julio 28, 2021

Mundo mágico – Bolivia, un siglo de poesía

Por Homero Carvalho Oliva-.


Floriano Martins, poeta, ensayista y traductor brasileño, es el autor de Mundo mágico – Bolivia, un siglo de poesía, publicado en São Paulo, por ARC Edições, un libro que se divide en tres partes: “La pieza que falta”, ilustrado ensayo acerca de nuestra poesía; “Mesa de Diálogos”, entrevistas con algunos de los poetas seleccionados; y la “Antología” de poetas bolivianos. 39 poetas están incluidos en este libro, entre ellos se encuentran: Óscar Cerruto, Fernando Ortiz Sanz, Yolanda Bedregal, Óscar Alfaro, Jaime Saenz, Julio de la Vega, Alcira Cardona Torrico, Gonzalo Vásquez Méndez, Jorge Suárez, José Antonio Terán Cabero, Edmundo Camargo, Roberto Echazú, Pedro Shimose, Jesús Urzagasti, Matilde Casazola Mendoza, Blanca Wiethüchter, Guillermo Bedregal García, Gary Daher, Homero Carvalho Oliva, Juan Carlos Ramiro Quiroga, María Soledad Quiroga, Vilma Tapia Anaya, Benjamín Chávez, Gabriel Chávez Casazola y Mónica Velásquez Guzmán

En la primera parte, “La pieza que falta”, Floriano inicia con una magnífica definición de poema: “El poema es parte del mundo. No hay un solo poema fuera del mundo. La poesía es un juego de puentes entre el hombre y el mundo; un juego entre el espacio y el tiempo, entre el misterio y la mirada razonable de toda existencia. Aquello que puede despertar una lectura lúdica es la razón de ser del humano. No importa el credo, la ideología, la técnica; es siempre resultado de la expresión de lo que llevamos en nuestro interior, de nuestro deseo, máscara o fantasía de comunicación. Por eso la poesía es una revelación. Y revelación que es, al mismo tiempo, continuación del misterio, la llave para seguir viviendo”.

Luego realiza un brillante análisis de nuestra poesía a partir de la obra y la personalidad del poeta Franz Tamayo, sin duda alguna una de las cumbres de nuestra literatura. Floriano, basándose en un texto de Mariano Baptista Gumucio, afirma que el relamo de este lo “lleva a creer que el gobierno chileno o peruano o nicaragüense ha trabajado a favor de la internacionalización de la obra y el pensamiento de Huidobro, Vallejo o Darío. Igual por toda Hispanoamérica, menos en Bolivia. El tiempo ha pasado y de alguna manera las nuevas generaciones han pensado igual. Bolivia es un país victimizado por la ceguera política. Encontramos una pequeña distinción en la conclusión del prólogo de una antología de poetas bolivianos realizada por Mónica Velásquez Guzmán (1972), al decir: ‘Si bien nuestra tradición carece de un Neruda o de un Vallejo, está llena de múltiples caminos que se niegan a lo unívoco de ‘los grandes padres’ para proponerse más bien como parciales, críticas y originales búsquedas tanto del decir como del habitar el mundo’. El largo ensayo que dedica Velásquez Guzmán a la poesía de su país –ella misma una destacada poeta–, que trata de ‘una tradición de continuidades y de diálogos’, apunta en otra dirección. La lírica boliviana se caracteriza por su capacidad ulterior de firmarse más allá de todo”, concluye Floriano.

