diciembre 1, 2020

“El cerco” de Tupaj Katari: miembros del elenco reflexionan acerca de la obra que se estrena hoy

En dos partes, en una sugerente propuesta virtual, será estrenada vía Facebook durante la tarde de este sábado la obra teatral “El cerco”, escrita y dirigida por Antonio Peredo.

Para ahondar en los personajes, la actualidad misma de la historia, así como la experiencia laboral en tiempos de pandemia dialogamos con la actriz Patricia García (PG), en el personaje de Ella; con Tania Quiroz (TQ), quien da vida a La Otra; y Luis Caballero (LC), quien pone voz a El Padre, La Madre y El Hermano.

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Acerca de los personajes

¿Quién es Ella? ¿Cómo has logrado apreciar y apropiarte del personaje?

PG: Ella somos todos. Todos los que alguna vez  nos  hemos  preguntado sobre nuestro origen y cuestionado a tal punto de poder ver al otro. Creo todos, en algún momento, hemos hecho eso, la diferencia es quienes al verlo prefieren estar en el camino de la no respuesta, al de su única verdad, por miedo.

Para mí ha sido un texto justo en un momento preciso, como es el teatro… La oportunidad de hacer esta pregunta pública. Sin duda yo soy la mezcla de muchas culturas, como todos. Pero tengo literalmente la nacionalidad española y la boliviana al tiempo. Es un tema al que yo solo me animaría entrar desde el arte, uno de los pocos  caminos que permiten no juzgar.

¿Quién es La Otra? ¿Qué papel ocupa en la trama y cuál es su importancia?

TQ: Es la mujer indígena que trabaja en una casa criolla, la que es casi de la familia pero no almuerza en el comedor, sino en la cocina.

Es la otra mirada de la mujer. Ella es la que dice y La Otra es la que escucha; su importancia está en que atraviesan juntas la historia.

¿Quiénes son El Padre, La Madre y El Hermano?

LC: Ellos están caracterizados por una cuestión de la época colonial en cuanto al pensamiento, las costumbres y su visión del mundo. Provienen de una línea familiar adinerada en sí, cuyas costumbres reflejan un poco la situación colonial: familias que poseían muchas riquezas, tanto materiales como territoriales, con servidumbre y esclavitud.

Esta familia está caracterizada además por una transversal ideológica que es muy propia de la época colonial, la diferencia entre “la gente bien” y “los indígenas”. Había esta situación específica, los indígenas o indios eran esclavos y su único fin era servir o al español o al criollo o a la persona adinerada.

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Al fondo de la trama

En Ella uno ve una joven criolla, criada con una indígena a quien siente como igual, cuyos problemas no le son indiferentes… ¿cómo padece en sí y proyecta las contradicciones que se le presentan en los días del cerco y cómo se enfrenta al problema identitario y del arraigo?

PG: Ella permite la duda, la pregunta desde el poderse escuchar. El afuera no nos deja escuchar lo que sentimos y somos verdaderamente adentro. Por eso el hecho del encierro es la situación metafórica perfecta para que pueda ir adentro, donde solo encuentra preguntas… y eso también es una respuesta. Probablemente la más honesta.

La Otra parece esos personajes omnipresentes, que alcanza la comprensión de toda la trama ¿cómo queda reflejada la raíz el conflicto en su propia vida? ¿Cómo le resulta convivir con no indígenas y al mismo tiempo ver que se lleva a cabo un cerco a la ciudad de parte de su propia gente?

TQ: La Otra vive el conflicto de afuera dentro de esa casa; el miedo es a los de adentro, la angustia de cómo la ven y siempre estar a un paso de ser el enemigo de los que viven  ahí.

Está muy pendiente de afuera. Aunque la obra no lo especifica, creo que ella sale y ve lo que pasa, y esa una diferencia entre Ella y La Otra.

Una de las escenas más angustiantes es cuando El Hermano viola a La Otra, ¿qué impacto ha causado en ti? ¿Qué simboliza ese acto aborrecido por Ella?

TQ: Fue un debate entender la escena, porque como mujer es un miedo latente; creo que sigo sin entenderlo y me limito a contarlo, que ya es bastante para mí.

Simbólicamente Rita Segato platea que la violación es un acto moralizador desde el punto de vista del agresor, él cree que ella se lo merece. Es una síntesis del odio.

Cartel oficial de “El cerco”

¿Qué encarnan tus personajes en esa sociedad colonial?

