julio 23, 2021

La agenda antiimperialista en el reordenamiento económico mundial

Por  Pasqualina Curcio Curcio-.


Con la llegada del Covid-19 se aceleró el reordenamiento económico y político mundial que, entre otros aspectos, ha implicado la decadencia indetenible del imperio estadounidense como gendarme del mundo. Estados Unidos ha estado perdiendo espacio en lo económico, energético, tecnológico y militar desde hace varias décadas. Hoy día es el país más endeudado del planeta, su deuda externa asciende a 24 billones y sus escasas reservas internacionales apenas cubren el 2% de sus pasivos (Banco Mundial), en cambio, su principal rival, China, cuenta con reservas que cubren más del 150% de su relativa baja deuda externa con una producción nacional que incluso en pandemia no ha dejado de crecer. En lo comercial, Estados Unidos ha registrado números negativos desde la década del 70, mostrando una alta dependencia a las importaciones chinas mientras que su moneda, el dólar, ha venido registrando una importante caída, la cual se intensificó a partir de la crisis del 2008.

Paralelamente, China ha estado ocupando el espacio económico con propuestas como la Nueva Ruta y Franja de la Seda, que transitará por Asia Central, Rusia, África Oriental, Europa y el Sudeste Asiático, y con la firma de un Tratado Comercial con 14 países en el Pacífico, incluidos los principales aliados de Estados Unidos, es decir, Japón, Australia y Corea del Sur. Estos países representan el 30% de la población y producción mundiales. Se trata de rutas comerciales y acuerdos que no solo implicarán el intercambio de bienes y servicios en un mundo multipolar sin la imposición de normas por parte de Estados Unidos, sino que avanzarán con monedas distintas al dólar estadounidense y sistemas de compensación de pagos al margen del Swift, dominado históricamente por la Reserva Federal estadounidense.

En cuanto a lo tecnológico, Washington también ha estado perdiendo espacio, China pasó a la delantera con la creación de una computadora cuántica que es 100 billones de veces más veloz que la estadounidense y en noviembre pusieron en órbita el primer satélite 6G, solo por mencionar dos ejemplos. En lo militar fue sobrepasada por Rusia y, en lo energético, según datos de la OPEP, Estados Unidos dispone solo de seis años de reservas de petróleo.

En estos tiempos de pandemia hemos estado observando manifestaciones de la crisis del capitalismo, que entendemos como civilizatoria, dentro de las fronteras de Estados Unidos. Protestas contra el racismo, la xenofobia, contra la pobreza que ya alcanza el 40% de los estadounidenses, la indigencia y contra la incapacidad del Gobierno por contener la propagación del Covid-19, ubicándose de manera invicta en el primer puesto de la lista de países con mayor número de contagiados y fallecidos por la pandemia.

Es ingenuo pensar que la decadencia del imperio estadounidense se traducirá de manera automática en un cambio del modo de producción capitalista. Sin embargo, la pérdida de la hegemonía de Estados Unidos y sobre todo el hecho de que haya un reordenamiento económico mundial que apuntale a un multilateralismo en lo comercial y a un sistema monetario que no se referencie exclusivamente en el dólar y que, por lo tanto, permita en lo financiero múltiples sistemas de compensación de pagos suprimiendo la exclusividad del sistema Swift que se encuentra en manos de la Reserva Federal, disminuye el poder que actualmente tiene “el policía” del mundo para imponer su modelo económico a través de chantajes y amenazas de bloqueos económicos y financieros.

El sistema Swift ha sido una de las principales herramientas utilizada por el imperialismo y por el imperio estadounidense para someter a los pueblos. Ha servido para aplicar la Doctrina de Contención del Socialismo ideada por Truman en 1947. Esa alcabala financiera, con la cual presionan y amenazan a países, empresas y por lo tanto a pueblos enteros, ha sido posible por el hecho de que el dólar se estableció, en un acuerdo imperial, como única moneda de referencia mundial.

La posibilidad de que, en una reconfiguración del sistema monetario y financiero como la que estamos observando de manera acelerada, el mundo avance hacia múltiples monedas de referencia y hacia varios, muchos, sistemas de compensación de pagos restaría poder al imperio estadounidense para contener a los pueblos que buscan avanzar hacia el socialismo. Desaparecería la posibilidad de bloqueos económicos y de ataques a las monedas que han aplicado contra la Revolución cubana, la sandinista, la soviética, el Chile de Allende, la Venezuela de Chávez, por mencionar algunos ejemplos.

En este contexto, no aprovechar las fisuras del capitalismo y la decadencia del imperio estadounidense sería imperdonable para los pueblos que soñamos con un mundo sin explotación. Consideramos necesario construir una agenda estratégica antiimperialista.

Entre las muchas tareas se encuentran:

  1. Mostrar en cada espacio la crisis del capitalismo y en particular la decadencia del imperio estadounidense en lo económico, social, cultural y político. Es necesario visibilizar el aumento de la desigualdad y por lo tanto de la pobreza en Estados Unidos, consecuencia del sistema capitalista explotador que buscan imponer.
  2. Develar y denunciar las armas que en el marco de guerras no convencionales ha empleado el imperio estadounidense contra los pueblos que luchan por su libertad y soberanía. Es necesario denunciar el ataque a las monedas y los bloqueos, sobre todo, las herramientas que han permitido al imperio bloquear, “sancionar” e imponerse. No es solo contra el bloqueo que debemos levantar nuestras voces, es también contra el ataque a las monedas, contra el dólar como moneda de referencia mundial y contra el sistema Swift de la Reserva Federal que le garantiza el monopolio de las transacciones financieras globales.
  3. Impulsar un reordenamiento económico que avance a la multipolaridad. Es necesario que el nuevo sistema monetario esté referenciado en muchas monedas y en activos tangibles que impidan eventuales ataques. Es necesario que sean varios los sistemas de compensación de pagos en el mundo.

Contribuir con la aceleración de la caída del imperio más genocida que ha conocido la humanidad permitirá ganar tiempo y abrir espacios para que los pueblos transiten, con menos obstáculos, hacia un modo de producción justo e igualitario.


  • Economista.

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