abril 23, 2021

Biopolítica y pandemia

Por Farit Limbert Rojas Tudela-.


El término biopolítica nos remite inmediatamente a la obra del filósofo francés Michel Foucault. Al finalizar sus lecciones de 1976 –tituladas Defender la sociedad–, este señala que a la anatomo-política del siglo XVIII le sigue una biopolítica, entendida como una política sobre la vida de las poblaciones, una praxis que une el saber de la medicina y el saber de la economía, respecto al gobierno sobre las poblaciones; dicho de otra manera, cómo intervenir desde la salud en la vida y la producción de las poblaciones.

Esta reflexión también se la puede encontrar al finalizar el primer volumen de Historia de la sexualidad –otro libro de Foucault subtitulado “La voluntad de saber”–, en el sugestivo capítulo denominado: “Derecho de muerte y poder sobre la vida”; una clara alusión a las nuevas formas de pensar la soberanía, no solo como la suma potestas, sino como el poder de decisión sobre la vida de los seres humanos; y si se puede decidir sobre la vida es lógico que se puede decidir sobre la muerte.

Años más tarde, Foucault relacionará la biopolítica con la gubernamentalidad y el neoliberalismo en sus cursos de 1977 y 1978, titulados: Seguridad, territorio, población y Nacimiento de la biopolítica, respectivamente.

Cuando se lee a Foucault se concibe a la biopolítica directamente relacionada con la gestión policial de las poblaciones a partir de un permanente estado de excepción y, en consecuencia, un debilitamiento de las garantías básicas de las personas, tanto jurídicas como económicas, en nombre de la seguridad y la supervivencia, la que es solo posible a partir de haber instituido la necesidad de esta excepción. Es decir, un desplazamiento de la política hacia una gestión de la vida biológica de las poblaciones, como si se tratara de un programa de producción de lo humano a partir de una serie de discursos institucionales: edad de jubilación, intervención en el cuerpo fértil de la mujer, cobertura de seguro médico, estatus de ciudadanía, medidas de cuarentena, medidas de trabajo, entre otras.

Algunos alumnos de Foucault, como Francois Ewald, Jacques Donzelot y Robert Castel, llevaron la reflexión biopolítica al estudio del Estado social, a las prácticas de seguridad y previsión que se desarrollan en los Estados de Bienestar; cuando se lee a estos autores, los seguros médicos se presentan como claras medidas de un capitalismo que precisa asegurar la mano de obra y el trabajo continuo. Sin embargo, los estudios más polémicos sobre la biopolítica los desarrolló el italiano Giorgio Agamben, en su colección de textos Homo Sacer.

En este recorrido sobre la idea de biopolítica debe mencionarse también a Antonio Negri y Michael Hardt, que relacionan a la biopolítica con el neoliberalismo y el capitalismo. Igual a Roberto Espósito, que lo vincula con las reflexiones de communitas e inmmunitas. Y también la reflexión de ciber-biopolítica de Donna Haraway. Pero la intención de este breve texto es la de llamar la atención sobre este gobierno mundial, inédito, que se levanta sobre el temor a la muerte, administrado por decisiones y discursos que van de la moral a la medicina, pasando por lo jurídico y la reconfiguración del Estado y de la política.

Lo que llamamos medidas de pandemia no es más que una derivación de las prácticas biopolíticas de control sobre las poblaciones. Considero que esto es muy claro, no solo por la atención que han recibido los estudios de biopolítica estos meses, sino por las prácticas inéditas, por lo menos en los últimos años, de encierro masivo de poblaciones a través de las distintas formas de cuarentena.

Pero lo que debería llamarnos la atención son las transformaciones que se vienen después de estas prácticas biopolíticas. Si tras el atentado a las dos torres en Estados Unidos en 2001 se vino un estado de excepción constante, bajo el discurso del terrorismo, que se plasmó en medidas que inicialmente eran extraordinarias y luego se normalizaron, lo que viene a continuación de la pandemia es un permanente estado de excepción, cuyo eje determinante de transformaciones serán las medidas de salud pública, las vacunas administradas cada año a una población atemorizada que ahora sirve de conejillos de indias para pruebas extendidas de fármacos.

Junto a las medidas de seguridad social se asoma la virtualización y precarización del trabajo que, bajo el temor a la presencia, ha invadido las casas de los trabajadores rompiendo cualquier distinción entre el horario de trabajo y el de descanso; la competencia por el rendimiento se ha desplazado del espacio público al espacio privado. El paso siguiente, que se ve a la vuelta de la esquina, será la prohibición de las movilizaciones colectivas, lo cual implica la expropiación del espacio público a partir del discurso del miedo; la praxis política será tomada por las redes sociales.

En este escenario se volverá necesario repensar las prácticas de resistencia y las estrategias de huida y escape.


  • Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UMSA.

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