LC: Cuando hablamos de El Padre, representa netamente toda la cuestión del poder, tanto ideológico como económico, y de representación de este respecto a la situación racial de la época: es blanco, adinerado, terrateniente o dueño de casa y territorios, en un contexto en que el blanco era quien imponía las leyes y dictaminaba la situación colonial y la organización social. Entonces, encarna el carácter ostentoso de las riquezas, el dominio ideológico y posiblemente el político y racial.

En cuanto a La Madre, es sumamente interesante porque, como todos sabemos, la colonización vino de la mano de la evangelización, y aunque si bien en un principio hubo una idea de expandir la palabra de Dios y la religión como tal, igual conocemos que fue una herramienta para el dominio de las personas, de los nativos de nuestro continente, es decir, fue una herramienta de sometimiento ideológico que, gracias al sincretismo, las personas de nuestro continente pudimos rescatar, a partir de las tradiciones ancestrales mezcladas con la evangelización, por suerte. De ahí que La Madre simbolice justamente ese impasse y ese dominio ideológico de la religión sobre el pensamiento indígena de la época; la evangelización en contradicción al pensamiento ancestral, a la cosmovisión del continente.

El Hermano responde a una característica clave de la Colonia y de un periodo revolucionario: a las pugnas, guerras revolucionarias, los levantamientos, la historia que ha habido tanto de los indígenas como de los criollos respecto al cansancio y al deseo de independencia de la época, lo que llevó principalmente a nuestro país a dar uno de los primeros en gritos libertarios del continente; pero también a todo el continente respecto al cansancio que había por tantos años de sometimiento y de invasión.

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Experiencia actoral

¿Cómo ha sido trabajar en “El cerco”?

PG: Como todo trabajo escénico en este tiempo, una rebeldía absoluta. La apuesta a que se debe seguir haciendo, tomando el conflicto de la imposibilidad de la presencialidad como el eje para tratar de generarla con los recursos actuales.

TQ: Una aventura, soy de las que intenta no quedarse en casa y cuando tuvimos que llevar este proceso de manera virtual me resistí. Ahora creo que tiene otro valor hablar de un encierro estando encerradas.

LC: Para mí ha sido una gran experiencia, porque responde al momento actual, hemos vivido este año una situación muy fuerte y difícil de manejar, como ha sido la presencia de una pandemia, la cual nos ha obligado a vivir nuestro propio cerco, estar hacinados, enclaustrados, conviviendo con nuestras familias sin tener la posibilidad de salir. Esto ha generado un nuevo paradigma de vida, una nueva forma de ver y de relacionarnos entre nosotros.

Participar en “El cerco” ha sido una gran experiencia virtual, mucho más de forma artística, porque realmente es una adaptación de cómo hemos percibido este año y nuestras propias vidas.

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¿Por qué ver “El cerco”?

¿Sientes que esa historia lejana en el tiempo está viva en la Bolivia de 2020 y por qué las personas debieran ver “El cerco”?

PG: “El cerco” muestra cómo la  historia es  circular. Cómo en nuestras historias familiares todo se repite hasta que sane. La historia de un país tiene una complejidad aún mayor, porque involucra muchos protagonistas.

Creo profundamente en que si el camino del país fuese hecho desde el encuentro personal con esto desde cada familia, podríamos ir hacia delante. Pero es trabajo de conciencia enorme. Por eso, ir desde el teatro, ya que la mejor manera de ver el reflejo de uno es aportar y, sin dudas, por eso deben verla.

TQ: «El cerco» no es una historia lejana, porque es parte de un ciclo recurrente en Bolivia y creo que ese es el motivo por el que las personas deberían verla, porque no se trata de lo que fue en ese momento o hace unos meses, sino de lo que somos y cómo nos vemos unos a otros.

LC: Yo creo que sí es actual, especialmente de manera política e ideológica. Durante este último año y medio hemos estado viviendo de nuevo pugnas y choques ideológicos a nivel social, entonces “El cerco” no solamente es el cerco físico de las ciudades, como se dio en la Colonia, sino a nivel ideológico en tanto responde a todas estas diferencias políticas, ideológicas y partidarias en las cuales estamos inmiscuidos desde hace ya por lo menos una quincena de años.

Deben verla para conocer la historia de nuestro país en distintos tiempos ya que se cuenta la historia del cerco como tal desde la Colonia, pero igual desde un momento actual, marcado por la pandemia y por conflictos ideológicos y políticos.


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