noviembre 27, 2021

Breve análisis y pautas para enfrentar la desigualdad en Bolivia (primera parte)

Por Roxana Azeñas Alcoba -.


Enfrentar la desigualdad debe ser prioritario en Bolivia, debido a que esta se ha agudizado con políticas fruto del golpe de Estado perpetrado y de la pandemia. La necesidad de retomar este tema como prioritario obedece no solo a razones económicas, sino histórico-sociales que han guiado al Proceso de Cambio. En este sentido, es nuestra oportunidad de profundizar los cambios ya logrados, brindando una alternativa tanto teórica como práctica, que impulse una solución definitiva de la desigualdad económica y no solo la “vuelva tolerable”.

¿Qué es y cómo superar la desigualdad?

En términos económicos, la desigualdad se refiere a las diferencias relacionadas con la renta, la riqueza o el bienestar económico entre diferentes integrantes de una misma población. Economistas como Atkinson o Stiglitz dividen a la desigualdad en dos: las de oportunidades y las de resultados. Piketty, por su parte, analiza la desigualdad de ingresos y las debidas a la riqueza (Piketty, 2014). [1]

Para disminuir estas desigualdades, Atkinson señala medidas de política como: el fortalecimiento de los sindicatos y el establecimiento de los consejos sociales y económicos; contar con un fondo soberano de riqueza; impuestos progresivos al ingreso y vitalicios a las herencias (Atkinson, 2016); y una “…creciente participación de los salarios, la reducción en la concentración de la riqueza personal…, como resultado de la intervención del gobierno y de la negociación colectiva” (Atkinson, 2016).

Por su parte, Piketty plantea (en Capital e ideología) enfrentar estas modificando la propiedad privada con un “cambio profundo de relaciones de propiedad” (Confavreux, Escalona, & Godin, 2019), pero sin caer en la lógica propietarista estatal, superando así el “hipercapitalismo” actual a través de “impuestos progresivos sobre la propiedad y la sucesión”, para financiar una “herencia para todos” (Piketty, Capital e ideología, 2019), con lo cual se estaría superando el sistema capitalista.

Ambos enfoques plantean, de alguna manera, ir más allá del sistema capitalista, Atkinson a través de la participación de actores sociales para lograr la toma de decisiones colectivas, consiguiendo “equiparar las relaciones de poder”, y Piketty definiendo nuevos “tipos de propiedad colectivista” que alcancen un “socialismo participativo” basado en una “propiedad social ampliada y en la invención de una propiedad temporal” (Confavreux, Escalona, & Godin, 2019). Esta última perspectiva se acerca cada vez más a los planteamientos de Marx. Veamos porqué y en qué nos ayuda esta reflexión.

Aunque Marx no ha teorizado sobre las desigualdades como las conocemos hoy en día, sí analizó aquello que las origina y su teoría nos es útil en este sentido, en cuanto a la necesidad de cambiar el modo de producción capitalista como única forma de superar las desigualdades y para esto encontramos amplias explicaciones sobre el elemento fundamental de este modo de producción.

Según esta teoría, y desde una perspectiva más profunda, [2] Marx en su “materialismo histórico” expone que el modo de vida y el modo de ser de las personas coincide con el cómo y con qué se produce, [3] razón por la cual “…la historia de la humanidad debe estudiarse siempre en conexión con la historia de la industria y del intercambio” (Marx & Engels, 1845-1846). El modo de producción de cada sociedad determina entonces el tipo de “desarrollo económico”, y en el modo de producción capitalista tiene como elemento central las relaciones sociales de producción, asumidas como la relación existente entre capital y trabajo asalariado. [4]

Según la teoría de Marx, las relaciones sociales de producción son fundamentales en el modo de producción capitalista y estas conllevan relaciones de poder equivalentes de dominio del capital sobre el trabajo, asignando una preponderancia del primero sobre el segundo, hecho que se presenta también en términos de reparto del ingreso o de la riqueza en un país, en cuantía y forma.

