componen. Para Asumir el reto primero el liderazgo histórico deberá transcurrir a asumir el mandato orgánico de reorganizar el MAS-IPSP y democratizarlo internamente, renovar las dirigencias y promover nuevos liderazgos internos.

Este nuevo papel orgánico, irá más allá del mero instrumento electoral al que se ha visto relegado el MAS, generando una dinámica política interna que contemple de manera central además el proceso de formación política interna y la rotación orgánica de las direcciones. En ese camino, encontraremos un equilibrio político necesario con el propio Estado Plurinacional en el gobierno del MAS, por cuanto será posible lograr un contrapeso político de opiniones y posiciones, así como propuestas que desde lo orgánico puedan ser asumidas en el debate estatal de la construcción de la interculturalidad y del Vivir Bien. Será necesario que el Instrumento Político asuma esta nueva condición política del MAS y del liderazgo, fuera del Estado Plurinacional, pero con la importante tarea estratégica de fortalecer el protagonismo político de las bases en la construcción revolucionaria, más allá de la condición estatal y con el sujeto histórico movilizado.

El binomio en esta nueva condición política de la victoria y de hacer gobierno, guarda equilibrios con las representaciones, pero busca que los mismos guarden relación entre la representación social y la capacidad de gestión que será importante en una primera etapa llena de expectativas y de rabias contenidas por la condición económica deteriorada, por el fracaso del sistema de salud, por las propias miradas al interior del proceso de cambio que demandan renovación (pero que a veces de manera despolitizada están planteando como acceso a pegas como oportunidad, y no de la capacidad para realizar esa responsabilidad estatal).
Respuestas que deberán dar a los temas económicos y de salud como prioridad y que tanto dolor hoy han gestado en la población; hasta los temas que serán de permanente deliberación que tienen que ver con la convivencia y la paz en el país, desde los temas estructurales que tienen que ver con el clasismo conexo con el racismo, hasta temas que, empujados en las diferencias, tienen que ver con la regionalización de la política. Y sin embargo también desde el Estado Plurinacional se debe impulsar un proceso institucionalizado de formación y de control social vinculado con la ciudadanía, que permita que las oportunidades se conviertan en aciertos, que la voluntad política sea también complementada con capacidad de gestión estatal.

Necesitamos que, desde el Estado Plurinacional, pero también desde las organizaciones sociales, se desaten iniciativas en la construcción de la ciudadanía intercultural, que permita abrir camino a la sociedad del Vivir Bien. Que las responsabilidades estatales, se vean complementadas con las iniciativas ciudadanas, desde la economía comunitaria o de la responsabilidad empresarial ajustada a las necesidades del país y no tan solo a intereses de clase; que detonen una revolución económica ante la crisis, complementada con una revolución cultural que permita empezar a abrir resquicios en el sistema para lograr la autodeterminación de nuestros pueblos.
Solo la alquimia entre estas diversas fuerzas y energías generadas desde el campo popular harán posible no solo un gobierno popular exitoso, sino una revolución posible. Que las individualidades no se sobrepongan al interés colectivo, que el generar pegas no sea el objetivo de las organizaciones, sino el de ser corresponsables del proceso, desde donde toque estar, y que el control social sea una realidad para generar equilibrios y evitar la corrupción económica y social. Que generalicemos la democratización social de nuestras comunidades, y que nadie sea indispensable porque todos somos importantes y necesarios para tener una revolución sostenible. Cada quien en su responsabilidad coordinando y haciendo control social con cada cual, para hacer posible paso a paso la construcción de la utopía colectiva por la que luchamos.

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