septiembre 23, 2021

Medidas populares y soberanas son la solución para enfrentar la crisis


Por Elmar Callejas *-.


Después de haber pasado la primera ola del Covid-19, donde las medidas restrictivas nos hacían reflexionar sobre cómo serían nuestras vidas en la nueva normalidad, a estas alturas, cuando estamos enfrentando la segunda ola, somos testigos de una realidad mucha más dura que antes de la pandemia, y es que ahora los gobiernos tienen que encarar esta crisis pensando en la gente más vulnerable.

El populismo viene a convertirse en un modelo fundamentalmente económico por el que opta un gobierno para resolver las necesidades de las clases populares.

Muchos analistas, y sobre todo opinadores de derecha, se refieren al populismo de manera peyorativa, cuando en realidad es la postura más adecuada para resolver la crisis de las instituciones sociales y políticas de un Estado que no respondió a las necesidades de la mayoría de sus ciudadanos, como dice Juan Carlos Monedero.

El populismo tiene al pueblo como actor político principal, en este caso el pueblo mayoritariamente vulnerado por el sistema político, económico y social. La pandemia ha puesto en evidencia dos cosas: 1) Las grandes diferencias en la sociedad; y 2) La falta de capacidad de los gobiernos para enfrentar una pandemia que dejó en crisis el sistema de salud en el mundo entero.

La pandemia ha generado que la sociedad se mantenga en crisis y las economías en picada, aumentado el desempleo, la pobreza y las desigualdades en el mundo. Todos los gobiernos han tenido que formular, aplicar y/o anunciar diferentes políticas públicas para afrontar la crisis creada por la declaratoria de pandemia, medidas que van desde bonos sociales, distribución de alimentos, subsidios y mejoras en sus sistemas de salud hasta acuerdos con el sector bancario para tratar de controlar los efectos negativos a causa del Covid-19.

Según las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) los gobiernos deben trabajar en: 1) Investigación y desarrollo; 2) Inversión en infraestructura y educación; 3) Establecimiento de prácticas regulatorias para garantizar que las iniciativas tecnológicas generen empleo decente y mejores salarios, sobre todo para los trabajadores de menos ingresos; y 4) Mayor igualdad económica.

Los gobiernos, especialmente de Latinoamérica, deben pensar directamente en el pueblo, redoblar esfuerzos para crear más fuentes de empleo, mayor inversión pública, políticas sociales, redistribución equitativa de los recursos económicos y, especialmente, no someterse a las condiciones de las corporaciones financieras que buscan fundar dependencia de los países que acceden a créditos, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).


* Exdiputado del MAS por Chuquisaca.

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