marzo 7, 2021

Mayorga: “El desafío para el MAS es recuperar la hegemonía perdida, pero antes debe mirarse al espejo y definir qué es hoy el Instrumento Político”

Por  La Época-.


En las próximas semanas se llevarán a cabo las elecciones de alcaldes y gobernadores en Bolivia, en un proceso inédito a causa de la pandemia, pero que empieza a multiplicar las esperanzas de la población con la campaña de vacunación en curso.

Para hablar de la gestión del Gobierno, del estilo de conducción de Arce-Choquehuanca, del desenvolvimiento interno del Movimiento Al Socialismo (MAS), así como del panorama electoral, nos sentamos con el Sociólogo y doctor en Ciencias Políticas, Fernando Mayorga.

La Época (LE).- A pocos meses de la victoria del MAS y de la llegada de Luis Arce y David Choquehuanca al gobierno, ¿cuáles son los rasgos centrales de la coyuntura política? ¿Hay polarización política y si no la hay por qué?

Fernando Mayorga (FM).- El rasgo central es la estabilidad política, porque se resolvió la crisis que sufrió la democracia desde noviembre de 2019. Esa crisis fue resuelta de manera pacífica y con una notable asistencia a las urnas, además, en un contexto de pandemia que fue y es un factor inhibidor en todas partes del mundo. Esa participación, cercana al 90% del padrón electoral, se concentró en el binomio del MAS, en una clara señal de superación de la polarización precedente.

Actualmente, no existen elementos para una polarización política puesto que la coalición opositora al MAS fue una coalición circunstancial y contingente, que se disgregó una vez logrado su objetivo –derrocar a Evo Morales–, y porque sus integrantes supusieron que, sin su líder carismático, el MAS ya no era un adversario de quilates. La fragilidad de la coalición opositora derivó en la desaparición en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) de partidos con cierta trayectoria (Unidad Nacional y Demócratas) y su sustitución por dos fuerzas cuyo futuro es incierto: Comunidad Ciudadana (CC) y Creemos. A esa trama partidista se suma la crisis en el movimiento cívico, sobre todo cruceño, que está viviendo una confusa transición en busca de una propuesta renovada.

A este panorama institucional hay que sumar el debilitamiento del discurso opositor sobre el “monumental fraude”, “los 14 años” o “la dictadura masista”. Solamente quedan los epítetos racistas y la perplejidad frente a la contundente victoria de Arce y Choquehuanca. Mientras no se modifique la actual relación de fuerzas no habrá polarización, puesto que esta depende del accionar de los actores estratégicos y no de las opiniones ni campañas de periodistas militantes y “analistas” frustrados.

LE.- El no reconocimiento de un nuevo escenario político en el que Evo Morales ya no es presidente pero sí su partido, obliga a pensar a su militancia la política hacia dentro y fuera del país de manera distinta a los 14 años de gobierno del Proceso de Cambio. Todo indica que hay turbulencia interna, ¿a qué se debe eso y cuál es el peligro que amenaza al MAS? O, por el contrario, ¿qué provecho le pueden sacar el MAS y los movimientos sociales a esta situación?

FM.- Es importante que el MAS defina un nuevo modelo de toma de decisiones. Durante 14 años el MAS funcionó en torno a Evo Morales, que era presidente del Estado, del partido y de la red de confederaciones sindicales (Conalcam). Él concentraba el proceso decisional, aunque en una lógica de consulta con las organizaciones sociales y en respuesta a sus demandas. Este modelo estalló el 10 de noviembre de 2019 y, desde entonces y sobre todo a partir del 18 de octubre de 2020, el MAS está en busca de un esquema decisorio sustituto. Por ahora no lo encuentra y un ejemplo fue la conflictividad en la definición de las candidaturas para los comicios subnacionales. Y eso fue resultado de una contradicción, antes inexistente, entre las organizaciones sociales, reagrupadas en el Pacto de Unidad, y el “instrumento político” (MAS-IPSP). En varios distritos no se respetó la decisión “orgánica” y la “dirigencia del Instrumento” impuso candidatos; los reclamos, en varios casos, se enfocaron en Evo Morales que, desde su retorno, ejerce la presidencia del partido. Así, paradójicamente, el partido es fortalecido como aparato institucional puesto que es un recurso de poder para Morales, quien decidió, en muchos casos, en contra de las determinaciones de las organizaciones sociales.

