septiembre 21, 2021

El embrutecimiento del patriarcado


Por Carla Espósito Guevara *-.


Una de las luchas de larga data del movimiento feminista ha sido lograr la incorporación de las mujeres en el mundo público del trabajo. Las mujeres, en la última década, se han incorporado masivamente al mundo laboral, tienen mayores niveles de capacitación, son más educadas que una generación anterior, sin embargo, contrariamente a lo que pensábamos, el patriarcado lejos de desaparecer se fortalece y adquiere rasgos cada vez más virulentos, prueba de ello son las escandalosas cifras de feminicidios que diariamente expresan su faceta más criminal, tanto en Bolivia como en el resto del mundo.

Este resultado paradójico de las luchas feministas nos lleva a preguntarnos ¿qué pasó? ¿Por qué si cada vez más mujeres participan en el mundo laboral, para un número creciente de ellas las relaciones entre géneros parecen empeorar? ¿Por qué mientras parece que hay avances para las mujeres en relación a una década atrás, la jerarquía de los géneros parece no alterarse? Ocurre, entre otras cosas, que aunque las mujeres se han incorporado masivamente en el mercado de trabajo, lo hacen en situaciones cada vez más precarias, enfrentan actualmente verdaderas condiciones de supervivencia en un contexto en el que las principales instituciones de la modernidad industrial: el Estado de bienestar y la familia, que eran los dos grandes soportes sociales del Estado moderno, están pasando por un proceso cada vez mayor de desmantelamiento. Paralelamente asistimos a formas de individuación y descolectivización de la vida cada vez mayores, bajo los embates del capital financiero, la desregulación económica y la transnacionalización.

Esto está conduciendo a la desregulación también de las relaciones de pareja, como concluye Eva Illouz, en la que los hombres vienen y van y así como pasan de empleo en empleo, pasan igual de mujer en mujer. Razón por la que cada vez más mujeres trabajan en condiciones de creciente precariedad, ganan poco y además crían a sus hijos solas o con apoyo de las abuelas, parientes femeninos o vecinas.

Sin duda existe un número de mujeres que ha logrado posesionarse en el mercado laboral y ganar sueldos similares a los masculinos, pero no es la regla y generalmente lo hacen porque tienen la posibilidad de descargar en otras mujeres, pobres o migrantes, parte del trabajo reproductivo. Pero para la gran mayoría que no puede hacerlo su situación social ha empeorado.

Esto nos debería llevar a problematizar la idea de si realmente la solución era participar en forma masiva en el mercado cuando este más bien es un espacio de explotación y de inhumanización. De hecho esta participación forma ya parte del propio discurso de la dominación, como reconoce Roswita Scholz, feminista marxista alemana.

Pienso entonces que la constatación de esta realidad obliga a repensar la relación mujeres, trabajo, capitalismo. Quizás entrar al mundo del trabajo capitalista no era una solución libertaria y el resultado más inmediato de todo esto sea el embrutecimiento del patriarcado, junto con el del capital a costa de la doble jornada femenina, de su explotación y no el socavamiento del patriarcado como creímos antes. Quizás entonces la solución pase por salir de las categorías liberales y pensar la lucha feminista en relación a la lucha contra el mercado capitalista para que nuestras causas no terminen siendo desvirtuadas por la vorágine del capital.


*       Socióloga.

 

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