octubre 19, 2021

El rebrote: luces, sombras y desafíos


Por Carla Espósito Guevara-.


El 2021 llegó con un vago halo de esperanza, sobre todo por la promesa de que la vacuna contra la Covid-19 por fin llegaría a nuestros hogares y acabaría con esta enfermedad que tanto dolor trajo. Pero empezamos mal el año. Antes de la vacuna llegó el temido rebrote. El Gobierno ha declarado oficialmente la segunda ola de la pandemia y esta promete ser más contagiosa que la primera.

El presidente Arce y su gabinete tienen por delante el gran desafío de manejar bien esta crisis y no cometer los mismos errores que su antecesora. Por el momento la gestión sanitaria empieza lentamente, con aciertos, desaciertos y desafíos.

La semana pasada los medios de comunicación sostuvieron una afirmación bastante polémica respecto a las cifras de contagios. Indicaron que habríamos alcanzado el mismo pico de infectados que en julio del 2020, algo difícil de sostener ya que no se cuenta con cifras exactas de infectados del 2020 con las cuales establecer una comparación.

Si hay una crítica que se puede hacer a la gestión de Áñez, es que esta careció de una política pública respecto a la pandemia, la misma que fue reemplazada por una política represiva, más parecida a un estado de sitio que a una política de control epidemiológico. Los militares, en lugar de los médicos, fueron los actores centrales, lo que derivó en la aplicación de una cuarentena militarizada plagada de abusos.

La ausencia de una política epidemiológica hizo que la gestión de Áñez se moviera a tientas en cuanto a las cifras de contagios debido a que no aplicó una práctica correcta de detección de casos basada en la aplicación masiva de pruebas y descargó esta tarea en la voluntad errática de la población.

Arce ha marcado sus diferencias respecto a la gestión de la pandemia de la señora Áñez. Una diferencia fundamental es la presencia del estado en el control de la crisis sanitaria, pero no en su faceta represiva, sino como coordinador y proveedor de insumos sanitarios (pruebas y vacunas gratuitas). Esto desplaza, por el momento, las cuarentenas rígidas como medida fundamental y, más aún, la militarización del país. Las Fuerzas Armadas, felizmente, han vuelto a sus cuarteles y son los médicos e instituciones estatales los llamados a enfrentar la crisis.

A partir de ahora se desplegará una política masiva de aplicación de pruebas gratuitas, financiadas públicamente, que arrojará cifras más exactas sobre el estado de la enfermedad en Bolivia, lo que esperamos permita efectuar un mapeo correcto, una política adecuada de intervención social y un correcto control epidemiológico evitando su desborde.

Por otro lado, a diferencia del anterior gobierno que consideraba la medicina tradicional como práctica de «ignorantes» y «salvajes», el de Arce ha marcado una diferencia epistemológica fundamental, ha reconocido la importancia de esta medicina en el combate contra la enfermedad y está promoviendo una política al respecto.

Pero no todo es luz. Si bien el Gobierno ha planteado un intento de coordinación con los niveles regionales y municipales, ha fallado en establecer una política correcta de cara a la sociedad civil para gestionar la pandemia comprometiendo el basto tejido social, desde Comités y Consejos de Salud, hasta organizaciones vecinales y sindicatos en tareas de organización y distribución de pruebas, así como en las de control social. Si lo que se quiere es una política democrática y participativa es urgente la coordinación e involucramiento de las organizaciones de la sociedad civil en la gestión de la pandemia.

Por otro lado, el Ministerio de Salud parece no estar respondiendo con celeridad frente a la magnitud del desafío y este vacío puede convertirse en un caldo de cultivo para el resurgimiento de liderazgos de derecha que, aprovechando la pandemia y la proximidad con las elecciones municipales, podrían lanzar como bandera pedir más recursos para las regiones agitando nuevamente el regionalismo latente, particularmente en el Oriente.

Si hay una certeza, tanto de la primera como de la segunda ola de pandemia, es que los países mejor equipados para enfrentarla han sido aquellos cuyo sistema de salud continúa siendo público como Cuba, China o Vietnam, a diferencia de aquellos que han privatizado sus sistemas de salud como es el caso de Inglaterra o Estados Unidos, que ostentan cifras verdaderamente dramáticas. En ese sentido, el mayor desafío para el actual gobierno es relanzar el Seguro Universal de Salud, público y gratuito, y priorizar el equipamiento hospitalario del Estado, no solo para enfrentar la actual crisis sanitaria, sino como una política programática y de principios que señale la senda hacia la construcción de un modelo más social hacia el futuro.


* Socióloga

Be the first to comment

Deja un comentario