Sin duda que la disyunción entre “lo orgánico” y “lo político-partidista” denota la existencia de problemas inéditos en el MAS, que serán, seguramente, resueltos en su próximo congreso nacional mediante una reforma de sus estatutos. En otras palabras, el MAS enfrenta un peligro pero también una oportunidad para renovarse ante los desafíos de esta nueva etapa del Proceso de Cambio.

LE.- La diferencia de estilo de hacer gobierno entre Arce y Evo Morales es notoria. Algunos piensan, sin embargo, que la resistencia del actual mandatario a tener una mayor exposición pública no es del todo positiva para generar percepción política favorable. ¿Está de acuerdo?

FM.- La disparidad en los estilos de gobierno es normal porque depende de los actores y los contextos. No tiene sentido juzgar el desempeño de Luis Arce en comparación con Evo Morales en aspectos formales o retóricos, sino por su eficacia en la gestión política y en la conducción del Estado. La exposición pública de un presidente no es positiva ni negativa en sí misma, aunque, en las actuales circunstancias, considero que la cautela es preferible al histrionismo.

Por lo pronto, casi tres meses después de su posesión, los resultados de la conducción gubernamental por parte de Arce son positivos, más aun considerando que tuvo y tiene que lidiar con las convencionales fuerzas de oposición y un inédito frente interno puesto que, desde el retorno de Evo Morales, se planteó la interrogante acerca de “quién manda en el MAS” y qué consecuencias tiene ese hecho en el manejo gubernamental. Como dije, el partido anda en busca de un nuevo modelo decisional y, mientras tanto, existe un equilibrio precario porque el conjunto de los integrantes del MAS sabe que si uno pierde, pierden todos.

LE.- ¿Hemos vuelto a tener un vicepresidente clásico, con poca incidencia en la conducción del Estado?

FM.- No, la Constitución del 2009 le otorga nuevas y más atribuciones que en el pasado y su ejercicio depende de David Choquehuanca. De similar manera que en el caso de la presidencia, no tiene sentido comparar la gestión del actual vicepresidente con el rol de Álvaro García Linera como referente. Las ideas expuestas por Choquehuanca en importantes eventos han establecido una línea discursiva que apunta a la interculturalidad, la reconciliación y la recuperación de los valores primigenios del Proceso de Cambio a partir de la identidad indígena. Se trata de una reorientación estratégica y el Vicepresidente es su vocero intelectual y político, empero habrá que ver si estas ideas no terminan subordinadas a la lógica instrumental de la lucha contra la pandemia y la situación económica.

LE.- Las elecciones subnacionales importan lógicas distintas a las elecciones generales. Sin embargo, es evidente que hay algún tipo de relación entre ambas. ¿Cuáles son esos tópicos que se manifestarán en los comicios del 7 de marzo?

FM.- Es preciso analizar la coyuntura política como un “ciclo electoral” que empieza con los comicios generales y se completa con las elecciones subnacionales. En el primer caso se define la distribución horizontal del poder (Ejecutivo/Legislativo), y en el segundo caso se dibuja la distribución vertical del poder (gobierno central y autonomías territoriales). Así queda completo el mapa político para la gestión presidencial. Todo parece indicar que se repetirá lo que ha sucedido desde 2005: el MAS vence con mayoría absoluta en elecciones generales pero no supera el 50% en comicios subnacionales; y la oposición vence en importantes capitales departamentales y algunas gobernaciones, pero no como bloque sino mediante diversas fuerzas políticas sin otra identidad que no sea su rechazo al MAS. El dato de esta coyuntura es el cambio de actores en el campo opositor por la declinación de Demócratas y Unidad Nacional y la emergencia de CC y Creemos, que muestran claras señales de precariedad institucional y no obtendrán réditos políticos en estos comicios, excepto en el caso de una victoria de Camacho en la gobernación cruceña. En otras palabras, las elecciones subnacionales eran una oportunidad para que se conviertan en fuerzas políticas con mayor presencia nacional y vigor institucional pero su accionar fue errático, sobre todo en el caso de CC.

