julio 23, 2021

Las políticas de austeridad fiscal acentúan la crisis

Por Arturo Huerta González -.


Muchos gobiernos de América Latina están trabajando con austeridad fiscal o bajo déficit fiscal para no caer en deuda. Para ello, contraen el gasto público, lo que achica el tamaño y participación del gobierno en la economía, disminuye demanda, producción y empleo, y el ingreso de empresas e individuos, por lo que el gobierno termina recaudando menos y no logra el equilibrio fiscal buscado. Tal política configura una tendencia decreciente de la actividad económica.

El desempleo y subempleo que enfrentan las economías es resultado del menor gasto que realizan los gobiernos, que no contrarrestan la caída de exportaciones que enfrentan. Ello afecta el ingreso de empresas e individuos, por lo que terminan invirtiendo y consumiendo menos, y prosigue la contracción económica y el desempleo.

Al no crecer el ingreso de empresas e individuos, no pueden hacer frente a sus obligaciones financieras, por lo que aumenta la cartera vencida, y ante ello la banca restringe el crédito. Se acentúa el problema financiero de las empresas y familias, las que recortan la inversión y el consumo y la actividad económica. Asimismo, las empresas e individuos tampoco pueden cubrir sus obligaciones tributarias, lo que presiona negativamente sobre las finanzas públicas. El gobierno, para no ver incrementado el déficit fiscal, reacciona con mayores recortes presupuestales, por lo que se perpetúa la tendencia recesiva de las economías.

Ante el escenario recesivo que enfrentan las economías, y al no vislumbrarse expectativas de crecimiento, las empresas no invierten y no contratan a trabajadores, debido a que no esperan ver incrementadas sus ventas.

Los gobiernos con la austeridad fiscal son incapaces de contrarrestar la caída de exportaciones, del consumo e inversión privada y el alto desempleo.

Con la política de austeridad fiscal, los gobiernos están relegando la función rectora que le compete al Estado en la economía. Así no podrán fortalecer a sus sectores estratégicos, ni frenar la privatización y extranjerización de estos sectores, lo que compromete el manejo soberano de sus economías.

No se puede seguir afirmando y creyendo que el sector privado es mejor que el sector público. El predominio del mercado y su lógica de ganancia a toda costa, nos ha llevado a crisis económicas recurrentes y a acentuar las desigualdades productivas, sectoriales, en el ingreso y la riqueza.

La posición de algunos gobiernos de no trabajar con déficit público, dejan de apoyar a las empresas y el empleo, y lleva a que la crisis se profundice. Le saldrá más caro a los gobiernos recuperar la capacidad productiva y el empleo que se ha estado destruyendo. Requerirán de mayores inversiones de las que están dejando de ejercer hoy en día para frenar la crisis.

Los gobiernos tienen la obligación de incrementar el gasto público y el empleo, para aumentar demanda y configurar expectativas de crecimiento, para que se incremente la inversión y se retome la dinámica económica.

Nuestras economías enfrentan rezagos productivos, bajo crecimiento de productividad, así como caída de demanda, tanto por los recortes presupuestales, como por la caída de exportaciones, menor consumo e inversión, como resultado de las políticas neoliberales de más mercado y menos Estado y más economía abierta, en lo que hemos estado desde la década de los años 80, que han actuado contra el sector productivo y a favor del sector financiero y nos ha colocado indefensos a los vaivenes de la economía internacional. La presente crisis ha ahondado estos problemas, lo que exige replantear las políticas que han venido predominando, tanto para encarar los problemas productivos, de desempleo, como de desigualdad del ingreso y caída del mercado interno.

El gasto público debe contrarrestar la caída de exportaciones, del consumo e inversión privada, y el banco central debe comprar la deuda emitida por el gobierno, a tasa de interés cercana a cero.

El gasto público debe tener efecto multiplicador interno. Es decir, se requiere elevar la inversión en desarrollo productivo y tecnológico, así como impulsar sustitución de importaciones para evitar filtraciones de demanda hacia importaciones. Ello es necesario para aumentar el ingreso nacional y la recaudación tributaria y disminuir las presiones sobre el sector externo y los requerimientos de entrada de capitales, y la vulnerabilidad a la que han estado expuestas las economías latinoamericanas.

Al incrementarse el ingreso de las empresas e individuos y del gobierno, se mejoran sus condiciones de pago de su deuda, que reduciría su relación de endeudamiento y se retoma el crecimiento de la inversión y del consumo.

Los gobiernos deben aumentar el déficit fiscal y su deuda para ensanchar la demanda y así el ingreso de empresas e individuos para retomar la dinámica económica, para que paguen su deuda y evitar la inestabilidad financiera. La deuda del gobierno permitirá reducir la deuda del sector privado, así como retomar la dinámica económica.

El mayor gasto público y la menor tasa de interés, deben ir acompañados de la revisión de las políticas de libre comercio que han desindustrializado a nuestros países y han disminuido el empleo formal y los salarios, multiplicando la informalidad y la pobreza.

Solo la intervención del gobierno con mayor gasto público y regulando al sector bancario-financiero, como al sector externo, se saldrá de la crisis.

El gobierno es el único que nos puede sacar de la crisis y de los rezagos productivos que enfrentamos, para lo cual debe trabajar con gasto público deficitario para acrecentar la inversión necesaria para alcanzar una dinámica productiva más autosustentada en beneficio del interés público. Una vez recuperada la dinámica económica, se incrementará la recaudación tributaria para financiar el déficit fiscal impulsor del crecimiento.


  • Profesor de posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Be the first to comment

Deja un comentario