Este reparto que resulta cada vez más desigual, dentro de un mismo país y entre países, se debe a que las relaciones sociales de producción implican una correspondencia recíproca entre capital y trabajo asalariado, en la que “…el capital presupone el trabajo asalariado, y este, el capital. Ambos se condicionan y se engendran recíprocamente” (Marx C., Trabajo asalariado y capital (1891), 1941), pero dentro de esta relación recíproca, se encuentra una inversa, entre el salario y la ganancia, pues “…la parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta” (Marx C., Trabajo asalariado y capital (1891), 1941).

La relación de dominación del capital sobre el trabajo asalariado es posible debido al despliegue de las relaciones de poder, derivadas de las relaciones sociales de producción capitalistas, hechos que han sido olvidados por la teoría de la desigualdad, en este caso, aunque igual por la teoría económica, desde la emergencia del marginalismo. He aquí el origen de la desigualdad que, de acuerdo a esta teoría, radica justamente en las relaciones sociales de producción, hecho central del capitalismo y sus coincidentes relaciones de poder.

Si este tipo de relación entre salario y ganancia, reflejo de la relación de dominación del capital sobre el trabajo, es el que define al modo de producción capitalista, es decir, al modelo de desarrollo capitalista, es evidente que las desigualdades producto de esta relación antagónica, se afirmarán y profundizarán a medida que se fortalezca este sistema, hecho del cual Piketty encuentra sobrada evidencia en El capital del siglo XXI.

Por tanto, a este modo de producción, al sistema capitalista, le es inherente la desigual distribución de la producción (ingreso) y la riqueza nacional. De esta manera, desde una perspectiva marxista, para liquidar las desigualdades se debe superar el sistema imperante cambiando las relaciones sociales de producción capitalistas, que deriven en un cambio en la distribución de los ingresos y riqueza y no solo en la redistribución de las mismas, lo cual se convierte en un tema de fondo en la lucha contra la desigualdad.

Piketty llega a una conclusión parecida (respecto de la necesidad de cambio del sistema capitalista) cuando nos dice que no hay forma de disminuir las desigualdades si no es modificando la forma de propiedad privada para transformarla en una suerte de propiedad colectiva y rotativa, a lo que ha llamado “socialismo participativo”. Desde su perspectiva, la cuestión fundamental es la propiedad privada; sin embargo, al cambiar estas no necesariamente lo harán las relaciones sociales de producción y poder, por tanto, las desigualdades seguirán existiendo y eventualmente incrementándose.

En otras palabras, si queremos superar las desigualdades es necesario reemplazar las relaciones sociales de producción capitalistas. Por tanto, hace falta no solo modificar las desigualdades con políticas redistributivas, sino con políticas que transformen la distribución del ingreso y de la riqueza.

En resumen, este brevísimo repaso de la teoría nos sirve para aclarar de dónde provienen las desigualdades, poder planear las políticas necesarias para solucionar este problema que resulta ser el tema central de la economía adentro y fuera de nuestras fronteras y que coincide con la superación de la desigualdad.


  • Miembro de la Red de Economía Política.

1       En su primer libro, El capital del siglo XX, llega a la conclusión que las desigualdades, aunque menores que en el siglo XIX, han ido incrementándose a un ritmo muy acelerado, sobre todo desde la década de los 80 y 90 del siglo pasado, y se han acelerado desde la implementación del modelo económico de mercado de tinte monetarista.

2       No queremos decir que Marx teorizó sobre las desigualdades, sino que con su teoría se pueden leer y entender este tipo de fenómenos que reflejan la esencia del modelo económico capitalista y que aún no ha podido ser superado. Marx desde esta perspectiva resulta muy útil para explicar y encontrar soluciones al tema de la desigualdad.

3       Aunque debemos remarcar que cuando Marx habla de producción no se refiere solo a la producción de mercancías, sino a la producción y reproducción de la vida misma del ser humano, de las sociedades.

4       Cabe aclarar que dichas relaciones sociales de producción tienen otras connotaciones sociales y políticas que no son precisamente la relación íntima entre capital y trabajo, pero que la reflejan.

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