abril 20, 2021

¿A qué juega el Colegio Médico de La Paz?


La Época-.


El miércoles por la tarde el presidente del Colegio Médico de La Paz, Ricardo Landívar, no pudo ocultar su furibunda posición política antigubernamental al lanzar una amenaza que un médico, mínimamente consecuente con el juramento hipocrático, no debería hacer en circunstancias tan difíciles como las que atraviesa Bolivia debido al incremento de los casos confirmados de Covid-19. El dirigente gremial, que no salió con ningún exabrupto de esta naturaleza contra el gobierno de facto y no hizo nada para enfrentar la pandemia, advirtió que si el gobierno de Luis Arce no declaraba cuarentena de inmediato se iba a instruir dejar de atender a la población.

Al escuchar el tono desafiante de Landívar uno se construye una representación social del sector que contrasta con la edificada por aquellos hombres y mujeres profesionales de la medicina que son capaces de ejercer sus conocimientos científicos en situaciones extraordinariamente difíciles en cualquier parte del mundo. En Bolivia también hay galenos que honran la profesión. Son despliegues de alta dosis de humanidad que enaltecen una noble profesión y en la que no debería importar las posiciones políticas e ideológicas.

Las amenazas del profesional de marras son inaceptables en un momento en que empiezan a llegar las vacunas antiCovid que han sido adquiridas por el gobierno de Arce, quien desde noviembre de 2020 se hizo cargo de conducir un país duramente sacudido, en lo sanitario y económico, por la probada ineficiencia del gobierno de facto de Jeanine Áñez, que solo hizo negocios con el dolor y el miedo de la gente.

Es real que la pandemia ha puesto en evidencia las limitaciones del sistema de salud boliviano, que no fue transformado estructuralmente en los 14 años de Proceso de Cambio, por diversas razones: 1) La concentración de esfuerzos en el crecimiento económico; 2) La apuesta por generar excedentes y redistribuirlos para beneficio de la población; 3) La insuficiente valoración de la población y de las autoridades nacionales y subnacionales del tema de la salud respecto de otras problemáticas debido al predominio de una determinada concepción del desarrollo que no aporta mucho para emancipar al ser humano y respetar la Madre Tierra, pero también atribuible al control inadmisible, corporativo y escasamente ético de los colegios y sindicatos de los trabajadores de la salud, cuyos intereses particulares se colocan por encima de otros de la población.

No es el momento de presiones corporativas de parte de quienes deben esforzarse al máximo para luchar por la vida, más aún en una segunda ola de la pandemia que castiga a todo el mundo. Bolivia requiere articular esfuerzos para enfrentar el Covid-19 en todos los campos. La población espera que el Gobierno acorte los tiempos para la llegada de más dosis de vacunas, siempre complicado por la demanda mundial, y todos y todas superemos con inteligencia e iniciativa la limitación de recursos y, sobre todo, apostemos por la vida.

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