abril 20, 2021

Eva Copa el segundo espejismo en El Alto

Por Elmar Callejas Ruiz-.


Copa brilló después del golpe de Estado, dando la espalda a Evo y aliándose con el gobierno golpista.
Es fácil decir “me quedé a dar la cara y no me escapé”, cuando ya había negociado con los actores del golpe de Estado para después cogobernar con ellos, mientras compañeros eran asesinados, torturados y perseguidos.

Eva Copa negoció la salida del exalcalde Edgar Patana de la cárcel, quien se encontraba preso por corrupción; negoció su elección como presidenta en la Cámara de Senadores; se negó rotundamente interpelar a Arturo Murillo, autor intelectual y material de la masacre de Sacaba y Senkata; y por último, reconoce al gobierno de facto como constitucional.

La ciudad de EL Alto tiene una sociedad luchadora, forjadora del proyecto de transformación social, de recuperación de la soberanía y dignidad de la patria, pero en elecciones subnacionales es otra la lectura que hacen los ciudadanos alteños para elegirá sus autoridades, donde ya es por segunda ves que se oponen a la decisión de una cúpula dirigencial que existe en la ciudad.

Pasa que en El Alto el MAS-IPSP sufre una deformación orgánica de la dirigencia intermedia, existe una especie de burocratización dirigencial, que provoca una reacción contraria a sus determinaciones, al final termina provocando un espejismo social del pueblo alteño.

Ocurrió en una oportunidad, el 2015, cuando eligieron una alcaldesa contraria a la identidad política del pueblo alteño justamente por la mala decisión de la cúpula del MAS-IPSP. Esta vez ocurre lo mismo, el candidato que eligieron carece de habilidad y no posee ninguna cualidad para enfrentar a Eva Copa.

Eva Copa resultó ser una política calculadora, fría y hábil, que logró consolidar su liderazgo sacrificando al líder y su organización que le dio la oportunidad de nacer a la vida política, ahora falta ver cuál es el final de esta película porque la ciudad de El Alto no es fácil gobernar, existe elementos políticos y técnicos que deben estar a la altura del pueblo alteño para convencer y, ojo, que en El Alto no hay autoridad que haya convencido como para tener continuidad.

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