Luego recurre a Eduardo Mitre: “En sus libros sobre la lírica boliviana, Mitre hace cierta defensa de la presencia del surrealismo en su país, pero lo que me dijo, en el mismo diálogo, sobre Jaime Saenz y Edmundo Camargo es lo mismo que uno podría decir de Gustavo Medinaceli y Julio de la Vega: lo que no veo en Saenz ni en Camargo es el ideario o las utopías revolucionarias que nutrieron a los surrealistas: instaurar la poesía en la vida, hacer de ésta una obra de arte más allá de la literatura. El erotismo, el amor, que en los surrealistas es un acto revolucionario contra el orden establecido, no creo que lo sea en Saenz. Su poesía amatoria es una constante y conmovedora evocación del sujeto amado ausente, no un reconocimiento de la presencia. Por ello mismo, el cuerpo es el gran ausente de su poesía. Le falta ese puente sensible. En su lugar, Jaime Saenz edificó una obra originalísima que no es un puente, sino una escalera en caracol por la que el poeta sube y baja infatigablemente a las tinieblas de la soledad o al vislumbre del otro, de la otredad, del tú liberador”.

En la parte denominada “Mesa de Diálogos”, Floriano va realizando preguntas a varios de los autores incluidos en su libro, la primera de ellas es: “El lugar que ocupa la poesía en la realidad, ¿continúa como una preocupación pertinente, o crees que hay temas más actuales que la poesía pueda evocar en nuestro tiempo?”.

Somos varios los poetas que vamos respondiendo a sus interrogantes, como por ejemplo José Antonio Terán Cavero: “Digan lo que digan quienes insisten en que el lenguaje verdaderamente poético debe liberarse de todo referente, opino que un tropo nuevo, una metáfora, un poema, es algo que se añade a la realidad, enriqueciéndola y aun lavándola de podredumbres en indignidades. Por lo demás, la poesía invade todas las expresiones artísticas dignas de tal nombre. Sería, por tanto, más preciso decir que, en nuestro trabajo, esa poesía se traduce en la composición de poemas. Los poemas son la otra realidad, la profunda e invisible al áspero vivir cotidiano. La otra voz de que disponemos para defendernos de lo inhóspito del mundo”.

En otra pregunta Floriano cuestiona: “¿Qué tipo de diálogo crees la poesía busca entablar con el mundo a través de ti?”

Esta vez cito a Mónica Velásquez Guzmán, quien respondió: “Uno de resistencias, de tensiones, de búsquedas incansables para devolver profundidad a una negación común a ver y a andar por las honduras de la existencia sin tragedia, más bien con lucidez y con riesgo de nominar aquellos infiernos que a cada quien le tocan”.

A Floriano también le interesa el lugar de nuestra obra: ¿Cuál es el desarrollo de tu personal visión crítica acerca de la tradición lírica boliviana considerando el sitio concreto que ocupas dentro de esta tradición?, nos preguntó, y respondí: “En esta tradición mi poesía posee dos vertientes: por un lado, la urbana y por otro la indigenista que intenta rescatar del olvido los mitos y las leyendas de los pueblos amazónicos de Bolivia, especialmente los que habitan el departamento del Beni”.

Otra de las preguntas que Floriano nos hace es: ¿Cuáles son las relaciones entre tradición y ruptura respecto al tema indígena en la poesía boliviana? ¿De qué modo sientes tu poesía involucrada con los ancestrales indígenas?

La poeta Marcia Mogro respondió: “Mi proyecto poético tiene como punto muy importante el rescate, aprendizaje y transposición anacrónica de la inmensa riqueza cultural indígena. Mitos, palabras en idiomas originarios, historia, antropología, etc. Son materias importantes para mi escritura”. En mi caso, me sumé a lo expresado por Marcia y respondí que “tengo dos poemarios con temática esencialmente indígena amazónica: Los Reinos Dorados y El Cazador de Sueños, en ambos intento rescatar una poética de los mitos y leyendas de los pueblos amazónicos”.

La tercera parte es la antología propiamente dicha, en que Floriano ha seleccionado una buena muestra de cada uno de los incluidos en este libro de 395 páginas. Agradezco al poeta Floriano Martins por su magnífico trabajo de análisis, difusión y promoción de nuestra literatura.


  • Escritor y poeta, Premio Nacional de Novela.

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