LE.- Según Ciesmori, con la habilitación de Manfred Reyes los sondeos desfavorecen al MAS en alcaldías como Cochabamba, El Alto y Santa Cruz, ¿cuál es el significado de esas proyecciones y el costo eventual para el oficialismo?

FM.- No sería una novedad que el MAS pierda en esas ciudades. Ya ocurrió. El caso de Eva Copa es peculiar, expresa las disyunciones internas en el MAS y no una pugna entre rivales. No creo que la derrota del MAS en algunas ciudades tenga impacto político negativo para el oficialismo, porque el campo opositor está disperso y, además, estará sometido a una disputa de liderazgo con miras al 2025 entre, por ejemplo, Camacho y Reyes Villa, si es que son elegidos. Considero, más bien, que la presencia de varias autoridades subnacionales de signo opositor puede ser positiva para la gestión de Luis Arce puesto que si se dan lógicas de concertación entre el Gobierno y autoridades opositoras salen ganando todos, y con mayor nitidez el presidente Arce, porque el MAS conlleva la impronta negativa de la imagen “autoritaria” de Evo Morales implantada por sus rivales en la opinión pública.

LE.- En las presidenciales pasadas Arce obtuvo sobre un 55% de las preferencias electorales, ¿por qué no se avizora un comportamiento parecido en las subnacionales? ¿Qué similitudes y diferencias habría en ambos ejercicios?

FM.- Porque el electorado, en más de un tercio, no es masista ni antimasista, es un votante racional que define la orientación de su voto de acuerdo a la coyuntura política, el contexto nacional o local y el perfil de los candidatos. Por eso, como dije, desde los comicios concurrentes de diciembre de 2005, el MAS nunca repitió su desempeño electoral en ambos escenarios, aunque tampoco sus opositores, quienes nunca repitieron actores, excepto el caso de Rubén Costas en Santa Cruz que, ahora, y no es un dato menor, quedó marginado en el campo opositor.

LE.- El MAS y sus candidatos de octubre arrasaron en las urnas. Ni un año después se advierte una configuración política que no le es plenamente favorable a nivel de gobernadores, aunque todo indica que seguirá siendo la fuerza predominante a nivel municipal. ¿A qué se atribuye esta tendencia? ¿Cuál sería un escenario ideal, uno bueno y otro regular para el oficialismo en las subnacionales?

FM.- Porque son escenarios disímiles. Uno es nacional y responde a determinadas demandas y expectativas. El otro es múltiple y cada escenario regional es distinto. Unas veces depende de los candidatos a gobernador o de las pugnas internas en el MAS, otras veces del accionar –disperso o unificado– de la oposición al MAS. El panorama es distinto en el ámbito municipal si se lo percibe cuantitativamente. El MAS es una fuerza indígena campesina y, desde hace décadas, desde la Ley de Participación Popular en 1996, los campesinos indígenas (con la sigla del MAS desde 2002) dominan sus territorios y por eso el MAS controla más del 70% de los municipios. Empero, este panorama cambia en las capitales de departamento y en varias ciudades intermedias, donde intervienen otros actores, allí la oposición al MAS es consistente y existen fuerzas políticas y líderes capaces de vencerle.

Como señalé, un conjunto de fuerzas opositoras en el nivel subnacional puede crear condiciones para el diálogo y la cooperación intergubernamental y ambas son necesarias y positivas para la democracia, y para luchar contra la pandemia. El oficialismo no debe caer en la tentación de copar todos los espacios subnacionales en marzo de 2021, porque crearía condiciones para la rearticulación de los sectores más recalcitrantes de la oposición y, por ende, para la polarización política. Y porque el sello de esta nueva etapa del Proceso de Cambio debe ser la concertación y la cooperación en torno a principios programáticos. El desafío para el MAS es recuperar la hegemonía perdida, pero antes debe mirarse al espejo y definir qué es hoy el Instrumento Político de esa fuerza nacional popular que, en octubre del año pasado, creó las condiciones para reencauzar el proceso histórico a partir de la recuperación de la democracia.

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