marzo 8, 2021

USAID / OTI, a un año de su retorno *

Por Axel Arias **-.


Ha transcurrido alrededor de un año desde que la USAID/OTI (Oficina de Iniciativas de Transición) retornó a Bolivia. Después del golpe de Estado (blando) de noviembre de 2019, Jeanine Añez iniciaba su régimen y la Casa Blanca se apresuraba en reconocer a su nueva aliada regional como “presidenta interina”. Era el inicio de un profundo giro conservador en la política exterior boliviana.

Días después, el presidente Trump le manifestaba su apoyo en la labor de «garantizar una transición democrática pacífica a través de elecciones libres”. En diciembre, gracias a las gestiones de la firma de relaciones públicas CLS Strategies, el entonces ministro de Gobierno, Arturo Murillo, se reunía con el Administrador de la USAID, John Barsa. Aquella firma, estrechamente vinculada al partido demócrata, actuó como cabildera del régimen en Washington y, en el marco de una operación regional, desplegó una campaña de noticias falsas (“Fake News”) a favor de Añez y en contra del MAS, previo a las elecciones presidenciales de mayo. “Empeñada” en detener campañas orientadas a “manipular el debate público” en sus aplicaciones, a través de un reporte propio y otro de la Universidad de Stanford, este año Facebook denunció la campaña y eliminaba once páginas creadas por CLS para el efecto.

El 29 de diciembre de 2019, el régimen confirmaba el retorno de la USAID/OTI. Habían transcurrido seis años desde que una de las piezas clave del “soft power” estadounidense fue expulsada durante el gobierno del MAS, acusada de conspiración y de inmiscuirse en asuntos internos. Pero de ninguna manera significó la conclusión de la “asistencia”. Con un presupuesto menor la NED tomó la posta, junto al NDI y el IRI. En el caso de la OTI, esta trabajó en el país hasta 2007 —primeros años del gobierno del MAS—, desde 2004 —post guerra del gas—; periodo en que ejecutó 361 proyectos con un presupuesto de más de $us. 12 millones.

En este contexto de profunda crisis política e inestabilidad, según documentos oficiales, el propósito fue apuntalar a sus socios “democráticos” (MNR, ADN, MIR, NFR) como contrapeso al “radical” MAS, así como lograr que Carlos Mesa culminara su gestión. Así pretendieron proteger sus intereses y “salvar” el neoliberalismo y la democracia pactada, el modelo de gobernabilidad que EEUU promovió y financió desde 1985. Y, cuando el MAS llegó al gobierno redirigieron la asistencia hacia la “media luna” para que las gobernaciones se constituyeran en un contrapeso regional, ayudándolos a “operar de manera más estratégica”, sin dejar de trabajar “estrechamente con grupos indígenas” del país.

El alineamiento de La Paz con Washington se profundizaba. El 6 de enero de 2020, como constatación del importante rol que juega el país en la disputa interpotencias y en los intentos de reestructuración hegemónica estadounidense en la región, Trump determinaba “que la prestación de asistencia de los Estados Unidos a Bolivia en el año fiscal 2020 es vital para los intereses nacionales” de EEUU. El 15 del mismo mes, el Asesor Especial de Trump y posterior presidente del BID, Mauricio Claver-Carone, se reunió con Añez. El 20, la canciller Karen Longaric se reunía con el secretario de Estado Mike Pompeo en Colombia. Al día siguiente, Añez se reunía con el subsecretario para Asuntos Políticos, David Hale. Después de estas reuniones, el 24 de enero, Añez anunciaba su candidatura a las elecciones presidenciales.

En un nuevo contexto de prolongada crisis política, exacerbada por la crisis sanitaria y económica, la USAID/OTI ejecutó dos programas este año: i) fortalecimiento de la democracia y la transparencia de las elecciones generales; y ii) la recuperación de la Chiquitania. Para el efecto, según información de la agencia, esta contó con un presupuesto de $us. 8.137.785. De ese monto, un poco más de 6 millones se destinaron a programas de salud materno-infantil y al suministro de productos de salud, a cargo de UNICEF y Chemonics. Esta última, una contratista estadounidense que trabajó ampliamente durante el periodo neoliberal en nuestro país.

Por su parte, los cerca de 2 millones restantes se destinaron a ejecutar el “SWIFT IV IQC – OTI/Colombia task order”. El soporte que implementa transiciones rápidas (SWIFT IV) y el “Contrato de Cantidad Indefinida” (IQC) tienen por finalidad proporcionar a la OTI los “medios para apoyar los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos ayudando a los socios locales a promover la paz y la democracia en países prioritarios que atraviesan transiciones políticas o posteriores a conflictos … [a través de] asistencia rápida, flexible y a corto plazo dirigida a las necesidades clave de transición y estabilización políticas” .

La contratista estadounidense encargada de desarrollar este proyecto fue la Management International System (MSI). El portal de MSI no presenta información específica sobre Bolivia, por lo que se intuye que por tiempo y cuestiones administrativas una parte del presupuesto destinado al proyecto en Colombia fue redirigido al país. En el caso de Colombia, resultado de su asociación con USAID, MSI desarrolla proyectos orientados a la “paz sostenible” y a “fortalecer su capacidad para manejar las comunicaciones de crisis durante la pandemia de COVID-19”.

Así también, a través del empleador Devex, la agencia requirió la contratación de un Residente, un Representante Adjunto, un Director de Equipo y un Oficial de Información con la finalidad de “proporcionar apoyo de una manera rápida y adaptable que ayude al Gobierno de Bolivia y a la sociedad civil a avanzar en las reformas democráticas y acrecentar la participación ciudadana en los procesos de gobernabilidad”.

Resulta evidente que el reposicionamiento de EEUU y el retorno de la USAID/OTI tenía el objetivo de apuntalar política y económicamente al régimen aliado de Añez. A su vez, el alineamiento del régimen con EEUU, sumado el potencial periodo de transición que representaba la convocatoria a elecciones, hicieron que la OTI vislumbrara una “ventana de oportunidad” para intentar consolidar el cambio de régimen en Bolivia. La mayoritaria voluntad del pueblo boliviano expresada en las urnas fue que el MAS continúe gobernando Bolivia, victoria que pone en duda la permanencia de la USAID en el país. Una agencia ampliamente cuestionada por su extenso historial injerencista.


* Artículo publicado en La Razón
** Politólogo boliviano

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