septiembre 19, 2021

La nueva ilusión keynesiana


Por Carla Espósito Guevara *-.


La pandemia que asola al mundo desde 2020 está generando una suerte de nueva ilusión keynesiana. Muchos gobiernos se refugian en soluciones intervencionistas frente a la terrible crisis económica y sanitaria, incluso los gobiernos más ortodoxos reconocen que las políticas keynesianas serán necesarias para salir de la crisis. Algo que parece paradójico en un momento en que el capitalismo desregulado toca su punto de máxima expansión.

Fue Polanyi, en el libro La gran transformación, quien analizó esta aparente paradoja entre librecambismo y proteccionismo y sostuvo que en realidad la contradicción no es tal, pues mercado y regulación históricamente aparecen juntos. La cruzada librecambista, desde sus orígenes en Inglaterra, está entrelazada con el proteccionismo. Del mismo modo en que las manufacturas de algodón fueron creadas con tarifas proteccionistas, primas a la exportación y medidas indirectas a los salarios, el propio laissez-faire fue impuesto por el Estado y la vía del libre cambio ha sido abierta y mantenida a través de un enorme despliegue de continuos intervencionismos, organizados y dirigidos por el Estado. No existe libre mercado sin Estado. Podemos decir incluso que la economía de mercado es el producto de la acción deliberada del Estado.

Polanyi criticó el libre mercado por su tendencia destructiva de la vida y dijo que es ahí donde radica la relación permanente con el proteccionismo, este sirve como contención de los efectos destructivos del libre mercado, de los cuales el sistema sale una y otra vez por la vía de intervenciones estatales. De hecho, el libre mercado es revertido periódicamente por los propios liberales cuando sus dogmas entran en contradicción con la ganancia. Sin ir lejos, esto es justamente lo que presenciamos en 2009, cuando el mercado financiero internacional entró en crisis por su excesiva desregulación y fue Estados Unidos, el paladín del liberalismo en el mundo, el que procedió al rescate estatal más grande de la banca.

Hoy parece que vemos repetirse esta dinámica con el coronavirus, resultado también de un mercado peligrosamente desregulado que actúa sin control sobre la naturaleza, destruyendo la vida silvestre. Las políticas proteccionistas alrededor del mundo están reapareciendo como una suerte de salvavidas para proteger al propio sistema y la economía del desastre fruto de los efectos destructivos de la desregulación.

Solo que hoy, a diferencia de crisis precedentes como la del 29, en que el capitalismo salió de su crisis gracias a las políticas keynesianas, nos encontramos frente a un escenario nuevo e inédito en la historia. Nunca antes, tanto el capital en su forma financiarizada como las empresas transnacionales tuvieron tanto poder y los Estados tan poco. En este contexto de declinantes márgenes de maniobra de los Estados, un desarme de las políticas públicas, una desigualdad formidable que dan como resultado una crisis global tan profunda en varios frentes: económico, sanitario, ambiental, cuya envergadura es tal que el propio foro de Davos ha llamado a la refundación del capitalismo. La pregunta que cabe es: ¿será que esta vez el capitalismo logra reflotar de su crisis usando nuevamente el Estado?

Una cosa sí es segura, que muchos de los argumentos teóricos que sustentaban la infalibilidad de los mercados se han puesto en duda con la pandemia, pero ¿qué viene después? ¿Puede ser esta crisis una oportunidad para los movimientos anticapitalistas?


* Socióloga.

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